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Celulosa intacta en sal de 253 millones de años

La fibra vegetal podría usarse como indicador de antigua vida en otros planetas

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Una prospección en depósitos de sal de 253 millones de años de antigüedad ha obtenido un preciado tesoro: microfibras de celulosa, el material estructural de plantas, bacterias y algas. Se trata de la macromolécula biológica más antigua jamás descubierta, superando los fragmentos de proteína de 68 millones de años que se encontraron en fósiles de un tiranosaurio.

El hallazgo, publicado en Astrobiology, es obra del microbiólogo Jack Griffith, de la Universidad de Carolina del Norte (EEUU). Griffith investigó en un recinto diseñado originalmente para otra función: un cementerio nuclear que el Departamento de Energía de su país construyó cerca de Carlsbad (Nuevo México), y donde los residuos procedentes de la investigación y producción de armas atómicas se enterraron en cuevas excavadas a 700 metros bajo el suelo. La elección del lugar se basa en que las cualidades plásticas de la sal, presente a esa profundidad, le permiten cerrar cualquier grieta que aparezca en el terreno, eliminando la posibilidad de filtraciones.

En las burbujas de la roca de sal, Griffith halló microfibras de celulosa de 5 nanómetros de grosor, aisladas o formando lianas y tapetes. “Es como la celulosa actual”, señala Griffith; “parece celulosa, se comporta como celulosa, se corta con las mismas enzimas que la celulosa y está muy intacta”.“La celulosa es como la casa de la bacteria, el biofilm que la rodea. Las plantas adoptaron la celulosa como entidad estructural, y los insectos la cambiaron ligeramente para hacer la quitina con la que fabrican su esqueleto externo”, dice Griffith. La celulosa es una cadena derivada de unidades de glucosa –la moneda energética universal de los seres vivos– que existe en la Tierra al menos desde la aparición de las cianobacterias, hace 2.800 millones de años.

La resistencia de esta fibra aconseja, según Griffith, buscar su posible presencia en bolsas de sal –como las halladas recientemente en Marte– para rastrear la huella de vida pasada en otros planetas. El científico apunta que la celulosa resiste mejor la degradación por exposición a radiación que otras biomoléculas como el ADN.