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Una terminal para relanzar la economía

Políticos y empresarios creen que las nuevas instalaciones del aeropuerto de El Prat, que se inauguran mañana, impulsarán el crecimiento de Catalunya

GLÒRIA AYUSO

El aeropuerto de El Prat vivirá un cambio histórico mañana, con la inauguración de la nueva terminal T1. Todos los sectores económicos en Catalunya tienen puestas sus esperanzas en las nuevas instalaciones aeroportuarias, que con 525.000 metros cuadrados, casi cuadruplican las actuales. Pero no es sólo una cuestión de superficie. Empresarios y políticos han hecho grandes esfuerzos en los últimos años para lograr que el aeropuerto goce de unas instalaciones más acordes con la actividad económica de Barcelona y Catalunya. La nueva terminal, sostienen, aporta un potencial económico que a partir de ahora es cuestión de aprovechar.

"Hasta ahora las infraestructuras aeroportuarias y portuarias no se han desarrollado convenientemente y han laminado el potencial de crecimiento", afirma el doctor en Ciencias Económicas y profesor de la escuela de negocios Esade, Pere Puig. El nuevo aeropuerto supone un paso hacia adelante. "La nueva terminal mejorará los flujos de transporte aéreo", explica la subdirectora general de Estudios de la dirección de Análisis y Política Económica de la Generalitat, Gemma Garcia. Si bien este es el reto que encara El Prat, la T1 ya ha tenido un impacto positivo. "Ha generado mano de obra durante su construcción", que se ha prolongado durante cinco años, "y su entrada en servicio supondrá crear mucha más en las actividades relacionadas", añade Garcia.

El director de Estudios, Gestión y Promoción Aeroportuaria de la Cámara de Comercio de Barcelona, Òscar Oliver, comparte estas previsiones. A partir del miércoles, cuando la terminal iniciará las operaciones, 3.000 personas empezarán a su vez a trabajar en nuevos puestos. Pero "a medida que el aeropuerto vaya ampliando su capacidad operativa, trabajarán en las instalaciones unas 12.000", explica Oliver. Sin embargo, el impacto puede ir más allá. "Si se suman los puestos de trabajo indirectos, procedentes de actividades logísticas y de carga, pueden crearse hasta 65.000 empleos", calcula.

Pero todo está a expensas de que El Prat aumente la cantidad de operaciones y pasajeros. En 2008 por primera vez perdió usuarios: un 8,2%, hasta los 30,2 millones. Un descenso que ha continuado en los primeros meses de 2009. En mayo, los pasajeros descendieron casi un 14%. La subdirectora de Estudios de la Generalitat minimiza la importancia de esos datos: "Son pasajeros que han dejado el avión para trasladarse en AVE, en ningún caso se trata de una pérdida de capacidad económica".

El reto sigue siendo llenar la nueva terminal. "Es preciso atraer nuevas compañías y rutas con enlaces intercontinentales", afirma Oliver. Si bien el tráfico descendió en 2008, el intercontinental aumentó un 20% respecto al año anterior. La Comisión de Desarrollo de Rutas Aéreas, que integran la Generalitat, Aena, la Cámara de Comercio y el Ayuntamiento de Barcelona consideran rentables nuevas rutas hacia países de Latinoamérica, con Brasil a la cabeza, así como hacia Asia y, sobre todo, Japón. Para favorecer esta estrategia, Barcelona quiere potenciar el turismo de cruceros y el de ferias y congresos. Pero falta convencer a las aerolíneas.

Una de las dificultades es el actual modelo aeroportuario, vigente desde 1950, según un estudio de la Cámara de Comercio. Los acuerdos bilaterales entre países, necesarios para que las compañías realicen vuelos entre ellos, limitan el tráfico aéreo, como reconoce la subdirectora general de Transporte Aéreo del Ministerio de Fomento, María Eugenia Llorens. La mayoría de países han apostado por impulsar un único operador estatal, que en España es Iberia, con base en Barajas. Hasta ahora, la clase política y empresarial catalana ha lanzado duras críticas a Iberia al considerar que ha abandonado el aeropuerto de El Prat para centrarse en Barajas, dejando Barcelona para la compañía de bajo coste Clickair, ahora fusionada con Vueling. Spanair, con base en Barcelona, quiere llenar ese hueco. Pero Oliver matiza: son las compañías de otros países las que deben ver que existen otras instalaciones. "Con la nueva terminal, podemos convencerlas".

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