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Para Susan Sarandon "es importante recordar, siempre y cuando se sepa perdonar"

EFE

No es una estrella al uso; Susan Sarandon tiene voz propia y capacidad de decisión en una carrera que pasa ahora por protagonizar la cinta canadiense "Aritmética emocional", un drama acerca de las heridas provocadas por el recuerdo en el que está flanqueada por Max von Sydow, Gabriel Byrne y Christopher Plummer.

Esta historia, una adaptación de la novela homónima de Matt Cohen que dirige Paolo Barzman y que mañana se estrena en España, "aborda cómo reaccionar ante la perdida y cómo seguir adelante manteniendo los recuerdos", ha explicado hoy la propia actriz, que protagoniza el encuentro entre una mujer y dos de sus compañeros en el campo de concentración parisino de Drancy durante la II Guerra Mundial.

"Olvido más de lo que me gustaría. Quiero recordar; es importante hacerlo siempre y cuando se sepa perdonar", ha declarado respecto de este personaje Sarandon, quien asegura no haberse formado nunca como actriz y contar con "la intuición y la capacidad de escucha" como armas que dan al intérprete "imaginación y empatía".

La ganadora del Óscar por "Pena de muerte", que dirigió su marido Tim Robbins en 1995, no ha tenido ningún problema en asegurar que "probablemente no hubiera aceptado participar en esta película si el reparto hubiera sido menos interesante, ya que se cuenta una historia muy delicada que exige de buenas interpretaciones", ha argumentado.

"La enorme presencia" de Max von Sydow, uno de los fetiches de Bergman, intérprete de "Fresas salvajes" y "El séptimo sello", encarna al hombre que protege al personaje de Sarandon cuando siendo niña llega a Drancy, donde coincide con un niño de su misma edad, encarnado en su fase adulta por el irlandés Gabriel Byrne, al que no puede olvidar a pesar de llevar años casada con un sofisticado y cínico profesor universitario al que da vida Christopher Plummer.

A la hora de escoger un proyecto, Susan Sarandon piensa primero en si éste puede encajar con las necesidades de su familia -"a ser posible no muy lejos de casa, aunque mis hijos cada vez desean más que esté fuera de ella", apunta-, si el papel que se le ofrece es algo que no ha hecho antes y si puede "hablar de ello durante días enteros de promoción", bromea.

Luego decide preguntar al director qué le ha llevado a querer dirigir ese proyecto -"sorprendentemente muchos ni siquiera lo saben", ha explicado manteniendo el tono jocoso-, y cuando comprueba que el cineasta se apasiona con la historia se preocupa por el reparto, "aunque no está mal cobrar", asegura la actriz, que acaba de encadenar varios títulos de corte familiar como "Speed racer", de los hermanos Wachowski, y la comedia de Disney "Encantada".

Vive en Nueva York, alejada de Hollywood, y es conocida por tratar con total normalidad asuntos como la política o su propia familia.

No encaja con la idea preconcebida de estrella, pero pocos como ella representan a la industria estadounidense tras casi 40 años de títulos inolvidables como "La pequeña" y "Atlantic City", ambas de Louis Malle, el título de culto "Rocky Horror Picture Show" y uno de los momentos más recordados en la carrera de Rydley Scott, "Thelma & Louise".

Y, cada vez que se enfrenta a los medios, la estadounidense asume que se le va a preguntar por el gobierno de su país: "Apoyé a Edwards -uno de los candidatos demócratas a la Casa Blanca-, pero era difícil no ser ignorado siendo un blanco que compite frente a la primera mujer y al primer negro que optan al poder", aclara.

"El modo en que Obama ha llevado su campaña demuestra cómo sería como presidente -defiende la actriz-, alguien que escucha, tiene curiosidad y viaja, cuenta con una idea formada de lo que es el resto del mundo y defiende el diálogo sin contestar con amenazas".

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