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Sevilla vive, desde hoy, un acontecimiento religioso que aporta 160 millones de euros

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Sevilla cambia desde hoy sus costumbres y su fisonomía durante siete días, en los que se transforma para vivir la Semana Santa, un acontecimiento religioso, social y económico de primera magnitud que, aparte de sus sentimientos más íntimos, deja 160 millones de euros en la ciudad.

Su eje central lo constituyen las 59 hermandades, con unos 60.000 nazarenos en total, que desde sus respectivos templos recorren las calles de Sevilla para hacer su estación de penitencia a la Catedral, lo que moviliza a decenas de miles de sevillanos y de turistas, mientras que los diversos servicios municipales cuestan al Ayuntamiento 5,2 millones de euros.

Todo el casco histórico de esta capital, uno de los más grandes de Europa, se ve afectado por el paso de las cofradías, cuyos recorridos en algunas ocasiones, como los de las hermandades más populares como la Macarena o las que vienen desde barrios periféricos, supera las doce horas ininterrumpidas en la calle.

La salida en procesión para cumplir con la estación de penitencia es el acto principal de las hermandades, sobre el cual gira todo el año la vida de estas corporaciones consideradas como uno de los grandes elementos de vertebración social en la ciudad, que además realizan actos religiosos y una labor social durante los doce meses.

Para disfrutar de esta tradición, los sevillanos se lanzan a la calle provistos de un programa de mano para ir siguiendo, en los rincones más emocionantes, el discurrir de los pasos, momentos que entremezclan con paradas en bares para tomar aperitivos en compañía de familia y amigos y, casi sin descanso, continuar su recorrido.

Los cofrades se deleitan con los sentimientos religiosos y el esplendor artístico que atesoran las imágenes que van en los pasos, guiados por capataces y que portan costaleros o hermanos que van debajo cargándolos con su cerviz, ayudados de una manta o costal para amortiguar los 40 kilos de peso medio que soporta cada uno.

Suele levantar especial admiración y sentimiento cuando algunos pasos rozan en la salida y la entrada el dintel de la puerta de sus templos, con lo que los costaleros deben sacarlos de rodillas o con sus cuerpos "a tierra", o cuando la estrechez de una calle les obliga a hacer una labor milimétrica, aunque aun así a veces parece que el paso va a tocar algún balcón, pared o esquina.

La lluvia, que impide salir a las cofradías o desluce su recorrido, es una de las grandes preocupaciones de los cofrades, y así para esta "Semana Mayor" las predicciones anuncian riesgo de chubascos el Miércoles Santo.

Este año se incorpora una hermandad más, la del Cautivo del Polígono San Pablo, a las 58 que ya iban al templo catedralicio, mientras que otras cofradías de barrios como Pino Montano, Alcosa, Heliópolis o Torreblanca, llamadas de "vísperas" y que no van a la Catedral, salieron el viernes y el sábado y aguardan ansiosas a que llegue el año de su inclusión entre las que hacen los casi dos kilómetros de la Carrera Oficial -de la Campana a la Catedral-.

Los hoteles prevén alcanzar una ocupación de entre el 70 y el 90 por ciento de sus plazas, Renfe ha reforzado sus servicios y los bares han redoblado su personal, mientras que las miles de sillas y palcos ya están colocados en la Carrera Oficial, o las zonas de paso de cofradías, libres de obstáculos.

Más de 2.500 agentes, entre 1.250 y 1.300 de la Policía Nacional y casi 1.300 de la Local, velarán por la seguridad, cuyo plan se activó el viernes e incluye, como medida pionera, la instalación de cinco cámaras de vigilancia en cuatro ubicaciones en las zonas de más afluencia de público.