Comprender el etiquetado de los productos y leerlo con detenimiento para saber exactamente qué estamos comprando, dónde y cómo está elaborado, sobre todo si nos preocupa la salud y la compra de proximidad, resulta fundamental.

No obstante, pese a que cada vez más la regulación legal intenta proteger a los consumidores y que las empresas tienen que detallar los ingredientes, el origen y la distribución de los artículos a la venta, a menudo, todavía hay ciertas lagunas que debes conocer. Valgan de ejemplo estos cinco productos que no suelen ser lo que parecen.

Zumos de frutas

Fuente: Pixabay/alicepaipai

En el supermercado encontrarás comercializados numerosos zumos naturales, pero hay muchos de ellos que no son tal. Nos referimos a aquellos que, en realidad, son néctares de frutas.

Y es que el néctar está compuesto por una mitad de azúcar y otra mitad de fruta, así que no son tan saludables como puedas pensar. Aún encima, el precio suele ser más elevado que el zumo de frutas, así que no te dejes seducir por las grandes letras ni las imágenes de la botella y lee la letra pequeña para averiguar si estás comprando zumo o néctar.

Calamares

Fuente: Pixabay/axelslash7

Este es un clásico en el momento en el que nos intentan dar gato por liebre. Y es que muchas veces, cuando compras calamares o algún producto elaborado con estos, en realidad está hecho con pota. Aunque ambos son moluscos, y tienen un aspecto similar, son especies distintas. Además, la pota es más barata que el calamar. Entre sus principales diferencias, la pota es más dura y tiene un mayor tamaño.

Fíjate, cuando compras productos tales como anillas de calamar o calamares a la romana, en los ingredientes que suelen aparecen en pequeño tamaño en una esquina del paquete. Seguro que más de una vez te llevas una sorpresa.

Carne picada

Fuente: Pixabay

Si hay este tipo de ambivalencias en la sección de pescadería, en la de la carne pasa exactamente lo mismo. Y es que resulta habitual que en las bandejas preparadas de carne picada no solo se incluyan carnes.

Con frecuencia, entre un 65 y un 95 por ciento, el ingrediente es carne, pero ¿de qué está compuesto ese porcentaje restante? Pues aquí encontrarás desde colorantes y conservantes hasta espesantes, proteínas de soja y almidones. De nuevo te recomendamos leer la letra pequeña.

Huevos de gallinas en libertad

Fuente: Pixabay/Couleur

Si hace algún tiempo os ayudábamos a descifrar el etiquetado de los huevos frescos, debéis tener una cosa en cuenta. A menudo, los productores o distribuidores marcan en gran tamaño en el envase que los huevos que comercializan son de gallinas en libertad, aunque en menor tamaño se indique que están criadas en suelo con un código 2.

Esto es debido a que salen algo exterior y por eso lo indican de tal forma. Pero recuerda que, cuando las gallinas están criadas al aire libre, el código que muestra el etiquetado siempre es el 1.

Jamón cocido

Fuente: Pixabay/Birte

Otro que no se libra de estas confusiones es el jamón de York, también denominado jamón cocido, ya que en realidad, por más que lo llamen así, no es jamón. Este tipo de fiambre se elabora con la carne de cerdo de sus partes más baratas, a la que se le incluyen otros ingredientes.

Como consecuencia, se trata de productos procesados con aditivos y un cocinado que nada tiene que ver con el jamón. De hecho, el jamón cocido puede tener más de la mitad de ingredientes que no son carne, así que, una vez más, fíjate en sus envases y etiquetados.

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