A menudo, los productos que nos encontramos en el mercado lucen un etiquetado que no siempre conseguimos comprender, sobre todo, cuando hablamos de aquellos artículos de belleza y cuidado personal que sus ingredientes pueden causar tanta confusión como desconcierto.

Si hace algún tiempo te contábamos cómo comprender las etiquetas de los alimentos procesados, en esta ocasión, y aprovechando que estamos en plena primavera y se acerca el verano, te damos algunos consejos para comprar el mejor protector solar, y no tengas dudas en qué datos de su etiquetado debes fijarte.

Rayos ultravioleta

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Fuente: Pixabay

Proteger la piel del sol es primordial, tanto por cuestiones de salud como para prevenir su envejecimiento prematuro, así que es un hábito saludable que si no hemos adquirido desde pequeños, lo habremos de hacer cuánto antes. Pero no todos somos iguales ni tenemos el mismo tipo de piel y las cremas y lociones son tantas y tan variadas en el mercado, por no hablar de su gran gama de precios, que son frecuentes las dudas.

Hemos de tener claro que cualquier protector solar ha de protegernos de los rayos ultravioleta (UV), tanto de los rayos UVA, que son los que nos broncean más rápido y penetran hasta lo más profundo de la epidermis, además de provocar las alergias, como de los rayos UVB, que aunque penetran menos en la piel son más reflectantes, aunque los dos tipos causan el envejecimiento y pueden provocar cáncer. Así que cuando mires ese bote o tubo de crema o loción solar, asegúrate de que indica que su protección es para ambos tipos, ya que todas protegen contra los rayos UVB, pero no todas protegen contra los UVA.

Recuerda que solo los productos solares que protegen contra los rayos ultravioleta A y los rayos ultravioleta B pueden indicar que son «de amplio espectro».

Factor de protección

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Fuente: Pixabay

Pero no solo hemos de tener claro que hay que proteger la piel de los rayos UVA y UVB, sino que habremos de hacerlo con un índice de protección adecuado.

El Factor de Protección Solar (FPS) o Sun Protection Factor (SPF) está indicado en todos los envases de los productos solares que lo poseen. Con él se indica la cantidad de tiempo que puedes exponerte al sol sin que te pongas colorado o te salga un eritema, es decir, cuánto tiempo aumenta el producto la resistencia de tu piel al sol. Si tardas 5 minutos en ponerte rojo, con un FPS 30 tardarás 150 minutos.

Muchos dermatólogos recomiendan utilizar un factor mínimo de protección 30, aunque también influirán otros aspectos en su elección como tu edad y tu fototipo para usar otro FPS. Debes tener claro que el FPS por debajo de 15 solo protege contra los quemaduras solares y no contra el envejecimiento de la piel ni el cáncer, por lo que no es recomendable el uso de los productos que cuentan con un factor de protección menor.

Protector, sun block o bronceador

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Fuente: Pixabay

No te confundas entre los distintos tipos de productos solares. Los únicos que te van a proteger de las radiaciones ultravioleta son los protectores y los fotoprotectores con pantalla total, también denominados bloqueadores o sun block. No obstante, es necesario saber que la pantalla total no existe, sino que lo que indica es un factor de protección muy elevado: FPS 50+. Esta es la categoría máxima de protección que estableció en el 2006 la Unión Europea, así que si te encuentras alguna crema que indica SPF 100 has de saber que no se diferencia apenas de las de 50, sino que se trata de puro marketing.

Por el contrario, el bronceador no tiene función protectora sobre la piel, sino que ayuda a concentrar sobre ella los rayos solares, además de incluir ingredientes que facilitan el ponerse moreno. Por ese motivo, encontrarás numerosos bronceadores que indican un factor de protección de 5 o de 8.

Resistente al agua

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Ten en cuenta que por muy bien que hayas escogido el protector solar a utilizar, deberás hacerlo de forma adecuada, o no surtirá efecto. Así, es recomendable aplicárselo 30 minutos antes de salir al exterior para dar tiempo a la piel a absorberlo, repetir la operación cada par de horas o después de bañarse y recordar que, en invierno, también debes utilizarlo si vas a estar expuesto al sol, por más que creas que no es necesario.

En el etiquetado del producto, debes fijarte que indique que es «resistente al agua». Cuando en la etiqueta leemos que es resistente al agua, lo que quiere decir es que puede durar 40 minutos (water-resistant) u 80 minutos (waterproof) en el agua, cantidad que tiempo que, en ocasiones, también se señala. En todo caso, si el baño dura más de 20 minutos, siempre se recomienda volver a aplicarse el producto.

Un último consejo: tira esa crema del año pasado si ya tiene 12 meses, la guardaste mal cerrada o no ha estado convenientemente almacenada. Al igual que los alimentos, los productos de salud y belleza tienen fecha de caducidad, que suele rondar el año, aunque hay algunos que caducan a los seis meses de haber sido abiertos. Si usas un producto caducado corres el riesgo de que no te proteja adecuadamente por haber perdido sus propiedades o que te provoque una alergia.

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