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Cambio climático El cambio climático lleva al Pirineo al agotamiento de su modelo de turismo de nieve

Los planes del Gobierno de Aragón para financiar con cargo a los fondos de recuperación de la UE la ampliación de varias estaciones y el debate sobre una eventual candidatura a los juegos olímpicos de invierno de 2030, cuando todas las previsiones apuntan a una reducción de la nieve por el calentamiento global, despiertan recelos en la montaña.

El esquí ha sido uno de los motores económicos del Pirineo en los últimos sesenta años.
El esquí ha sido uno de los motores económicos del Pirineo en los últimos sesenta años. Aramón, sin fecha

"Cuando llegó el turismo, la ganadería ya estaba aquí. El turismo ha restado algún prado para construir apartamentos que están casi todo el año vacíos, pero también ha permitido que la gente se quedara y que crezca la población. Aunque depender solo de eso y no diversificar tiene riesgos, como se vio con la pandemia", explica Pablo Lamora, que gestiona con su hermano una explotación de ternera y de vaca de pasto para venta directa en Villanova (Huesca), a apenas quince kilómetros por carretera de la estación de esquí de Cerler, cuya unión con la proyectada en Castanesa daría lugar a uno de los mayores dominios esquiables de Europa con más de 80 kilómetros de pistas.

Hay otros dos proyectos en marcha para ubicar en el norte de Huesca otra macroestación conectando primero las de Astún y Candanchú, de propiedad completamente privada, para después enlazarlas con la de Formigal, integrada como Cerler y Panticosa en el hólding semipúblico Aramón que forman el Gobierno de Aragón e Ibercaja. Sumarían 220 kilómetros de pistas.

La apuesta del Gobierno de Aragón, y del estatal, por estos proyectos es clara

La apuesta del Gobierno de Aragón, y del estatal, por estos proyectos es clara, tal y como muestra el hecho de destinarles 26,1 de los 30,7 millones de euros de la primera partida de los fondos Next Generation de la UE para turismo que va a recibir la comunidad: ocho millones para poner en marcha Castanesa, 10,1 para que el Ayuntamiento de Benasque instale un teleférico hacia Cerler y otros ocho para que la Mancomunidad del Valle del Aragón ejecute la unión de Astún y Candanchú, según explica el consejero del ramo, Arturo Aliaga, en su respuesta a una pregunta parlamentaria del diputado autonómico de IU, Álvaro Sanz, que quería saber "qué criterios se han tenido en cuenta para justificar la sostenibilidad ambiental" de las macroestaciones.

La de Cerler-Castanesa afecta a uno de los valles que hasta ahora se habían librado del turismo industrial pese a su cercanía, o quizás por ella, a las estaciones catalanas de Boí-Taüll y Baqueira-Beret, mientras que el enlace de Astún-Candanchú con Formigal amenaza parajes como el volcán de Anayet y dos de los últimos ríos salvajes del Pirineo como la Canal Roya y la Canal de Izás.

Esos impactos y las previsiones que apuntan a una elevación de la isoterma de cero grados hasta los 3.000 metros y a una reducción de las precipitaciones, es decir, a que caiga menos nieve y a mayor altitud, tal y como anuncia el declive de los últimos glaciares, forman un cóctel que sitúa a la cordillera, especialmente a su tramo central, ante el abismo económico del agotamiento del modelo de turismo industrial que ha funcionado en los últimos sesenta años, una expectativa que contrasta con el posicionamiento institucional a favor del esquí como principal apuesta para el Pirineo, reforzado por la tormentosa gestación de una eventual candidatura a los juegos olímpicos de invierno de 2030 entre los gobiernos de Aragón y de Catalunya que no acaba de cuajar.

El año que la nieve ya tuvo que llegar en camión

Ese paradójico panorama sucede mientras la escalada de los precios de la energía comienza a convertirse en otro serio lastre para las cuentas de resultados de las estaciones y mientras sigue sin haber un plan B en previsión de que sigan confirmándose unas previsiones climáticas que este invierno, por primera vez, hicieron que la nieve llegara a ser transportada en camiones para asegurar su presencia en las zonas bajas de Formigal, informó Heraldo de Aragón. Los cañones de innivación artificial resultaron insuficientes para crear una capa esquiable.

El Ministerio para la Transición Ecológica pronostica a medio plazo reducciones de la duración de la temporada cercanas al 40% en un escenario de calentamiento como el actual en el Pirineo

"El turismo relacionado con los deportes de invierno es el que se está viendo ya más afectado, especialmente en el caso de las estaciones de esquí a cotas más bajas por la falta de nieve, situación que es previsible que se agrave incluso con escenarios climáticos más moderados", señala el informe sobre Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España del Ministerio para la Transición Ecológica, que pronostica a medio plazo reducciones de la duración de la temporada cercanas al 40% en un escenario de calentamiento como el actual en el Pirineo.

"Las estaciones españolas por debajo de los 2.000 metros podrían desaparecer o reconvertirse hacia otras modalidades turísticas por falta o escasez de nieve", advierte el documento, que sitúa la frontera de la viabilidad en la existencia de un manto de 30 centímetros de espesor durante cien días. Solo Cerler y parcialmente Astún y Formigal superan esa cota en el Pirineo aragonés.

"Los planes para el Pirineo parecen más relacionados con el movimiento de dinero que con el desarrollo sostenible. El asunto de la nieve es clave y limitante, y no se puede hacer una inversión de esa magnitud para una actividad a la que le va a faltar el elemento fundamental. Es un error plantear un monocultivo turístico basado en el esquí", explica Juantxo López de Uralde, líder de Alianza Verde y diputado de UP, que hace unos días participó en una charla sobre el tema con la Plataforma de Defensa de las Montañas, la coordinadora ecologista que canaliza la oposición a esos proyectos Uralde sostiene que "los proyectos de unión de las estaciones no cumplen las condiciones" para acceder a los fondos de la UE, ya que "no parece que puedan ayudar a conservar la biodiversidad".

Los proyectos no parecen a fecha de hoy viables sin esa financiación comunitaria dada la situación de las empresas promotoras: Aramón ha acumulado en las dos primeras campañas afectadas por la pandemia pérdidas por 17,2 millones de euros, parcialmente compensadas por unas devoluciones de Hacienda por casi seis mientras el valor de los terrenos de Castanesa han perdido dos tercios de su valor al aparecer anotados por 6,9 cuando pagó por ellos 21,5, mientras Candanchú y Astún necesitaron sendos préstamos del Gobierno de Aragón por dos millones y 600.000 euros para poder iniciar esta campaña.

Menos nieve y a mayor altura

Ese cuadro financiero y ambiental de debilidades y amenazas sitúa al Pirineo oscense, como al resto de la cordillera, ante la necesidad de explorar fortalezas y oportunidades para afrontar un futuro inminente de cambios que se presentan como inevitables.

"Desde la Administración hay que parar y reflexionar, nos acercamos a un punto de no retorno o que va a ser muy difícil de revertir", explica Alberto Bernués

Eso ya ha ocurrido en otras zonas de montaña y de media montaña tanto en Aragón, como ocurrió con los deportes de aventura en La Galliguera pese a la amenaza del pantano de Biscarrués o con las rutas de bicicleta en el Sobrarbe, como en Madrid con el cierre de la estación de Valcotos, en Peñalara, y en la divisoria de León y Cantabria con el abandono del proyecto de la de San Glorio, donde, aunque de manera todavía incipiente en el último caso, el turismo activo y de naturaleza ocupa el espacio del esquí.

"Desde la Administración hay que parar y reflexionar, nos acercamos a un punto de no retorno o que va a ser muy difícil de revertir", explica Alberto Bernués, director del CITA (Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria) de Aragón, consciente de que "la nieve cada vez va a ser más escasa y va a estar a mayor altura", algo que, al mismo tiempo, abre la puerta a "alternativas en el ámbito agroalimentario y en el forestal. Hay que cambiar el modelo agroalimentario de producción y de consumo, y enlazar con la economía circular. Por ahí va a ir el futuro, queramos o no".

En este sentido, destaca cómo la migración de cultivos hace que comience a haber frutales y vid en el Pirineo, donde las menores temperaturas invernales comienzan a convertirse en una ventaja frente a determinadas zonas del llano para algunas variedades, especialmente de manzana y de pera.

"No podemos depender de factores externos"

Paralelamente, van surgiendo en unos casos y asentándose después de años en otros pequeños negocios locales de agroalimentación en el Pirineo, más de un centenar de ellos estructurados en torno al programa Mincha d'Aquí (come de aquí, en aragonés), que tras la sequía de visitantes provocada por los confinamientos pandémicos está abriendo rutas para llevar esos productos a la ciudad.

Las consecuencias del calentamiento global sobre el esquí son notorias

"Aquello de que en el Pirineo solo se podía producir mermelada o vivir del esquí no es cierto. Hay mucha variedad y diversificación", señala Lamora, uno de esos productores, que destaca que en la montaña "hay muchas posibilidades de producción agroalimentaria, porque la tierra no está agotada ni tan contaminada por fertilizantes y fitosanitarios como en las zonas de producción intensiva del llano".

En su caso, la pandemia supuso un punto de inflexión. "Esto había crecido tanto que se quedó paralizado, porque la mayoría de la gente vivía del esquí. Se había dejado de lado la producción, pero nos dimos cuenta de que no podemos depender de factores externos", recuerda.

Arriel Domínguez, que lleva dos décadas produciendo queso artesano en Villanúa, a los pies de Candanchú y Astún, se pronuncia en términos similares. "Más allá de que vivamos del turismo, quizás no sea necesario seguir ampliando las estaciones y las zonas urbanizadas", plantea, ya que aunque "el crecimiento ha sido épico durante varias décadas en algunas zonas del Pirineo, donde se ha trabajado mucho y muy bien, ese pasado dorado del que venimos se ve cada vez más oscuro". Entre otras causas, por las consecuencias del calentamiento global sobre la actividad que operaba como tractor del resto del sistema productivo, el esquí.

"Aquí hubo una lógica de 'primera línea de nieve'"

Domínguez se muestra crítico con el monocultivo del esquí. "No me da vergüenza vivir del turismo ni criticar este modelo de desarrollo", explica, en el que "la explotación de una estación rara vez es rentable"  por sí sola, sin ladrillo, y en el que "las ampliaciones sirven para tapar los malos resultados de años anteriores con la nueva financiación".

"No me da vergüenza vivir del turismo ni criticar este modelo de desarrollo", explica Domínguez

"Hablamos de turismo, pero desde el punto de vista económico históricamente ha habido un binomio turismo/construcción que tiene su origen en los años 60 con el desarrollismo, cuando se extiende la lógica de la costa y se abren calles y plazas y se construyen residencias para los que vienen", explica. "Aquí la lógica de la primera línea de playa se cambia por el primera línea de nieve, por el a pie de pista", añade.

Lamora, por su parte, advierte de que "reventar el valor real del Pirineo entraña riesgos. Lo que tiene de bueno es la pureza de las montañas, y llenarlas de hierros es pan para hoy y hambre para mañana". En ese sentido, anota, "se puede ganar dinero con un turismo que respete la montaña y con gente interesada en disfrutarla sin hacer destrozos".