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Alejandro Sáez, miembro del equipo que fotografió el agujero negro: "Concreté en una imagen lo que había trabajado durante años"

El científico chileno explica cómo junto a otros 200 investigadores obtuvieron la primera imagen de estos desconocidos cuerpos astronómicos.

Alejandro Sáez, el científico chileno que participó en la obtención de la primera imagen de un agujero negro.

La ciencia se anotó un nuevo día histórico el pasado 10 de abril con la primera imagen de un agujero negro. El logro fue posible gracias a una red de ocho telescopios, la Event Horizone Telescope (EHT), que recogió y unificó cuatro millones de gigabytes de datos capturados a través de distintas antenas ubicadas en EE.UU., México, Chile, España y la Antártida. Un equipo internacional formado por más de 200 científicos analizó los datos durante dos años hasta obtener la foto de un agujero negro que se encuentra a 55 millones de años luz de la Tierra, en el corazón de la galaxia M87 de la constelación de Virgo.

Alejandro Sáez ha sido uno de los ingenieros participantes en el proyecto. Lo hizo desde el desierto de Atacama de Chile, donde hay uno de los cielos más limpios y secos del mundo. Allí se encuentra el telescopio del observatorio ALMA, compuesto de 66 antenas de alta precisión situadas a 5.000 metros de altitud, en el llano de Chajnantor. Con sólo 41 años, diez de ellos trabajando en el proyecto de la red EHT, Sáez fue una de las piezas del engranaje que logró mostrar al mundo un agujero negro: “Fue una satisfacción como nunca antes he tenido en mi vida profesional”, asegura.

¿Cuál es la importancia de conseguir la imagen de un agujero negro?

Previo a este anuncio, los agujeros negros se consideraban como una entidad matemática, una abstracción. Era la solución a una serie de ecuaciones, pero nunca se había observado. La importancia es haber observado efectivamente un agujero negro y pasar de un entendimiento conceptual a una entidad observable y tangible, percibido por los sentidos, lo que cobra una connotación de realidad.

¿Si no se conseguía su imagen, podía ponerse en duda la existencia de los agujeros negros?

Podría ser que no hubiese existido, o que tuviese otra forma. Además de observarlo, se pudo verificar que tenía la estructura que se había anticipado previamente.

¿Cómo fue el proceso?

En 2009 me invitaron a participar en este proyecto. Yo había trabajado en el correlacionador de ALMA, el computador que recibe la señal de todas las antenas, para convertir ALMA en una estación más de este proyecto del EHT. Luego, mi trabajo fue cambiando a lo largo del tiempo y del proceso. Cuando surge la idea de conectar ALMA a estos telescopios había que hacer una propuesta a nivel técnico y científico que tenía que ser evaluada. Me sumé al grupo de personas que generó esta propuesta, que fue aprobada.

¿Qué vino luego?

La segunda etapa fue concretar la modificación que necesitaba ALMA para conectarse a la red de telescopios. Uno de los cambios fue poner un reloj de calidad atómica, muy preciso y estable, para que se sincronizara con las otras estaciones. También le agregamos tarjetas electrónicas nuevas que fuesen capaces de tomar la suma de señales de las antenas, convertirlas en paquetes de datos y enviarlos a unos discos duros para almacenar la información. Fui parte del equipo que diseñó y programó estas nuevas tarjetas. La tercera etapa fue para validar y comprobar que podía hacerse la toma de datos sin que presentaran ninguna distorsión, que la calidad de su señal fuera la esperada. Finalmente, tuvimos el proceso de hacer la observación propiamente tal: tomamos datos y verificamos que estuvieron sanos, sin ninguna señal extraña.

Imagen del observatorio ALMA. / Ariel Marinkovic – ALMA (ESO/NAOJ/NRAO).

Imagen del observatorio ALMA. / Ariel Marinkovic – ALMA (ESO/NAOJ/NRAO)

¿Qué sintió cuando finalmente lograron obtener la foto esperada y cumplió un objetivo perseguido durante tanto tiempo?

Ha sido un proceso de 10 años, en tanto tiempo uno suele perder el foco del objetivo final porque te concentras en los problemas del día a día, avanzas en microobjetivos y olvidas el objetivo final de todo este esfuerzo. En lo personal, después de estar tanto tiempo enfocado en detalles, pasar a ver la imagen, fue una satisfacción como nunca antes he tenido en mi vida profesional, un motivo de mucha alegría. Concreté en una imagen todo lo que había trabajado durante años. Aunque se ve una imagen súper simple y puede haber gente que la considere difusa, fueron muchos años de esfuerzo para poder lograrlo. Para los que estuvimos involucrados es motivo de mucho orgullo.

¿El objetivo siempre fue lograr esa imagen?

Siempre, desde el inicio.

¿En algún momento sintió que no lograrían el objetivo?

Este proyecto fue muy especial porque, desde el primer momento, la concepción del proyecto se hizo de forma muy cuidadosa y concienzuda. Trazamos un camino que se siguió. Nunca sentí que nos alejáramos del camino o que tomáramos otro rumbo. Fuimos muy coherentes. Sin embargo, más que sentirnos en un callejón sin salida, creo que en algún momento hubo mucha ansiedad por ver la imagen y el resultado.

¿Cuál fue el principal aporte de ALMA?

Previo a que ALMA se incorporara a la red de telescopios, se habían hecho observaciones que daban cuenta de que se podía obtener la estructura del agujero negro, pero se requería mayor sensitividad. Es como fotografiar un árbol que está lejos y que un lente de 50 mm no te da el detalle: no hay duda de que el árbol está, pero no ves el follaje. Si, en cambio, usas un lente de 700 mm vas a ver el follaje tal cual tú lo habías anticipado. ALMA proveyó sensitividad, es decir, mayor capacidad de detectar una señal, y eso permitió obtener esa imagen. Sin embargo, la foto no se habría podido obtener sin el trabajo en red de los telescopios distribuidos en distintos lugares del mundo. Para hacer una tortilla se necesitan varios huevos, pues aquí cada estación puso un huevo.

El modelo de trabajo colaborativo entre países y entre profesionales de distintas disciplinas para lograr un objetivo común es otro de los logros del proyecto.

Sin lugar a duda, se tiene que potenciar firmemente el modelo de trabajo colaborativo, más allá de la ciencia. Hay muchos ámbitos de la actividad humana en la cual el trabajo colaborativo, sin duda, es benéfico. Cuando estaba en el colegio, el concepto de trabajo en equipo ni siquiera era un tema, sólo se potenciaban las habilidades individuales. Con el tiempo, me he dado cuenta que hubiese sido mejor haber potenciado el trabajo en equipo. Si creces con un enfoque hacia el trabajo colaborativo, desarrollas habilidades para poder trabajar sin que las distintas visiones, enfoques y culturas te afecten en tu objetivo. Habría que potenciarlo a nivel de educación básica porque el futuro va ligado al trabajo colaborativo.

Para ese proyecto se consiguieron fondos de 50 millones de dólares que proveyeron el Consejo de Investigaciones Europeo, la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos y agencias en el este de Asia. Son muchos los recursos que hay que invertir para lograr este tipo de descubrimientos, pero para los estados la inversión en ciencia no suele ser una prioridad.

En lo personal, considero que las decisiones respecto a cómo se gasta el presupuesto de una nación están fuertemente condicionadas por la coyuntura política y, lamentablemente, hay políticos que quieren tener un rédito a corto plazo. Invertir en ciencia no permite cosechar dentro de un mismo período electoral y esto va en desmedro de potenciar la ciencia. Es evidente que para el desarrollo de un país es necesario invertir en ciencia, pero se generan ciertos resquemores respecto a la cifra que se invierte. Me ha tocado escuchar y percibir cuestionamientos respecto al dinero que se entrega a la ciencia, argumentos tipo: "Tenemos problemas de desnutrición o de vivienda y se están destinando recursos para ciencia". Eso es porque no se logra dimensionar cuál es el retorno para la sociedad.

¿Qué hay que responder ante este argumentario?

El retorno de la ciencia no es cortoplacista y los problemas que se pueden plantear como contraparte, para objetar los fondos de ciencia son problemas que necesitan soluciones de corto plazo. Estamos mezclando dos dominios: invertir dinero en el largo plazo proyectándose hacia el futuro e invertir en los problemas inmediatos. La discusión puede ser un tanto tramposa. Por otro lado, nuestro estilo de vida es producto de los avances de la ciencia: los celulares y la tecnología de conectividad que proveen es producto de investigaciones que se hicieron muchos años atrás y que quizás en su minuto mucha gente la cuestionó y no le encontró el sentido.

¿Hubo algún momento en que el proyecto pudiera suspenderse por falta de recursos?

Que yo sepa, no.

¿Cuál ha sido el momento más difícil de todo el proceso?

Desde mi punto de vista, la toma de datos. En las fechas que se observó, teníamos ocho equipos trabajando coordinadamente desde distintas partes del mundo, ocho estaciones observando al mismo tiempo la misma fuente, todos al mismo instante. Había que tener en todos estos lugares del mundo el clima adecuado para poder observar, y ahí la suerte estuvo de nuestro lado.

Otra noticia que se vinculó a este descubrimiento fue que una mujer, Katie Bouman hubiera participado en el proyecto, en la creación del algoritmo que creó la imagen. Destacó por ser mujer en un mundo tradicionalmente muy masculinizado.

Todavía nos cuestionamos el hecho de que una mujer esté involucrada en ciencia, aunque creo que nos estamos moviendo en el sentido de que eso no sea tema, que no se cuestione que una mujer quiera ser ingeniera o astrónoma y un hombre educador de párvulos o enfermero. Sin embargo, es la evidencia de nuestros prejuicios y es difícil despercudirse de estas estructuras mentales. Lo que se consideró noticia fue que ella es mujer, cuando creo que la noticia es el trabajo que hizo. Ahora veo muchos movimientos feministas y generaciones más jóvenes que cuestionan estas estructuras mentales y eso lo encuentro muy positivo.

Además de la foto que se obtuvo, se esperaba también obtener la imagen de otro agujero negro: Sagitario A*, que se encuentra en nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, y está a 26.000 años luz de distancia de nuestro planeta. ¿Es éste el próximo desafío?

Esto y también mejorar la resolución del telescopio para obtener más detalles en la imagen.

Si este agujero negro está, en nuestra propia galaxia, ¿habría alguna posibilidad de que la Tierra se acercara a él y terminara arriesgando a ser absorbida?

Es una buena pregunta. Si esto le pudiese causar pánico a alguien, tenga la seguridad de que la raza humana no llegará a sobrevivir tanto como para cuándo podría pasar eso. La escala de tiempo en la que podría pasar no la sé, pero –por lo que he conversado con mis colegas astrónomos– nunca ha sido un tema o un problema eso. Los agujeros negros conforme van absorbiendo cosas van creciendo y aumentando su tamaño, pero hacer las matemáticas para saber en cuánto tiempo el tamaño será tal que absorba la tierra, escapa de mi.

¿Con qué otro hito de la historia de la ciencia podríamos comparar la importancia de la foto del agujero negro?

Muchos cientos de años atrás la gente veía el cielo y veía las estrellas como puntos. Un día Galileo construyó su propio telescopio, miró al firmamento y vio que esos puntos eran entidades que tenían estructura. Entonces las capacidades de observación se extendieron. Hubo un cambio. Lo mismo pasó cuando un óptico holandés inventó el microscópico: nuestros sentidos fueron más allá también entonces. En nuestro caso también llevamos nuestros sentidos y capacidad de visión a un paso superior. Se abrió un mundo de posibilidades para seguir estudiando en este dominio de los agujeros negros, se abren nuevos campos de investigación.