Si hay algo desagradable en la cocina es encontrarse señales de moho en los alimentos, además de resultar un auténtico peligro para la salud, puesto que revela la existencia de sustancias y bacterias invisibles perniciosas. Sin embargo, hay algunas excepciones en que no pasa nada porque un alimento tenga moho.

Para que te quede claro cuáles son y en qué momento es necesario eliminar ese producto, fruta o verdura en el que aparece ese desagradable tono verdoso, blanquecino o grisáceo, vamos a repasar cuándo es necesario tirar los alimentos con moho y cuándo no necesitas a hacerlo. Toma nota y saldrás de dudas de una vez por todas.

Moho en las frutas

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Fuente: Pixabay/stux

Cuando echas un vistazo al frutero o a la nevera y detectas que hay una naranja, una manzana o un limón con moho, o cualquier otra de las frutas que tienes en casa, no lo dudes y tírala.

Y es que por regla general cada vez que veas un alimento que presenta marcas de moho debes tirarlo, y no hacer bajo ningún concepto eso de quitar con un cuchillo el trozo afectado y comer el resto, lo cual solo puede efectuarse en contadas excepciones. Se trata de un riesgo innecesario y muy peligroso para la salud.

Moho en productos alimenticios

Al igual que sucede con las frutas y las verduras, los productos alimenticios que presentan moho en una esquina como el brick de la salsa de tomate, la tarrina de queso de untar o el tarro de mermelada, debes tirarlos a la basura inmediatamente.

Recuerda en todo caso que el moho no es otra cosa que los hongos que invaden la comida o el alimento y que se nutren de él, propagándose y penetrando profundamente, incluso aunque no te lo parezca. El riesgo de consumirlo consiste en padecer intoxicaciones graves e infecciones por bacterias patógenas.

En los productos húmedos el moho se propaga mucho más que en los otros, pues se dan las condiciones perfectas para que vivan los hongos en ellos. Ese es el motivo por que el que sea tan habitual encontrarse moho en los quesos frescos, en los yogures y en la mantequilla, por ejemplo.

En este grupo también ha de incluirse el pan y los productos derivados. Aunque pienses que si quitas un trocito podrás comer el resto, te equivocas. La humedad del pan y de la bollería provoca que pueda haber penetrado el moho por todas partes sin que ni siquiera lo veas, más allá de esa señal visible que tenga.

Moho en jamón y embutidos curados

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Fuente: Pixabay/flomo001

El jamón y los embutidos curados son una de las pocas excepciones cuando de comida se trata en que puedes consumir el alimento que tiene moho sin necesidad de arrojarlo por completo a la basura. Cuando veas que hay moho en un pedazo de jamón o en el salchichón, por ejemplo, deberás rasparlo con cuidado y luego ya podrás consumir el resto.

Moho en los quesos duros

Otra de las excepciones con respecto al moho en los alimentos es aquel que aparece en los quesos duros. Cuando hablamos de quesos duros nos referimos a los que cuentan con muy poca humedad en su composición. Entre ellos los más habituales son el gouda, el emmental o el queso manchego.

Deberás hacer de forma similar a los embutidos curados, aunque esta vez tendrás que cortar un buen trozo del queso que esté afectado por el moho para asegurarte de que lo eliminas todo. Calcula dos centímetros a cada lado de la zona afectada y estarás seguro.

Moho en vegetales turgentes

Por norma general, los vegetales enmohecidos tendrás que tirarlos igual que haces con las frutas afectadas, pero hay algunos de ellos que sí podrás aprovecharlos. Tal es el caso de los pimientos o zanahorias, así como otros vegetales turgentes con poca humedad, a los que podrás quitar el trozo afectado con un margen de un par de centímetros a cada lado y cocinarlos.

Quesos elaborados con hongos

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Fuente: Pixabay/6342722

Entre los quesos hay que mencionar una excepción cuando nos referimos al moho. No podemos olvidar los quesos elaborados con hongos, como los quesos azules, el roquefort, el gorgonzola o el cabrales. O incluso aquellos quesos que tienen hongos en su corteza como el brie o el camembert. En todos estos casos, los hongos son «buenos», por lo que estos alimentos pueden consumirse sin problemas.

Por último, para evitar riesgos y conservar los alimentos sin miedo a que se presente el moho, ten en cuenta que lo mejor es comprar los alimentos frescos en la cantidad adecuada que vayas a consumir y no acumular de más, ya que el tiempo hará que el moho acabe apareciendo al estar almacenados. Limpia la nevera con frecuencia para que las esporas de los hongos no se almacenen en su interior y revisa los alimentos cada día. Y cuando tengas que tirar una fruta o verdura enmohecida, comprueba que estén sin infectar todas las de alrededor, pues los hongos se propagan con facilidad.

Escritora y redactora gallega. Autora de los libros Las nueve piedras y El Libro del Único Camino, así como de numerosos relatos en revistas de género, colabora asiduamente con sus artículos y columnas de opinión en diversos medios digitales. Con la pasión y la curiosidad que la caracterizan, descubre el mundo a través de su historia, su cultura, sus lugares y sus gentes para difundir y compartir todo tipo de sensaciones y hallazgos. Porque todo viaje comienza con un solo paso.

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