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Woody Allen destila su humor ácido en el nuevo libro de relatos "Pura Anarquía"

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Anarquía: Ausencia de poder público; Desconcierto, incoherencia, barullo. Todos estos términos recogidos por el diccionario de la RAE se dan cita en el nuevo libro de Woody Allen, -'Pura anarquía'-, con el que el cineasta estadounidense regresa, veinticinco años después, al género de los relatos de humor.

Editado en castellano por Tusquets, 'Pura anarquía' es puro humor ácido de Allen a través de 18 relatos que provocan continuamente la carcajada del lector.

El mundo real se vuelve absurdo o, viceversa, en 'Pura anarquía'.

El cineasta de gafas de pasta y pantalones de pana llega a escribir, a semejanza de Groucho Marx, frases tan divertidas que serán legadas a la posteridad.

'El hombre es el único ser capaz de no dejar propina al camarero', 'debo marcharme, tengo en casa un mapache que ordeñar', 'vendimos la casa por cuatro perras, y, encima, ninguna de ellas tenía pedigrí', 'tras hojear un catálogo de Victoria's Secret había empezado a creer en un ser supremo' o 'cayó en la cuenta que no era un cerdo, sino su esposa'.

Los problemas domésticos, los colegios infantiles, la gastronomía o la religión son algunos de los temas en los que Woody Allen (Nueva York, 1935) deja su sello personal, sin olvidar un juicio en el que Mickey Mouse es el principal testigo.

El director estadounidense, uno de los máximos representantes de los relatos de humor, ha introducido originales personajes, -algunos con nombres reales como Alma Mahler, Klimt, García Márquez, Faulkner, Fitzgerald, Kant, Wagner, Chéjov, Tom Cruise o Jennifer López-, en surrealistas situaciones.

Las comparaciones, personificaciones y metáforas son descritas por el Premio Príncipe de Asturias 2002 con una acción visual: 'esa bomba en forma de tarjeta de San Valentín que utilizo para agilizar el flujo sanguíneo', 'una corteza cerebral generosamente marinada por la gente de Smirnoff' o 'no me extraña que mi úlcera sea ya del tamaño de una tortita'.

Con su ironía también se acerca a temas serios como el de la pena de muerte: 'los estudios demuestran que la probabilidad de que los criminales reincidan se reduce casi a la mitad después de la ejecución'.

En los nuevos relatos de 'Pura anarquía', algunos de los cuales han sido publicados anteriormente en la revista 'The New Yorker', no faltan las menciones al séptimo arte: 'conseguí el número uno de recaudación en Guinea-Bissau' o 'todos los patrocinadores pillaron la fiebre porcina'.

La literatura tampoco es obviada por Allen, pues uno de sus personajes 'nunca había visto los saldos de un libro en la sección de leña para la chimenea', y otro tenía una lista obligatoria de libros 'que tenía la intención de leer desde hacía unos cuarenta años'.

En el nuevo libro del cineasta, que sigue a 'The Insanity Defense', la anterior antología humorística de Woody Allen, el lector, -'con una incredulidad que reservo para visiones de ovnis'-, tiene a veces que releer las páginas para asegurarse bien de lo que ha entendido, pues la risa se lo impedirá.

Como cuando lea el relato sobre las subastas millonarias de delicatessen, y una de las pujadoras se queja de que 'un magnate del petróleo tejano me superó en la puja por un trozo de foie'.

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