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Los tsunamis convierten un paraíso del Pacífico en un infierno

Reuters

Los servicios de rescate sacaban el jueves cuerpos hinchados de la aguas azules de Samoa y extraían más cadáveres del lodo y los escombros, a medida que el número de muertos por una serie de maremotos se acercaba ya a los 200.

La cifra oficial es de 149 en Samoa, 31 en Samoa Americana y nueve en la vecina Tonga, pero las autoridades temen que aumenten ya que hay pueblos enteros que han sido arrasados, y cientos de personas siguen desaparecidas.

"Todo el mundo está en estado de 'shock'", dijo en una entrevista telefónica con Reuters el legislador Eni F.H. Faleomeveaga, que llegó al territorio estadounidense de Samoa Americana el miércoles por la noche.

"Muchas familias siguen en tierras altas. No quieren bajar. Sigue habiendo réplicas (del terremoto)".

El congresista añadió que muchas familias no tienen casas a las que volver, y están siendo acogidas en iglesias.

Cuatro poderosos maremotos generados por un seísmo submarino de 8,0 grados azotaron las islas el martes, destruyendo en minutos lo que era un paraíso de palmeras, recintos turísticos y playas prístinas del Pacífico Sur.

Las olas que alcanzaron al menos seis metros de alto, destrozaron edificios y arrastraron personas hacia el mar, algunas de las cuales aún se encontraban acostadas en sus camas, dijeron supervivientes.

Una madre vio horrorizada como sus tres hijos que jugaban en la arena fueron arrastrados por el oleaje. Muchos murieron al chocar contra escombros que giraban velozmente en las aguas.

"Tenemos más cadáveres que están siendo sido encontrados entre los escombros y los que fueron desenterrados y traídos al hospital, por lo que esperamos que aumente la cifra de fallecidos", dijo el médico David Bouslough en el principal hospital en Pago Pago, capital de Samoa Americana.

Dos contenedores tras el principal hospital de la capital de Samoa, Apia, fueron utilizados como provisionales depósitos de cadáveres, después de que se llenara la morgue del centro asistencial.

Una capa de lodo y arena cubría muchos edificios destrozados, mientras botes y automóviles colgaban de los árboles y los supervivientes hurgaban entre los escombros. Algunas personas dijeron que la gente estaba recolectando pescados llevados a la arena para alimentar a sus familias.

"Hemos visto camionetas llevando a los muertos (...) de vuelta a la ciudad", dijo el turista neozelandés Fotu Becerra. "Nos impactó cuando vimos al primero, pero después de tres horas nos pareció normal".

A PRIMERA HORA

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, declaró un desastre de envergadura en Samoa Americana y ordenó el envío de ayuda federal para favorecer las tareas de rescate.

Las olas golpearon temprano por la mañana, casi sin advertencia, dejando poca oportunidad a los habitantes para huir de las aguas de mar que se adentraron 200 metros tierra adentro.

El primer ministro de Samoa, Tuilaepa Sailele Malielegaoi, dijo que fue afortunado que el maremoto tuviera lugar durante el día. "Si hubiera llegado en la oscuridad y la marea estuviera alta, el número de personas que murieron sería mucho más alto", declaró a Reuters.

El seísmo fue tan poderoso que también creó pequeños tsunamis que alcanzaron Hawái, la costa oeste de California y Japón en cuestión de horas.

Radio Nueva Zelanda, citando a autoridades de gestión de desastres, informó que 32.000 personas han resultado afectadas y que cerca de 3.000 se han quedado sin hogar.

"La devastación es temible. Cada familia ha resultado afectada. Uno de mis trabajadores ha perdido a 13 miembros de su familia", dijo Adimaimalaga Tafunai, directora de Mujeres en Desarrollo Empresarial, en Apia.

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