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Wilfred Thesiger, hijo del desierto

El británico se adentró en las zonas más hostiles del planeta

GUILLAUME FOURMONT

El Rub Al Khali es el desierto más hostil del mundo. Nadie se atrevió nunca a atravesar esa inmensidad de arena situada en la actual Arabia Saudí. Nadie salvo los beduinos de la zona, claro, y un europeo, un británico que vivió entre las dunas durante cinco años, en los cincuenta. Wilfred Thesiger, quien falleció a los 93 años hace hoy seis años, era el último gran explorador del siglo XX. Thesiger se pasó la vida viajando por las zonas más remotas del planeta. Sus libros describiendo la vida de los habitantes de Oriente Medio son ahora testimonios únicos sobre una región asolada por la guerra y dominada por las dictaduras.

Su padre representaba la Corona Británica ante el emperador de Etiopía cuando nació Wilfred, el 3 de junio de 1910. Descrito como un hombre austero, Thesiger creció en unas tukul, carpas tradicionales en la antigua Abisinia, entre los criados de sus padre, aunque regresó a Reino Unido para sus estudios. Se licenció en Historia en Oxford antes de perseguir su único objetivo: regresar a África.

Los coches y los aviones eran para él "una abominación" y nunca los usaba

Tenía 20 años cuando recibió la carta de Ras Tafari, futuro emperador Haile Selassie, para su coronación. Ahí empezaron sus primeras experiencias en el desierto: la Royal Geographical Society le mandó en 1933 a las fuentes del río Awash, fue el primer occidental en alcanzar el lago Abbe; dos años más tarde, el Gobierno británico le nombró administrador colonial en Darfur, en Sudán.

Tras la II Guerra Mundial, el Thesiger oficial del Ejército se convirtió en explorador. Dejó los guantes de boxeofue campeón en Oxford y adoptó un rifle 275 Rigby. Fue en 1945 cuando decidió adentrarse solo en el Rub Al Khali, el gran Cuarto Vacío. Se quedó cinco años, viviendo con las tribus nómadas en las más sencillas condiciones. Viajaba con poca ropa, una manta y un par de libros. Thesiger reservaba la palabra "abominación" para los coches y los aviones que, según él, robaba a los pueblos más aislados su nobleza. Una vez, en 1946, se quedó tres días esperando en el desierto el regreso de su compañeros beduinos. "Prefería estar ahí muriéndome de hambre que sentado en un sillón, con el estómago pesado, dependiente de un coche que me llevaría por Arabia", escribió años más tarde.

Thesiger medía dos metros y, durante un viaje, fue detenido por el rey Ibn Saud

Hablaba árabe con soltura, se desplazaba en camello o a pie y, cuando se encontraba con una tribu desconocida, se hacía pasar por un comerciante, aunque su estatura no le ayudaba mucho. Thesiger medía casi dos metros y, durante un viaje por Arabia, fue detenido y encarcelado por las fuerzas del rey Ibn Saud. Y siguió viajando: Kurdistán, las marismas del sur de Irak, Irán, Pakistán, Afganistán; luchó en los rangos monárquicos durante la guerra civil de Yemen (1966-1967); atravesó Kenia en los años noventa.

Thesiger tuvo la vida de un personaje sacado de las aventuras de Corto Maltés, aunque Hugo Pratt, también un enamorado de Etiopía, nunca dibujó juntos a los dos viajeros. El explorador se retiró a Inglaterra, donde falleció, y nunca dejó de denunciar las consecuencias negativas de la modernidad.

Hace unos años, cuando se encontraba en los Emiratos Árabes Unidos, el británico lanzó: "El aire acondicionado es infernal. ¿Por qué no lo apagan?". Iba a entrevistarse con el jeque Zayed Bin Sultán Al Nahyan fallecido en 2004, con quien cazaba en el desierto, en los años cuarenta. Wilfred Thesiger volvió a Londres con esas palabras: "El petróleo ha arruinado a los árabes".

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