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Tsipras desafía a Merkel presentándose como "salvación" para Grecia y el euro

EFE

El líder de la Coalición griega de la Izquierda Radical (Syriza), Alexis Tsipras, desafió hoy a la canciller Angela Merkel presentándose en Berlín como "parte de la solución", no del problema de Europa, y afirmando que, de ganar las elecciones, ello no implicará la salida de Grecia de la eurozona.

"No creo que rechazar el programa de austeridad signifique la salida de un país de la zona euro", afirmó, ya que "el fundamento de Europa es la democracia y la solidaridad", no un "determinado pacto" ni el seguimiento de la vía de la austeridad a rajatabla propugnada por la canciller Angela Merkel.

Ni Grecia ni ningún otro país son "inquilinos" de la zona euro, a los que "se pueda desalojar", sino parte de un "proyecto común", basado en "principios tales como la democracia", recordó, en una comparecencia conjunta con los líderes de Die Linke -La Izquierda-, Gregor Gysi y Klaus Ernst.

Tsipras llegó a Berlín procedente de París y dispuesto a presentarse más conciliador que en la capital francesa, donde tuvo duras palabras contra Merkel al decir que no le correspondía a la canciller decidir sobre el futuro de su país, pero insistiendo en dar por fracasada la doctrina de la austeridad.

"No se puede limitar una crisis en términos geográficos ni tratar de aniquilar un pueblo", afirmó y alternó esta drástica terminología con continuas llamadas a la solidaridad.

"Pedimos la solidaridad de Alemania y Francia. No presionamos, porque la extorsión es el camino equivocado", dijo, en una concurrida conferencia de prensa como pocas veces han vivido sus anfitriones de Die Linke, partido ahora de capa caída en Alemania.

"No buscamos la destrucción de Europa, sino su salvación", afirmó el líder de Syriza, quien se permitió incluso tender una mano: "Si ganamos, negociaremos con Merkel, aunque no sea fácil".

Para Tsipras, renegociar los compromisos asumidos por Atenas con la comunidad internacional no implica la ruptura, sino la búsqueda de una solución para una zona euro "desgastada".

Los responsables de la "dramática situación" griega no es ni su partido ni la voluntad de su población de buscar una vía que no "estrangule" su economía y la de sus familias, dijo, sino la labor "nefasta" de décadas de mal gobierno por parte del socialismo del Pasok o los conservadores de Nueva Democracia.

Tsipras alternó la dialéctica conciliadora con las críticas a Merkel, sin cerrarse al diálogo y sin revelar propuestas concretas de cómo debe ser esa vía alternativa que rescate a Grecia.

El relevo de Sarkozy por Hollande debe verse como una oportunidad, puesto que entre otras cuestiones ha reabierto el debate acerca de los eurobonos como fórmula para atajar el acoso de los mercados sobre los países en situación más crítica.

"Comparto con Merkel su parecer de que, si Grecia sale del euro, el acoso de los mercados se trasladará a otros países", apuntó, para insistir en que, puesto que la medicina de la austeridad "ha fracasado", no tiene sentido pretender "aumentar la dosis", sino "cambiar la medicación".

La presencia de Tsipras en Berlín fue el acontecimiento mediático del día, ante la posibilidad de que su formación venza las elecciones del 17 de junio -tras quedar segundo en los comicios del 6 de mayo-.

Su visita se produce en un momento de progresivo aislamiento de Merkel como defensora del ahorro, tras la derrota de Nicolas Sarkozy por François Hollande, y los problemas internos de la canciller, debilitada tras sucesivas derrotas en "Länder" alemanes.

A ello se une el revuelo causado, el pasado viernes, por las contradictorias versiones acerca de la conversación telefónica mantenida entre Merkel y el presidente griego, Karolos Papulias.

Fuentes gubernamentales griegas apuntaron que la canciller había sugerido a Papulias que celebrara un referéndum para la permanencia en la zona euro conjuntamente con las elecciones del 17 de junio, cuestión que el gobierno de Merkel desmintió.

Mientras sigue sin aclararse quién dijo qué, en Atenas se desató un alud de críticas a la supuesta arrogancia de la canciller por inmiscuirse en la campaña y tratar de imponer a Atenas un referéndum sobre el euro, máxime cuando esta vía le costó el cargo a Yorgos Papandréu.

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