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Zelaya será testigo desde la embajada de Brasil de unos comicios "ilegales"

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El derrocado presidente hondureño Manuel Zelaya seguirá las elecciones del próximo domingo desde la embajada de Brasil, a donde logró llegar hace dos meses de manera clandestina en su intento por recuperar el poder.

Zelaya, derrocado el 28 de junio pasado y quien ha dicho que impugnará las elecciones "por ilegales", llegó por sorpresa a la misión diplomática brasileña el 21 de septiembre en compañía de más de 60 personas, entre familiares, amigos y seguidores.

Un día después, según lo expresado por el mismo Zelaya a Efe, entraron alrededor de otras 300 personas que huían de la policía y militares tras la disolución de una manifestación con bombas lacrimógenas en los alrededores de la embajada de Brasil.

Las "horas" que llevaría restituir a Zelaya, según decía tras el golpe al depuesto gobernante el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se convirtieron primero en tres meses de exilio, la mayor parte del tiempo en Nicaragua, y luego en los otros dos meses que lleva encerrado en la misión diplomática brasileña, desde donde sigue exigiendo su restitución.

Durante su exilio fuera de las fronteras hondureñas, Zelaya intentó dos veces, sin éxito, regresar a Tegucigalpa para retomar el poder, la primera el 5 de julio en un avión de Venezuela, lo que los militares y hondureños le impidieron bloqueando la pista del Aeropuerto Toncontín, y la segunda por el punto fronterizo con Nicaragua de Las Manos, el 24 de ese mismo mes.

Zelaya, quien el 20 de septiembre cumplió 57 años, también creyó que su retorno al poder sería "cuestión de horas o de unos pocos días", pero no contaba con la posición dura del presidente de facto, Roberto Micheletti, quien fue designado como su sucesor "interino" por el Parlamento hondureño, el mismo día del golpe de Estado.

El presidente fue depuesto el mismo día que tenía previsto encabezar una consulta popular orientada a reformar la Constitución, pese a haber sido declarada ilegal y haber sido prohibida por varias instituciones del Estado.

El 28 de junio, antes de las 06.00 hora local (12.00 GMT), Zelaya fue sacado de su residencia por la fuerza militar y puesto en un avión que lo llevó a Costa Rica.

En sus tres meses de exilio Zelaya viajó a varios países latinoamericanos y Estados Unidos en busca de respaldo político para que se le restituyera en el poder, lo que hasta ahora ha resultado en vano, a pesar que la comunidad internacional no reconoce al régimen de facto de Micheletti.

Lo mismo ha ocurrido durante los dos meses que lleva encerrado en la embajada de Brasil, donde le acompaña menos de una veintena de personas, entre ellas su esposa Xiomara.

La mediación del presidente de Costa Rica, Óscar Arias, ha fracasado hasta ahora por la falta de acuerdo entre las comisiones de diálogo de Zelaya y Micheletti, que el 30 de octubre firmaron en Tegucigalpa un acuerdo.

Ese compromiso establecía la integración de un gabinete de unidad y reconciliación para el 5 de noviembre, y que el Congreso Nacional se pronunciara sobre la restitución de Zelaya en el poder, sin establecer fecha.

El 7 de noviembre, Zelaya dio fracasado el Acuerdo Tegucigalpa-San José y dijo que era "letra muerta", a la vez que reiteró que no reconocería el proceso electoral en marcha, a lo que después añadió que las impugnará.

La junta directiva del Congreso Nacional, resolvió el pasado 17 de noviembre que el tema sobre la restitución de Zelaya no lo discutirá hasta el 2 de diciembre, tres días después de las elecciones, lo que el derrocado presidente calificó de "una burla".

Los domingos, Zelaya recibe en la embajada de Brasil entre las pocas visitas que le permite el régimen de Micheletti, a su madre, Hortensia Rosales, y a algunos de sus hijos, como Zoe y Hortensia.

Micheletti ha reiterado que está dispuesto a retirarse del poder si Zelaya, a quien le imputan más de una docena de delitos, entre ellos "abuso de autoridad" y "traición a la patria", desiste de querer regresar a la Casa Presidencial.

Zelaya también ha reiterado que en lo particular no le interesa regresar al poder, pero que lo exige para que se restituya la democracia en el país y que no quede el mal precedente de los golpes de Estado en Latinoamérica.

Para algunos analistas locales, la salida de Zelaya del poder comenzó desde su acercamiento a Venezuela y más tarde, el 25 de agosto de 2008, la adhesión de Honduras a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA).

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