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Váyase, señor Lasquetty

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El señor Javier Fernández Lasquetty, consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, es todo un ejemplo de la incapacidad y la falta de asunción de responsabilidades que caracteriza a la mayoría de nuestros políticos.

Lasquetty, abogado de profesión, llegó a la Consejería de Sanidad madrileña después de un largo periplo en cargos del PP, incluyendo la fundación FAES, en la que fue secretario general. Desconocedor del mundo sanitario, tampoco ha hecho un gran esfuerzo por rodearse de un equipo con más conocimientos y, por otro lado, la Comunidad de Madrid rompió en su momento los puentes con la sociedad al eliminar los organismos de participación, borrando en la Ley de acompañamiento de Presupuestos los pocos mecanismos de control existentes.

La primera tarea de Lasquetty en la Consejería fue la puesta en funcionamiento del área única sanitaria, resultado de la Ley de libre elección aprobada en diciembre de 2012 y que había impulsado su antecesor, Juan José Güemes, favoreciendo la desestructuración de la sanidad pública madrileña. La política sanitaria continuó en Madrid tal y como había sido desde las transferencias sanitarias: el Gobierno del PP iba paulatinamente ampliando los espacios de privatización, a lo que se sumarían los recortes generalizados desde 2011.

En octubre de 2012, el consejero presenta el  denominado Plan de medidas de garantía de la sostenibilidad del sistema sanitario público de la comunidad de Madrid, que ha sido el origen del conflicto madrileño. 'El Plan', como es conocido, se basaba en una agresión muy notable al sistema sanitario público: conversión del Carlos III y La Princesa en geriátricos, desaparición de 26 categorías profesionales, la privatización total de seis hospitales semiprivados (modelos PFI) y la introducción de la privatización en la atención primaria en 27 centros de salud... El rechazo a todo ello, prácticamente unánime, de los sectores profesionales y sociales habría hecho reflexionar a cualquier persona con alguna capacidad autocrítica. Pero no hizo mella en Lasquetty y compañía.

'No hay que negarle el mérito de haber conseguido que todos los sindicatos, las organizaciones profesionales e incluso los colegios hayan rechazado su plan privatizador' Las explicaciones pueden ser muy variadas, y van desde su posición fundamentalista neoliberal (recuérdese que tuvo un alto cargo en la FAES -uno de los focos del ultraneoliberalismo del país-), su falta de comprensión del hartazgo profesional de la política sanitaria del PP en Madrid (influido por su desconocimiento del medio, la falta de asesores competentes que equilibrasen su ausencia del conocimiento del sector y el negarse a escuchar a quienes, incluso desde el ámbito ideológico de la derecha, le pedían una reconsideración), y, al fin, un conjunto de intereses económicos que pretenden favorecer los beneficios empresariales a costa de la sanidad pública. La estrategia de la Consejería de Sanidad se centró, así, en esperar que el tiempo fuera acallando y/o minimizando las protestas.

La prepotencia de Lasquetty ha sido y es proverbial, y es una de las generadoras del consenso en su contra. Porque no hay que negarle el mérito que tiene el haber conseguido que todos los sindicatos, las organizaciones profesionales e incluso los colegios hayan rechazado su plan privatizador, y que en 11 meses no haya logrado abrir ni siquiera una brecha en una oposición tan generalizada. Y es que la negativa al diálogo y su falta de argumentos se han mantenido desde el principio hasta hoy mismo.

Los pliegos para la privatización total de los seis hospitales PFI han sido todo un despropósito. Se establecían unas condiciones muy favorables para las empresas, que además se cambiaron en medio del proceso, se produjo una adjudicación que mas parecía un acuerdo entre las partes que un concurso público, y por fin se producía la adjudicación, con la chapuza final de hacerlo, en un caso, con el CIF de otra empresa. Y ello a pesar de una multitud de recursos judiciales, muchos de ellos aceptados por los juzgados, lo que ponía en cuestión todo el proceso y hacía esperar estas paralizaciones del proceso que ya han acordado dos juzgados. En suma, Lasquetty demostró que no sólo no sabía nada de Sanidad, ni es un buen gestor, ni un buen político, sino que además tampoco es capaz de garantizar un concurso de adjudicación que tenga éxito. Todo un récord. 

Lasquetty se aferra a su puesto porque esta en juego su futuro político, pero es una pena verle, rueda de prensa tras rueda de prensa, negando lo evidente e intentando darle lecciones a los jueces. Los madrileños nunca nos hemos merecido este consejero, pero ya resulta insultante que le sigamos pagando de nuestros impuestos. Es hora de que se vaya. Por el bien de la Sanidad y de la ciudadanía madrileña. Y por el suyo propio.

*Marciano Sánchez Bayle es portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública

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