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Tensión on the rock

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Durante los últimos meses, las tensiones a un lado y otro de la Verja se han venido agudizando en sucesivos movimientos de ficha. En un principio, el llamado Foro de Córdoba quedó disuelto tras la victoria del Partido Popular en noviembre de 2011. Un mes después, Fabian Picardo, al frente de una coalición entre el Gibraltar Socialist Labour Party y el Gibraltar Liberal Party sucedía a Peter Caruana, de Gibraltar Socialdemocrats, en el ejecutivo gibraltareño.

Si los socialistas yanitos no eran entusiastas de grandes acuerdos con España, no renunciaban a una política de cooperación que superase diferencias ocasionales. La disolución del foro quizá fue lo que llevó al gobierno de la Roca a revocar el acuerdo de pesca para las sesenta embarcaciones de las cercanías que faenan en sus aguas, aunque España no reconozca oficialmente su demarcación.

No tardaron en registrarse enfrentamientos entre los guardacostas de la Royal Navy y de la Royal Gibraltar Police con las embarcaciones de la Guardia Civil que, según datos gibraltareños, habrían entrado en sus aguas en más de 280 ocasiones a lo largo del pasado año. Acto seguido, las autoridades españolas endurecieron los controles a vehículos y peatones en la Verja, lo que perjudica diariamente a más de siete mil trabajadores de nuestro país que cuentan con empleo en dicho enclave británico.

Otro incidente entre contrabandistas del menudeo y policías gibraltareños condujo a que la Roca duplicara el perímetro fronterizo, con una nueva verja, que se solapa con la que el Reino Unido levantó a comienzos del siglo XX. En esa estrategia de la tensión, cabe incluir también la visita del príncipe Eduardo a Gibraltar, en donde asistió a los actos por el jubileo de Isabel II e inauguró la nueva terminal del aeropuerto, construida por la empresa española Dragados en la zona del istmo cuya cesión España no ha reconocido nunca pero que fue objeto del célebre acuerdo sobre el uso conjunto del aeropuerto de 1984, que sólo entró parcialmente en vigor hace seis años.

Los vertidos a la Bahía pusieron una guinda de chapapote a esta escalada dialéctica que concluyó ante el Comité de los 24 de Naciones Unidas en donde Picardo llamó 'fuerza paramiliar' a la Guardia Civil, antes de que la Unión de Guardias Civiles replicara llamándole corsarios a los agentes de la Royal Navy. La visita del rey Juan Carlos I, el pasado miércoles, a una lancha de la Guardia Civil en Algeciras, tampoco apaciguó los ánimos, aunque tampoco los encrespó porque las autoridades gibraltareñas, al contrario que las españolas, no cuestionaron la presencia allí del actual inquilino del palacio de la Zarzuela.

Ahora, sin interferencias ya de ambas familias reales en el lugar de autos, sólo queda ir enfriando la tensión on the rock, que viene viviendo la zona y que sufre la ciudadanía. De entrada, se espera un acuerdo sobre pesca, en los próximos días, que le eche algo de hielo a estas aguas calientes.