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Ciencia ciudadana "Queremos saber por qué las comunidades desfavorecidas no participan en la ciencia"

La científica Karen A. Purcell lleva 20 años liderando proyectos de ciencia ciudadana con grupos marginados. Los temas que aborda su grupo van desde la conservación mundial de aves hasta la contaminación acústica.

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Karen A. Purcell durante su visita a Madrid / Álvaro Muñoz Guzmán / SINC

Karen A. Purcell y su equipo del Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell (EEUU) trabajan en comunidades vulnerables y lo hacen codo con codo con sus miembros. Organizan talleres para los líderes comunitarios y los jóvenes de bajos recursos, crean guías y materiales educativos fruto de sus investigaciones y generan datos para cambiar políticas públicas. El objetivo que persigue con esta forma de trabajar, colaborativa y basada en el beneficio común, es contar con las propias comunidades a la hora de diseñar sus investigaciones para que sean inclusivas y equitativas.

¿Con qué comunidades está trabajando en la actualidad para sus proyectos de ciencia ciudadana?

Tenemos en marcha un estudio con grupos de México y EE UU sobre por qué las comunidades desfavorecidas no están implicadas en la ciencia. Lo fundamental en esta investigación es pasar tiempo en la comunidad que queremos que se involucre, porque lo fácil es pensar que somos inclusivos y que no existen barreras, pero si no están participando, algo no estamos haciendo bien.

¿Cuál es el método que utilizan para llegar a las razones de esta exclusión?

Trabajamos con 15 organizaciones que representan a diversas comunidades que se denominan ICBOs, organizaciones independientes basadas en la comunidad. Un producto importante que hemos cocreado es el marco para informar a académicos y a profesionales que desean aumentar la participación de diversas audiencias en la ciencia ciudadana. Asimismo, formulamos un modelo para desarrollar colaboraciones equitativas a largo plazo entre instituciones científicas y organizaciones comunitarias que trabajan con comunidades marginadas.

Una de las conclusiones de este estudio es que los miembros de las comunidades tienen que ir ‘pisando huevos’. ¿Qué quiere decir esto?

Las comunidades, al recibir fondos de instituciones como las nuestras, no lo hacen de forma equitativa; el racismo institucional existe. Los miembros de las organizaciones comunitarias deben ir con mucho cuidado y sienten que no pueden ser sinceros del todo con sus socios cuando observan ese racismo institucional por miedo a que dejemos de contar con ellos. Yo podría decidir trabajar con otros grupos, tengo esa capacidad para trabajar con quien quiera.

Si tradicionalmente se han visto excluidas de los estudios científicos. ¿Cómo acceden a la financiación?

Existen consorcios, pero creo que deberíamos incluir fondos para comunidades que no tengan la habilidad de postular de la misma manera que nosotros. El sistema entero tiene que cambiar y eso va a llevar tiempo. En mi universidad, yo tengo todo tipo de apoyos si quiero solicitar un proyecto: administrativo, acceso a literatura científica, etc. Las comunidades con las que yo trabajo no tienen esas facilidades. Desde las instituciones debemos abrir las puertas e invitarlos a formar parte de las redes de trabajo.

En su presentación en este foro hablaba la necesidad de 'pedir permiso' a estas ICBOs para hablar de los resultados de sus investigaciones. ¿Cómo es eso?

Porque las ICBOs tienen una filosofía diferente a la ciencia tradicional. Por ejemplo, yo esta semana que venía a hablar aquí a Madrid y pedí permiso para explicar el trabajo que estamos haciendo juntos es por una cuestión de transparencia. No consiste en que yo llegue ante este foro y me beneficie de los resultados de un trabajo colaborativo. En el mundo académico tradicional yo puedo sacar partido del trabajo que han hecho otros.

Imagino que estos grupos de investigación no tienen la misma disponibilidad que un científico que se dedica 100 % a este trabajo. ¿Qué trabas se encuentran además de la económica?

Desde nuestra experiencia, lo mejor para trabajar con ellos es mostrarles cómo estos estudios van a beneficiar a las comunidades más desfavorecidas. Así se puede justificar el trabajo y el sacrificio que hacen para participar. También es importante ponerse en el lugar del otro: si tenemos un horario pero ellos prefieren hacerlo a las diez de la noche, hay que tenerlo en cuenta. Es fundamental estar en conversación permanente, encontrar soluciones juntos y adaptarnos a sus realidades.

¿Qué herramientas de trabajo utilizan?

Grabamos todas las reuniones y las tenemos siempre accesibles. También nos comunicamos a veces a través de Messenger o Facebook, no siempre es de la manera formal. Hay que abrir los oídos y flexibilizar la forma de hacer las cosas.

Su grupo de investigación está centrado en la ornitología, ¿qué proyectos tienen en marcha con estas comunidades y las aves?

En 2016, lanzamos una serie de proyectos en Latinoamerica 'Celebra Las Aves'. Incluimos la ciencia ciudadana centrada en dieciséis especies de aves regionales, apoyado por una 'Guía de Acción' y otros materiales educativos. Los proyectos y los materiales se cocrean a través de las plataformas ZOOM, WhatsApp y Facebook durante medio año, luego se lanzan a través de un taller y se realizan pruebas piloto, con reuniones mensuales para obtener comentarios y comunicación diaria.

¿Qué es lo que han conseguido?

Nuestro objetivo es comprender mejor cómo las prioridades del Laboratorio de Ornitología de Cornell y las de las comunidades se superponen, se conectan y se alinean, para que podamos ser más efectivos en la conservación de la biodiversidad y las aves. Finalmente, estamos cocreando una 'Guía de Aviturismo sostenible' con colaboradores de Perú, Colombia, Costa Rica, México y Chile. Esperamos que la guía esté completa en mayo para hacer un piloto en Perú y México.

Además, han iniciado recientemente otro proyecto de ciencia participativa sobre contaminación acústica a escala mundial gracias a una subvención de 2,5 millones de dólares. ¿En qué punto están tras seis meses de trabajo?

Lo primero era definir qué es la contaminación acústica, cómo se percibe y cuáles son las experiencias de cada comunidad. En algunas, por ejemplo, el ruido tiene valor, es un símbolo de estatus. En otras se han acostumbrado tanto al ruido que lo consideran normal y no lo ven como un problema. Ahora necesitamos entender qué datos hay que recolectar para poner en marcha la siguiente fase con una aplicación. Es fundamental saber cómo se hacen las políticas en las regiones y si se están aplicando.

¿Qué es lo que quieren conseguir con esta investigación?

La idea es encontrar datos para que los ciudadanos  tengan conocimientos y decidan sobre las leyes

La idea es encontrar datos para darle a cada comunidad la capacidad de cambiar las leyes. También educar para que reconozcan el problema y sus consecuencias en la salud, y hacerlo de forma que enganche, con cómics, a través del arte o de vídeos que vienen de la comunidad misma. Estamos recibiendo solicitudes de varios países que se quieren unir, pero como queremos pagar equitativamente, ahora mismo no podemos hacerlo muy grande.

Otro proyecto importante que lidera su grupo en el Laboratorio de Ornitología es e-Bird ¿Cómo ha evolucionado desde sus inicios?

Si uno se fija en los números de e-Bird y la gente que participa, se puede ver que los datos que han aportado los ciudadanos desde países de todo el mundo abarcan el 98 % de las especies de aves ¿Cuántos científicos se necesitarían para lograr eso? La ciencia ciudadana tiene esa capacidad de incluir a todos. Tenemos mapas y datos en abierto que de otra forma no existirían.

Además de datos en abierto, usted cree que es necesario que los resultados científicos lleguen a más gente ¿Qué otros formatos se pueden utilizar para difundir las conclusiones de los científicos?

Se pueden utilizar las artes, porque nos fuerzan a buscar las partes esenciales de dicho estudio. Cuando eliminamos todo el lenguaje extraño, detectamos qué estamos tratando de decir y lo transferimos a las artes, hacemos un ejercicio que nos hace bien a todos. Quizás pueda parecer ridículo mostrar un resultado a través de las artes, pero la gente lo recuerda.

¿Podría darme algún ejemplo?

Por ejemplo, vas a una sesión de posters científicos, te pones a leer y te quedas dormida en la primera parte, ¡son terribles! Hay que cambiar eso para que se incluyan los elementos que se deben reflejar, pero no todos de la misma manera. Es necesario publicar los resultados en términos científicos para que una comunicación sea aceptada por la comunidad, pero hace falta un poco más de flexibilidad.

Por último, ¿cómo se revisa la validez de las conclusiones en trabajos de ciencia ciudadana?

Es una combinación de cosas. Tiene que haber una revisión por la comunidad que participa y una revisión científica. Además, en nuestros estudios existen diferentes maneras de comunicarse con los grupos: por escrito, utilizando términos científicos, pero también adaptándonos y redactando de una manera que se entienda mejor y sea más entretenido.