¿Cuándo se inventaron las latas de conserva?

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Las latas de conserva resultan imprescindibles en nuestra despensa. Fáciles de consumir y muy socorridas a la hora de preparar recetas para alguna comida, merienda o cena, este producto ha pasado a ser tan habitual en nuestro día a día que parece como si siempre hubiera estado ahí. Sin embargo, su historia se remonta a unos cuantos siglos y su evolución resultó constante para terminar siendo lo que ahora son.

Viajamos por la historia para contarte cuándo se inventaron las latas de conserva y qué sucedió para llegar a adoptar el formato que utilizas con frecuencia en tu cocina.

Cuándo se inventaron las latas de conserva

El método Appert

conservas
Tarros de conservas/Foto: Pixabay

Todo comenzó con el denominado método Appert. Y es que en el siglo XVIII, el confitero francés Nicolas Appert (1749-1841) inventó un procedimiento para conservar los alimentos en tarros de cristal cerrados herméticamente. A continuación, los ponía a hervir durante cierto tiempo. Con ello conseguía que los alimentos se mantuvieran en buen estado y se murieran los microorganismos y las bacterias que pudieran contener.

Su idea fue un éxito y montó una fábrica para ponerla en marcha, convirtiéndose en suministrador de comida en tarros para la marina francesa. En 1810, Napoleón le pagó 12.000 francos como recompensa y él publicó un libro haciendo público el método y fabricación de estas conservas. Pero como Appert no patentó su idea, fueron muchos otros los que los siguieron y empezaron a idear sus propios negocios en torno a las conservas.

La primera fábrica de conservas

El empresario inglés Peter Durand (1766-1822), junto con el ingeniero francés Philippe de Girard (1775-1845), sustituyeron el material del recipiente de cristal por hojalata, y después le vendieron la patente a Bryan Donkin (1768-1855). Fue este, que ya había inventado la primera máquina para fabricar papel, quien inauguró la primera fábrica de conservas del mundo, localizada en Bermondsey. Corría el año 1813.

Pero aquel producto era una de tantas innovaciones de principios del siglo XIX que tuvo que hacer frente a las reticencias de los consumidores. De tal modo, Donkin tuvo la genial idea de convencer al duque de Wellington y al duque de York que probaran sus latas de hierro, y este último invitó a la reina para que también lo hiciera.

Por aquel entonces, el reputado naturalista y explorador Joseph Banks probó el contenido de una lata, con más de dos años y medio de envasado, en presencia de la Royal Society de Londres, y aseguró que estaban en un estado perfecto para su consumo. Al final, toda esa publicidad consiguió que las conservas comenzaran a popularizarse y que Donkin se convirtiera en el suministrador de la marina británica. En pocos años, muchas otras fábricas comenzaron a fundarse por Europa y América.

Las conserveras en España

Latas de conservas
Latas de conservas/Foto: Pixabay

Aunque en España la primera fábrica de hojalata se fundó en la primera mitad del siglo XVIII, con el nombre de Real Fábrica de Hojalata de San Miguel de Ronda, y fue autorizada por Felipe II, las conservas a nuestro país no llegaron como latas hasta que, en 1840, naufragó un barco francés frente a las costas gallegas de Fisterra y su cargamento alcanzó las playas. Este hecho propició que en Galicia se creara la primera fábrica de conservas en la localidad de Noia (A Coruña). Tras esta, aparecieron las de Goday en la Illa de Arousa y Curbera, en Vigo, en la provincia de Pontevedra.

Conservas Godoy se convirtió en Proveedores de la Real Casa, tras la visita que el rey Alfonso XII realizó a la fábrica en 1881, y formó parte de la representación española en la Gran Exposición Internacional de Londres de 1883. En el evento, la conservera fue galardonada con la medalla de oro Regina Victoria. En la actualidad, es posible visitar el Centro de Interpretación de la Conserva (Rúa Palmeira – Plaza do Concello, 24A Illa de Arousa (San Xulián) 36626, A Illa de Arousa, Pontevedra) en la antigua fábrica de Arousa.

España pasó a ser el principal productor del continente de las conservas de pescados y mariscos. Sin embargo, en el país comenzaron a consumirse en mayor medida a partir de la guerra civil española.

Invención del abrelatas

Lata de sardinas
Lata de sardinas/Foto: Unsplash

Pero tuvieron que pasar décadas hasta que las latas se abrieran tal y como hacemos hoy. En un principio, todas ellas resultaban muy pesadas y abrirlas era bastante complicado. De hecho, lo más habitual era servirse de un escoplo y un martillo, y en el frente cada soldado ideaba la forma más adecuada para hacerlo, incluso a bayonetazos.

Los primeros abrelatas comenzaron a comercializarse a mitad del siglo XIX y, en 1866, el estadounidense J. Osterhoudt inventó un abrefácil para las latas. Se trataba del típico sistema en que la tapa se enrolla con una pestaña, muy habitual en las latas de sardinas. Pero en 1870 el inventor estadounidense William Lyman (1821-1891) inventó el conocido abrelatas de rueda cortante. Y a partir de entonces, las latas de conserva comenzaron a ser un producto cada vez más frecuente en las tiendas.

Sorprendentemente, hubo que esperar hasta 1959 para que otro estadounidense, Ermal Fraze (1913-1989), inventara el sistema de la anilla para abrir las latas, el más utilizado en la actualidad. Seguro que tienes más de una con este sistema en tu despensa.



Silvia Pato

Escritora y redactora gallega. Autora de los libros Las nueve piedras y El Libro del Único Camino, así como de numerosos relatos en revistas de género, colabora asiduamente con sus artículos y columnas de opinión en diversos medios digitales. Con la pasión y la curiosidad que la caracterizan, descubre el mundo a través de su historia, su cultura, sus lugares y sus gentes para difundir y compartir todo tipo de sensaciones y hallazgos. Porque todo viaje comienza con un solo paso.

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