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En busca del casco de la memoria

Los estudios de la función eléctrica del cerebro se acercan al sueño de inventar una máquina que ayude a aprender

JAVIER YANES

Mientras los niños duermen, una voz repite frases que quedan grabadas a escoplo en sus cerebros. En su distopía Un mundo feliz, que dibujaba una sociedad tiranizada por la ciencia, Aldous Huxley plasmaba así uno de los avances que para el pensamiento de entreguerras estaban destinados a modelar la sociedad del futuro: la hipnopedia, el aprendizaje durante el sueño.

La viabilidad de la hipnopedia fue terreno de debate durante años hasta que quedó desacreditada gracias al desarrollo de la electroencefalografía (EEG). Esta técnica registra la actividad eléctrica del cerebro, que oscila en frecuencias desde menos de un hercio hasta más de 100. El espectro se divide en bandas de frecuencias crecientes llamadas delta, theta, alfa, beta y gamma.

En 1956, estudios de EEG permitieron a Charles Simon y William Emmons descubrir por qué la hipnopedia no podía funcionar: para memorizar durante el sueño, era necesario que el cerebro mostrase actividad alfa, una banda de frecuencia típica de la vigilia y que los sujetos mostraban justo antes de despertar.

Ciertos estímulos eléctricos en el cerebro potencian la memoria

En su trabajo, publicado en Science, los investigadores concluían: "La relación de alfa con la vigilia y de delta con el sueño, y la probabilidad de responder y recordar sólo cuando alfa está presente, niega las opiniones populares de que aprender durante el sueño es posible".

Sin embargo, el profesor de psiquiatría de la Universidad de Pensilvania, Frederick Evans, afirmaba en una recopilación de estudios sobre hipnosis publicada en 1972 que la hipnopedia fue "ampliamente practicada en los países soviéticos". La hipnopedia tenía un marcado interés estratégico a ambos lados del telón de acero: tanto Simon y Emmons como Evans investigaban en EEUU con fondos militares.

El baúl de los recuerdos

El estudio de las ondas cerebrales clausuró la hipnopedia, pero abrió otra puerta a la memoria. Diversas pruebas atribuyen al sueño un papel esencial en la consolidación de lo aprendido. Las responsables son las ondas lentas, una actividad delta que caracteriza la fase de sueño profundo. Hace tres años, un equipo de la Universidad alemana de Lübeck publicó en Nature que estas ondas lentas conforman la llave del baúl de los recuerdos.

Según un experto, la máquina para memorizar es

Aún más; los investigadores, dirigidos por el neuroendocrinólogo Jan Born, lograron potenciar artificialmente esta capacidad aplicando un estímulo eléctrico de onda lenta al cerebro de los voluntarios mientras dormían. El trabajo de Born incita a la especulación sobre la manipulación eléctrica del cerebro para el aprendizaje pasivo. Born se confesaba atraído por la posibilidad de que su descubrimiento pudiese ayudar a los estudiantes en víspera de examen o a los afectados por trastornos, pero dudaba de la persistencia del efecto y de posibles daños secundarios.

La última vía hacia el control eléctrico de la memoria la abre un reciente estudio de otro grupo alemán en la revista PNAS. La clave es la onda theta, típica del duermevela que conduce al sueño y que en animales se ha asociado al estado on-line del hipocampo, una sede cerebral de la memoria. Born no detectó mejoras estimulando en theta durante el sueño, pero el nuevo estudio de Sebastian Guderian, hoy en el Instituto Nacional de Salud de EEUU, trabaja con sujetos despiertos. Estos recordaron mejor los datos presentados durante una fase theta.

¿Un casco eléctrico que estimule en theta durante el estudio y en delta al irse a la cama? "No es tan simple", dice Guderian a Público, pero apunta que "se está trabajando en registrar esta actividad, visualizarla en un monitor y tratar de manipularla para mejorar la memoria, quizá aplicando estímulos cortos". ¿Llegará a existir la máquina de memorizar? "¿Es teóricamente posible? Sí. ¿Estamos cerca? No", concluye Guderian.

Pero que nadie espere una máquina al estilo Matrix para aprender a pilotar al instante; los experimentos se refieren sólo a datos y palabras, como reflejó Huxley en su ficticia hipnopedia: en Un mundo feliz, un niño recitaba: "El Nilo es el río más largo de África...". Pero cuando le preguntaban: "Tommy, ¿cuál es el río más largo de África?", el niño respondía sollozando: "No lo sé".