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Teresa Viejo debuta con una novela de amor pasional en "La Memoria del Agua"

EFE

La periodista Teresa Viejo ahonda en su primera novela, "La memoria del agua" (Martínez-Roca), en "la parte femenina y la ternura de los hombres", según ha relatado en una entrevista con Efe.

La autora toma como escenario el esplendor y la decadencia del balnerario "La Isabela", que pasó de ser uno de los mejores de Europa en 1920, a convertirse en un sanatorio psiquiátrico durante la Guerra Civil española, "como metáfora de la propia existencia", asegura.

"He querido recrear la historia de un lugar con un destino trágico, de una construcción neoclásica en mitad de la nada que ya nadie recuerda ni quiere recordar, porque lo que ocurrió allí durante la Guerra Civil les hizo olvidar a todos su momento de esplendor", subraya la periodista.

"La Isabela" se abastecía de los "enajenados del frente", de los que perdían la cabeza, pero también admitía clandestinamente a los desertores de la derecha que se hacían pasar por locos, según cuenta la autora en su libro.

"Me fascinó la psiquiatría de aquellos años, aún en pañales, y con la que se experimentaba en el balneario ya que, a fin de cuentas, estos hombres fueron las primeras víctimas de la guerra, 'porque nadie hablará nunca de ellos', tal y como dejo reflexionar al director en mi novela", enfatiza la autora en una autocita.

Por encima de todo este entramado, Teresa Viejo se ha esforzado en escribir "un libro de amor pasional", "una verdadera historia de amor" con la figura de Amada Montemayor, la hija del dueño del balneario, como principal protagonista que enlaza las dos partes de la novela: la época de esplendor y la de decadencia.

"Amada no soy yo, sino una mujer de los años veinte, muy avanzada de ideas, con carácter, que pasa por el calvario de la Guerra Civil, a causa de la que se queda viuda, y ha de superar numerosas vicisitudes", remacha la autora.

"Mi libro es una novela de personajes femeninos y masculinos, de hombres fuertes que sufren mucho, de personajes que no son lo que parecen, porque todos esconden algo, aunque al final lo terminen desvelando", explica Teresa Viejo.

"La Isabela representó para mí un hallazgo emocional de primer orden, una metáfora de la propia existencia, porque con su lujo y su decadencia posterior, uno se da cuenta de la fragilidad del amor, de la salud, del lujo, que deviene enfermedad, pobreza y oscurantismo" resalta Viejo.

"Yo prefiero más la parte trágica de mi novela, porque está cargada de mensajes positivos y hago volver a la protagonista a los lugares de su infancia, allá donde fue feliz, aunque mi opinión personal sea que es preferible evitarlos", arguye Teresa Viejo.

Para enfatizar esta teoría, uno de los personajes le da a Amada un consejo: "este balneario significa los huesos de tus antepasados, no los quieras ver destruidos, no quieras ver sus cadáveres..."

Los restos del balneario "La Isabela", situado en el límite de las provincias de Cuenca y Guadalajara, descansan bajo las aguas del pantano de Buendía desde 1955.

La casa de baños de "La Isabela" fue construida por Fernando VII en 1826 como Real Sitio y por primera vez se creó allí un proyecto arquitectónico para uso de ocio, con la burguesía y la nobleza como principales usuarios.

Teresa Viejo, reportera, autora de varios ensayos sobre las relaciones entre ambos sexos y directora del semanario "Interviú" durante dos años, asegura que con esta obra pretende hacer un homenaje a la "liturgia del agua" y a todos los balnearios importantes de la historia, desde finales del siglo XIX a principios del XX, de los que nunca se ha hablado".

Nana de Juan

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