En el barrio de Brooklyn, en la ciudad de Nueva York (Estados Unidos), vio la luz en el año 2007 un proyecto en el que se conjugan el reciclaje, el compostaje, la inclusión social y las actividades educativas y culturales en un único lugar, con el que se demuestra que otra forma de hacer las cosas es posible.

Así, Sure We Can, el centro de reciclaje de Brooklyn, sin fines de lucro, que ayuda a los más desfavorecidos, potencia la economía circular y contribuye a cuidar el medio ambiente. Te contamos cómo lo logran.

Ley de Envases Retornables

latas
Fuente: Pixabay

Sure We Can surgió años después de la aprobación de la Ley de Envases Retornables de Nueva YorK, en la que se estipula que la mayoría de los envases de las bebidas requieren un depósito de cinco centavos. Esto, en la práctica, conlleva a que se pague al distribuidor ese depósito en el momento de la compra, incluido en el precio, y que los envases vacíos puedan devolverse para recuperarlo.

Es el distribuidor quien reembolsa a los minoristas o a los centros de reciclaje ese dinero, más una tarifa de gestión por la devolución de los envases vacíos. Como resultado, con esta norma, la ciudad consiguió ver reducida la basura de sus contenedores en un 75 por ciento.

Quienes se dedican a la actividad de recolectar esas latas o botellas desechadas por la calle, en edificios o en locales de ocio, son denominados canners. La dificultad en garantizar a estos trabajadores una actividad digna, asegurando un intercambio justo por su labor y protegiendo sus derechos, fue el germen para la creación de Sure We Can en el año 2007.

Sure We Can

botellas
Fuente: Pixabay

Sure We Can fue creada, sin finalidad lucrativa, para apoyar y facilitar la labor de los intermediarios en la recogida y reciclaje de los envases, al tiempo que se mejoraban sus condiciones laborales y se atendían las necesidades de las minorías.

En el último año, el centro de reciclaje Sure We Can (219 McKibbin Street, Brooklyn, New York 11206) procesó alrededor de 10 millones de latas y botellas. En la actualidad, son más de 500 canners los que participan, almacenan y entregan el material en este lugar. Provienen de muchos lugares del mundo y algunos ni siquiera hablan el idioma del país. Aquí se encuentran personas de origen hispano, asiático, afroamericano, etc. La edad media ronda entre los 60 y los 80 años, y un centenar de ellos tiene exclusivamente esta actividad como fuente de ingresos.

Sure We Can abona a cada uno de los canners el importe íntegro del reembolso por envase de 5 centavos, tal y como determina la ley, y en torno a un 20 o 25 por ciento más si lo clasifican por distribuidor. El centro de reciclaje programa las entregas a los distribuidores y estos, además de los 5 centavos anteriores, entregan un pago adicional de 0,03 centavos por cada envase. Este último ingreso es con el que se mantiene el proyecto, además de subvenciones y donaciones de particulares o empresas.

Programa de compostaje

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Fuente: Pixabay

Junto con el reciclaje de envases, Sure We Can cuenta con un programa de compostaje, a través del cual se recolectan los restos de comida de los restaurantes y cafeterías para transformarlos en abono para plantas. Este se usa en jardines comunitarios y también se pone a la venta en las propias instalaciones del centro. Gracias a esta actividad, al año se reciclan y convierten en compost unas 50 toneladas de residuos orgánicos.

Además, el centro promueve actividades y programas educativos, y organiza charlas y eventos culturales, favoreciendo siempre la inclusión entre los trabajadores y los vecinos.

El Cuarto Reino

The Fourth Kingdom
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Los cineastas españoles Adán Aliaga y Àlex Lora, interesados por este proyecto, rodaron el documental El Cuarto Reino (The Fourth Kingdom), donde se muestra el día a día de esta comunidad que, en torno al reciclaje, encuentra una salida para seguir adelante con un trabajo imprescindible para el desarrollo sostenible y la economía circular.

El Cuarto Reino se estrenó en el Big Sky Documentary Film Festival en febrero del año 2017, en el que ganó el premio al mejor corto en la categoría Mini-Doc. Desde entonces, ha sido galardonado con muchos otros premios, como el Mejor Corto Documental del Brooklyn Film Festival; el Mejor Corto Documental del Oporto International Short Film Festival; el Mejor Cortometraje de Tema Social del Atlanta Docufest; y el Mejor Cortometraje Nacional del Festival de Cine de Madrid PNR, entre otros.

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