La inapetencia infantil en verano: ¿por qué se produce?

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Cuando los pequeños de la casa comen poco o muestran reticencias a la hora de almuerzos, meriendas y cenas, es lógico que nos preocupemos. Buscamos causas y motivos por el que, de repente, estén inapetentes y no siempre tenemos claro por qué sucede, sobre todo, en época estival.

Averiguamos hoy por qué se produce la denominada inapetencia infantil en verano y cuál es el mejor modo de evitarla, para que sentarse a la mesa no se convierta en un conflicto o un problema ni de salud ni familiar.

Qué es la inapetencia infantil

Niña con plato de vegetales – Foto: iStock

La inapetencia infantil, también conocida como rechazo alimentario, se produce cuando un niño muestra rechazo por la comida y se niega a ingerir alimento alguno, ya sea lanzándolo por el aire o cerrando la boca. Incluso puede llegar a escupirlo, padecer cólicos o vomitar.

Aparentemente esto no se produce por ningún motivo ni malestar físico, y suele suceder con mayor frecuencia alrededor de los dos años. Hay que tener en cuenta que en torno a esa edad sus organismos necesitan menos calorías, puesto que su desarrollo y crecimiento se produce de una forma más lenta. De tal modo, tienen menos apetito y requieren alimentarse con menor frecuencia, aunque no deja de ser algo completamente transitorio. Pero al margen de ese factor, la inapetencia infantil puede aparecer en otras edades, como una falta de apetito habitual cuyas causas pueden ser varias.

Causas de la inapetencia infantil

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Mano infantil cogiendo gominolas/Foto: Pixabay

Una de las causas más frecuentes de la inapetencia infantil en verano es el cambio de hábitos en esta época del año y el mayor consumo de chucherías. Es habitual que los horarios de la comida se alteren y, con ellos, su apetito. Además, si se pasan todo el día picando chuches, patatas fritas, tomando helados y bebiendo refrescos con gas azucarados, también será lógico que se les quite las ganas de comer. Al haber picoteado entre horas sin parar, se sienten saciados y no tienen hambre.

Basta con mantener un horario habitual en las comidas y controlar lo que pican entre horas para corregir este problema. En vez de snacks, refrescos y bollería industrial, mejor es que tome fruta fresca, frutos secos, zumos naturales y bocadillos.

Otro de los motivos por los que un niño puede mostrarse inapetente en verano es el relacionado con la salud, ya sea física o emocional. Si está agotado o le duele algo, lo más normal es que no quiera comer y se le quite el hambre. De igual modo sucede si tiene algún problema que ha afectado a su estado de ánimo, como un fallecimiento en la familia, un divorcio o una mudanza, entre otros. Lo más importante para detectar este tipo de problemas es observar a los pequeños de la casa y mantener una comunicación abierta con ellos para saber qué es lo que les sucede. Hay que saber preguntar, pero también hay que saber escuchar.

Alimentación infantil en verano

Hay una serie de pautas que puedes seguir para evitar que tus hijos pasen por un estado de inapetencia en verano o conseguir que lo superen si es que han caído en él. Una de las primeras es incluir en su dieta de forma habitual batidos nutritivos a base de leche o yogur y de frutas bien fresquitos. En el momento de la comida, opta por platos combinados y menús sanos en vez de uno o dos platos copiosos. Ensaladas, salmorejos, gazpachos, ensaladilla, macedonias de frutas, hummus y carnes y pescados a la plancha son estupendas opciones. Así que se eche un poco de ensalada y de gazpacho o carne, por ejemplo, y si quiere más puede repetir.

Si prefieres servir un plato único, las ensaladas de pasta o de arroz constituyen una opción estupenda. Los hidratos de carbono combinados con algún alimento proteico, como atún, huevo o pollo, les aportará toda la energía que necesitan.

Pero si hay algo importante por encima de todo lo demás es evitar que coma gominolas, chucherías, helados y bollería que harán que su estómago se llene y que, cuando llegue el momento de comer, no tenga hambre.

Relación con la comida

mano
Mano infantil con pan/Foto: Pixabay

Otro factor importante que debemos considerar es que somos nosotros los que influiremos en la relación con la comida que tienen los peques de la casa y que les condicionará en la vida adulta. Comer en familia debe ser agradable, una experiencia en la que disfrutar de platos, recetas y conversación; un instante en que nos sentamos a la mesa con una sonrisa y ganas de contar lo que hemos hecho o planear lo que vamos a hacer, sin olvidar las delicias que tengamos en el plato.

Que un niño se sienta querido, cuidado y protegido resulta fundamental para su desarrollo emocional, y esto es fundamental en el momento de las comidas. Hemos de enseñarle a comer bien, pero no debemos obligar a comer ni convertir ese instante en un momento de sufrimiento, aunque tampoco debe salirse con la suya y solo ingerir aquello que más le gusta.

Como siempre, lo mejor es predicar con el ejemplo. Que vea que nosotros también probamos de todo antes de decir que no nos gusta, que nos alimentamos de forma saludable y variada y que, si no tenemos mucha hambre, puede que no comamos mucha cantidad, pero sí lo necesario para nuestra salud.



Silvia Pato

Escritora y redactora gallega. Autora de los libros Las nueve piedras y El Libro del Único Camino, así como de numerosos relatos en revistas de género, colabora asiduamente con sus artículos y columnas de opinión en diversos medios digitales. Con la pasión y la curiosidad que la caracterizan, descubre el mundo a través de su historia, su cultura, sus lugares y sus gentes para difundir y compartir todo tipo de sensaciones y hallazgos. Porque todo viaje comienza con un solo paso.

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