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"Sólo son culpables de tenerle sin contrato"

B.T.

Vicente Rovira es tío de los dos empresarios propietarios de la panificadora Horno Rovira Safor. Además, Vicente es uno de los dos Rovira que figuran en la guía telefónica de Real de Gandía, un pueblo de 2.000 habitantes. Las dos circunstancias han hecho de su casa una de las más visitadas por los periodistas desde que, el pasado miércoles, se supo que un sin papeles había perdido un brazo en un accidente laboral sucedido en la fábrica de sus sobrinos.

El impacto mediático del suceso ha sumido a toda la familia en un estado de nervios continuo, agudizado cada vez que un informador llama por teléfono. Lo que más ha impactado a la opinión pública es que Javier, uno de los empresarios, abandonara al inmigrante a unos metros del hospital, según el relato del propio obrero. Vicente asegura, en cambio, que su sobrino acompañó al herido, Franns Rilles Melgar, hasta el interior del hospital de Gandía: "Incluso tuvieron que ponerle un tranquilizante en Urgencias, por el ataque de nervios que llevaba".

Vicente defiende la versión de sus sobrinos para explicar el accidente, cuando afirman que el trabajador iba bebido. Esta hipótesis fue desmentida por los médicos que atendieron a la víctima aquella misma noche, a su llegada al hospital.

Vicente reconoce que en la panificadora trabajaban personas sin contrato y que por ello es justo que sus sobrinos "paguen por ello". Pero acusa a los medios de convertir el caso en un "circo": "¡Fue un accidente! Mis sobrinos no han matado a nadie y al trabajador le dieron socorro. Sólo son culpables de tener a un empleado trabajando sin contrato".

Los empresarios han optado por guardar silencio, "por consejos de su abogado", afirma Teresa Camarena, amiga de la madre de ambos, Rosa. "Contrataban sin papeles en la panificadora porque les daban lástima, porque son gente que vienen a vivir aquí, no tienen posibilidad de tener contrato y tienen que comer". "Aquí todo el mundo tiene inmigrantes sin papeles trabajando", concluye Camarena. Una afirmación compartida por todos los vecinos entrevistados. "No se les puede hacer contrato, la culpa es del Gobierno", era el comentario más generalizado.

En Real de Gandía es difícil encontrar a alguien que no apoye a los Rovira, a los que se conoce por el apodo familiar de Los Veneno. En los corrillos de los bares, hasta se comprende que los obreros arrojaran el brazo a la basura. "La máquina lo destrozó, lo amasó como si fuera pan", explica una de las vecinas.