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El supertecnológico Japón hace campaña a la antigua

La vieja ley de propaganda limita el uso de Internet y fomenta los discursos electorales callejeros

ANDREA RODÉS

Dar un discurso electoral sobre dos cajas de latas de cerveza en medio de la calle podría resultar raro en España, pero no en Japón. Eso es lo que hacía el pasado lunes Rokuzaemon Yoshida, uno de los dos diputados del Partido Liberal Demócrata (PLD) de la ciudad de Niigata, capital de una región agrícola al noreste de Tokio. La mayoría de transeúntes ni siquiera levantaban la vista para observar a Yoshida, que vociferaba con la ayuda de un micrófono: "¡Los japoneses han de ser positivos!" Mientras, un grupo de jóvenes con las camisetas de su partido repartían panfletos y saludaban animadamente a los coches que pasaban por allí.

En un país a la vanguardia informática, una vieja ley de propaganda electoral, aprobada hace medio siglo, continúa prohibiendo a los políticos utilizar medios "alternativos" como Internet durante la campaña, ya sea su web personal, Facebook o Twitter. Incluso se limita el número de carteles, imágenes y folletos que pueden utilizar los candidatos. Por ello, dar un discurso en plena calle o circular en una furgoneta forrada de pegatinas electorales son las alternativas más usadas estos días por centenares de diputados japoneses. Pretenden así captar el voto de los ciudadanos para las elecciones generales del 30 de agosto.

"Internet es clave para atraer a nuestros jóvenes", opina Chinami Nishimuro, candidata por la circunscripción de Niigata del opositor Partido Democrático de Japón (PDJ).

Los sondeos apuntan a una clara victoria del PDJ en las elecciones, después de casi 50 años de gobierno del PLD, más conocido como Jiminto.

La legislación, de los años 50, impide que los mensajes lleguen a los jóvenes

La prohibición de usar Internet en campaña impide acercarse a los jóvenes, aumentando así la apatía electoral.

"Nuestros jóvenes trabajan demasiado, no tienen tiempo para asistir a los actos y escuchar a los políticos", apunta Nishimuro. Y la juventud japonesa está muy afectada por los principales problemas que deberá afrontar el partido ganador: el acelerado envejecimiento de la población, que aumentará sobre ellos el peso de sostener a los mayores, y el paro, que acaba de alcanzar el 5,4%, el nivel más alto de los últimos 50 años.

Según los analistas, la ley de propaganda electoral que también regula el tamaño de los carteles o el número de vehículos que utiliza cada candidato fue pensada para promover la competencia justa entre los candidatos, evitando que los que dispongan de más recursos se impongan. Sin embargo, el PDJ critica que sólo ayuda a fomentar la apatía electoral y favorece al partido en el poder.

Los sondeos otorgan por primera vez una clara victoria a la oposición

"Japón necesita urgentemente un cambio", opina Yokokawa, un joven de 30 años, mirando con indiferencia al candidato Yoshida. Sólo los ancianos se acercan a estrechar la mano del diputado del PLD, que continúa subido sobre sus cajas de cerveza, rompiendo la tranquilidad habitual de las ciudades de provincia como Niigata.

La escasa popularidad del actual presidente del PLD, el primer ministro Taro Aso, y la incapacidad de su partido para sacar adelante la economía japonesa de la crisis apuntan a una clara victoria del partido opositor, que no ha gobernado nunca, excepto durante un breve período en los años 90.

"La oposición no tiene experiencia ni ideas claras para gobernar", explica el candidato Yoshida a Público. El PLD apuesta por la carta del miedo, insistiendo en que la falta de experiencia en asuntos de seguridad y de relaciones exteriores del PDJ pueden conducir a Japón al desastre.

El partido liberal en el Gobierno ha perdido fuerza tras 50 años en el poder

Sin embargo, los sondeos vaticinan una clara victoria del PDJ, que hace pocas semanas ganó las elecciones municipales de Tokio y domina en la mayoría de zonas urbanas. La clave de los resultados está en las provincias rurales, bastión tradicional de poder del PDJ, y estancadas por los problemas de despoblación y envejecimiento.

"La oposición ha prometido preocuparse por los problemas de la gente normal", dice Shibuya, una joven médico de 29 años de Sapporo, en la isla rural de Hokkaido, donde ha ganado siempre el PDJ. Ella, igual que Yokokawa, seguramente no votará. La política no le interesa. Pero le parece bien que algún día permitan hacer campaña electoral por Internet. "Según a qué horas, las voces de los políticos hablando por un megáfono en la ventanilla de un coche pueden llegar a ser un poco molestas", apostilla discretamente.

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