Este artículo se publicó hace 17 años.
La semilla de Blume sigue viva
Los Carballo reviven para Público las hazañas del gimnasta barcelonés en el 50 aniversario de su muerte
Yo estoy aquí por Blume. Si no, no habría sido ni gimnasta ni entrenador". La frase, contundente y sincera, sale de los labios de Jesús Carballo, 64 años, con la mayor naturalidad del mundo. El gallego, sabio indiscutible de la gimnasia artística española, recuerda al malogrado Joaquín Blume con nostalgia y agradecimiento. "Él fue quien nos inculcó el amor a este deporte".
Hoy se cumplen 50 años de la noticia que sacudió España como un terrible zarpazo del destino. El gimnasta barcelonés se trasladaba a Canarias para participar en un festival acompañado por su mujer, María José Bonet, y otros tres gimnastas, Pablo Muller, Raúl Pajares y José Aguilar. Todos fallecieron en el accidente de aquel maldito vuelo 42 de Iberia, un DC-3 que se estrelló en la sierra de Cuenca sin dejar supervivientes.
"Cuando hacía el cristo, parecía estar apoyado en el suelo""Yo fui gimnasta de la generación justo posterior a Blume afirma Carballo padre y llegué a este deporte por su culpa. Vino a Pontevedra a realizar una exhibición al aire libre, en la plaza de toros, y nos dejó a todos impresionados. Otra de sus virtudes era que le gustaba llevar la gimnasia a todos los rincones: recorrió toda España".
Recuerda Carballo aquellas imágenes míticas de Blume en el NO-DO [cortometrajes de noticias en blanco y negro que se emitían durante el franquismo en los cines antes de las películas], en especial una de ellas. "En uno de aquellos reportajes aparecía Joaquín frotándose las manos con magnesia antes de una competición. Nosotros éramos niños y creíamos que eran polvos de talco. Fuimos a entrenar, decidimos imitarle y aquello resbalaba... Total, ¡que nos metimos una bofetada tremenda! rememora el técnico entre carcajadas. Más tarde descubrimos nuestra propia magnesia de fabricación casera: hojas de eucalipto muy joven. Aquéllo sí que se pegaba bien".
Entrenarse todo el día"Blume nos dejó su filosofía. Él transmitía amor a la gimnasia"El padre de Joaquín, Armando Blume Schmadecki, era un profesor de gimnasia de origen alemán que se adelantó a su tiempo con algo que hoy en día es imprescindible en cualquier gimnasta de competición: su hijo fue el primero en entrenarse mañana y tarde.
"Él tenía dos ventajas, contaba con un gimnasio familiar, el de su padre, y viajaba mucho también a Alemania, una potencia de esta disciplina en aquellos años, para entrenarse. Fue un gran pionero en la dedicación a la gimnasia, porque era muy exigente para el entrenamiento, muy serio. La gimnasia es muy seria y todos los que compitieron junto a Blume, que más tarde fueron entrenadores como Ramón García, José Ángel Leal o José Novillo, supieron aprender y enseñar su filosofía. Blume transmitía amor a la gimnasia: tanto que murió en ella", prosigue Carballo padre.
Dicen que, en sus tiempos de esplendor, sólo hubo un gimnasta español capaz de plantarle cara a Blume en la competición. Luis Abaurrea, otro gran anillista, empató con él en una ocasión en este aparato, en los Juegos Mediterráneos de Barcelona 1955.
"Le vimos usar la magnesia y creíamos que eran polvos de talco"Cincuenta años después de su muerte, nadie duda de que su escuela, la semilla que germinó a mediados del siglo pasado, sigue viva. En el CAR de Madrid, junto a la residencia bautizada con el nombre de Joaquín Blume en la que se han alojado miles de deportistas españoles de primera fila, la élite de la gimnasia nacional se forma a las órdenes de entrenadores que, o bien compitieron con el barcelonés, o bien llegaron a esta modalidad a rebufo de su liderazgo.
Paradójicamente, Blume es una de las pocas leyendas del deporte español que jamás ganó una medalla olímpica. Falleció un año antes de los Juegos de Roma 1960, para los que era uno de los máximos favoritos a la victoria en el concurso completo, en anillas y en el potro con arcos. El ejercicio de suelo también era su especialidad.
El mayor mito de la gimnasia española tampoco pudo competir en los Juegos de Melbourne 1956 por el boicot político de España. "Yo estoy convencido de que Blume habría ganado más de una medalla en Australia porque un año después se enfrentó a los rusos en los Europeos de París y allí les dio un repaso tremendo. Ganó el concurso general individual y otros cuatro aparatos: paralelas, caballo, barra fija y anillas", recuerda el padre de los Carballo.
EvoluciónLa complejidad de la gimnasia, la dificultad de sus ejercicios han experimentado una progresión tan espectacular que Blume, con sus concursos de aquellos años, actualmente no sólo no sería campeón olímpico sino que, según matiza el técnico gallego, "ni siquiera daría el nivel necesario para ser seleccionado. Ahora se busca mucho la acrobacia, se hacen hasta triples mortales en suelo y Blume hacía simplemente un mortal en plancha".
Blume era, además, lo que hoy en día conocemos como un deportista mediático. "Iba siempre bien peinado, tenía los ojos claros, llamaba la atención a las chicas... Pero, a la vez, era siempre muy discreto" comenta Carballo senior.
La gimnasia ha cambiado desde los tiempos de Blume y la modificación más polémica es la del código de puntuación, que ahora premia más la calidad que la ejecución. Carballo padre se lamenta: "Nunca debimos perder el diez. Era el sello de nuestro deporte".
El gimnasta más elegante de la historia en las anillasJesús Carballo, doble campeón mundial de gimnasia, hijo del entrenador, es el hombre que recogió el testigo de los éxitos de Blume ... cuarenta años después. Recientemente retirado, Jesús indica que Blume era especial. “En las anillas era tremendo. Yo no he visto a nadie hacer lo que hacía. Llegó a hacer el cristo mientras sostenía a su mujer”.
“Para mí, Blume siempre ha estado presente. He competido en muchos concursos que llevaban su nombre. Ha sido siempre nuestra referencia, a pesar de que somos una generación posterior en medio siglo a él. Para mí él fue un símbolo estético. Era muy elegante en unos años en los que la gimnasia era todavía tosca. Y no hay que olvidar que los ejercicios de suelo se hacían en césped o que se entrenaban en anillas colgadas de una viga. Era una gimnasia casera, sin medios y sin posibilidad de compartir conocimientos”, apunta Carballo hijo.
Su padre incide en lo que llama ‘el trío de virtudes de Blume’. “Tenía tres cosas que le hacían especial. Era fuerte, elegante, por encima de todo, y un gimnasta muy, muy simpático”, recuerda Carballo padre con la vehemencia y ese punto de pasión por el deporte al que ha entregado ya más de medio siglo. “Yo no he visto en nadie su elegancia ni su flexibilidad. Blume tenía fuerza plástica. Para poner un ejemplo, cuando un gimnasta hace el cristo en las anillas, se percibe el esfuerzo, la tensión. Cuando lo hacía Joaquín, parecía que estuviera apoyado en el suelo”.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.