La necesidad de un aval cuando la mayoría de las personas adquiere a plazos un bien de valor, como puede ser un piso o una casa, es tan habitual que, en casi todas las familias, hay casos en los que los padres avalan a algún hijo o sobrino. De igual modo, aquellos que forman parte de tu círculo íntimo, como pareja o amigos, cuando se encuentran en una situación económica más privilegiada, también es frecuente que actúen como avalistas. Pero ¿sabemos realmente lo que implica avalar a alguien?.

¿Somos conscientes de la letra pequeña y de todo a lo que nos comprometemos con ese hecho? Para que puedas responder que sí a estas preguntas, te explicamos qué tener en cuenta a la hora de avalar a un hijo o a un amigo. Luego, la decisión será solo tuya.

El contrato de aval

contrato
Fuentee: Pixabay

Un aval es un contrato con una garantía de cumplimiento por parte de una persona física o jurídica que asume la obligación de pagar la deuda de otra si esta no hace frente a ella. La finalidad del aval es dar seguridad a todo tipo de operaciones comerciales. Por ejemplo, si no pagas los plazos de tu hipoteca al banco, la persona que te ha avalado con su propia casa puede perder esta, ya que actuará como la garantía de pago y asumirá la obligación que a ti te corresponde y has desatendido.

Los intervinientes en un aval bancario son tres: el avalado, que es quien tiene que cumplir con el compromiso que adquiere y para el que necesita el aval (comprar piso, material de distribución, etc.); el beneficiario del aval, que es el acreedor que puede solicitar quedarse con el aval en el supuesto de que el avalado no cumpla con sus obligaciones; y el avalista, que es el titular del aval. El avalista puede ser una entidad financiera o un particular.

Tanto las entidades financieras que conceden préstamos como las administraciones públicas pueden exigir un aval. También se puede solicitar un aval en una transacción entre particulares.

Formato del contrato

firma
Fuente: Pixabay

El aval queda expuesto y consolidado en un documento firmado por todas las partes intervinientes. Se trata de un contrato privado en el que deben constar, entre otros, datos tales como la identificación del avalado, del beneficiario acreedor y del avalista, la duración, la exigibilidad de la garantía, los requisitos para solicitar la ejecución del aval, las condiciones de cancelación y las comisiones y gastos que deberá abonar el avalado. Fíjate bien en que consten absolutamente todos los detalles y posibles circunstancias futuras antes de firmarlo y, en caso de no tener muy claro su contenido, consulta a un abogado.

En todo momento debemos entender que, si avalamos a alguien, nos estamos comprometiendo a hacer algo en concreto (entregar un terreno, la casa, una cantidad económica, etc.), si esa persona a la que avalamos no cumple con su obligación ante la entidad financiera a la que ha pedido el préstamo. Por ese motivo, toda acción avalista acarrea riesgo, ya que esa tercera persona puede no afrontar o no atender sus obligaciones y verse obligado el avalista a cumplir con lo que se haya estipulado en el contrato de aval.

Así que vale la pena estudiar el caso con detenimiento, la solvencia y responsabilidad de la persona que nos pide que la avalemos, así como sus hábitos financieros, antes de tomar una decisión, además de conocer bien los riesgos que asumimos y las consecuencias que conlleva convertirse en avalista.

Riesgos de ser avalista

acuerdo
Fuente: Pixabay

Según el aval prestado, los riesgos tendrán unas u otras características, siempre para el caso de que el avalado no cumpla con lo que le corresponde. Por ello, si decides avalar a un familiar o a un amigo, debes tener clara cuál es la duración del aval, ya que lo habitual es que este no se extinga hasta que no desaparezca la obligación que ha asumido la persona avalada.

No obstante, también existe la modalidad de aval parcial. Es decir, se estipula un porcentaje o cuantía avalada, a partir de la cual desaparece la figura del avalista. Así sucede en los casos en que se estipula un aval parcial de un 80 % sobre un préstamo. Cuando su titular deba solo el 20 %, la obligación del avalista desaparecerá.

Además, también has de saber que la mayoría de los avales de préstamos cuentan con carácter solidario, es decir, el beneficiario del aval puede exigir que se cumpla la obligación a cualquiera de los otros intervinientes en el contrato: el avalista o el avalado.

Consecuencias de ser avalista

contabilidad
Fuente: Pixabay

Si decides avalar un préstamo, se te inscribirá en la base de datos de la Central de Riesgos del Banco de España (CIRBE). Figurar en ella puede influir en la posibilidad de que obtengas tus propios créditos, ya que se estudiará la situación de avalista que has adquirido.

Si una vez convertido en avalista, te ves obligado a responder de la deuda del titular del préstamo por impago y tú tampoco puedes hacerle frente, también entrarás en las listas de morosos, y existe la posibilidad de que te embarguen.

Tampoco debes ignorar que si asumes como avalista la obligación del avalado, podrás pedirle lo que hayas pagado más los intereses y gastos que se hayan generado.

Por último, otro dato a considerar para tomar la decisión de avalar a alguien tiene que ver con las herencias. Y es que en caso de fallecimiento del avalista, los avales se heredan, por lo que adoptar este papel no te incumbirá solo a ti, sino que también afectará a tus herederos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here