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Cinco millones de picaduras de serpientes

La OMS ha declarado enfermedad olvidada la mordedura de estos reptiles, que mata hasta a 125.000 personas al año

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El temor a las mordeduras de serpientes, uno de los miedos ancestrales de la especie humana, está muy lejos de ser vencido. A pesar de que las toxinas de estos reptiles llevan siglos minando las poblaciones de muchas de las zonas más pobres del planeta, no ha sido hasta abril de 2009 que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado las picaduras de serpiente como enfermedad olvidada, junto a otras patologías mucho más conocidas como la malaria o el dengue.

La prestigiosa revista The Lancet recoge en su última edición un artículo especial sobre este asunto, en el que destacan dos conclusiones: en primer lugar, que las serpientes siguen siendo un peligro importante y, en segundo, que hay que aumentar los esfuerzos tanto en la prevención de las mordeduras como en el desarrollo de antídotos una vez que estas suceden.

La complejidad de los venenos dificulta el diseño de antídotos

Una de las razones por las que hasta la fecha no se ha reconocido la amenaza real que suponen los ataques de serpientes es por la falta de datos fiables sobre la incidencia del problema. El autor del artículo, el investigador de la Universidad de Oxford (Reino Unido) David Warrell, recoge los datos de los diferentes estudios epidemiológicos realizados en todo el mundo, que cifran el número de muertes achacables a estos venenos entre 40.000 y 125.000 al año. Esta última cifra, que el autor considera la más ajustada a la realidad, sería el resultado de alrededor de 5.400.000 mordeduras de serpiente al año, de las que resultarían 2.500.000 envenenamientos y los fallecimientos mencionados.

Para poder abordar el problema de los ataques de serpientes con la seriedad que merece, es imprescindible conocer la zoología de estos animales. Y, de nuevo, hay dos características que destacan: el elevado número de especies de serpientes -2.650 con capacidad de inyectar o inocular veneno- y su gran expansión geográfica. Así, Warrell explica que las serpientes venenosas se localizan prácticamente en todos los países del mundo, exceptuando las regiones polares. En España, existen cinco serpientes venenosas, tres víboras y dos culebras, distribuidas por toda la geografía, pero las muertes por esta causa son anecdóticas.

Su captura es perjudicial porque controlan las plagas de roedores

Además, se han encontrado estos reptiles en alturas que oscilan desde el nivel del mar a más de 4.000 metros. Algo similar sucede con las serpientes marinas, que se han localizado hasta a 100 metros de profundidad. El problema dista mucho de ser nuevo, ya que se han encontrado fósiles de serpientes venenosas que datan del Mioceno inferior, hace más de 15 millones de años.

Uno de los mayores problemas es que el veneno de estos animales es el más complejo de todos los de la naturaleza y afecta a áreas cruciales del organismo humano, como los sistemas nervioso, cardiovascular y hemostático (el que regula la sangre), además de provocar necrosis o muerte de los tejidos. La mayoría de las neurotoxinas se acoplan a sus receptores con elevada afinidad, lo que, según señala el artículo, hace muy difícil revertir la parálisis que provocan con un antídoto.

Los intentos para acabar con el peligro que representan las serpientes han sido variados a lo largo de la historia. En EEUU, India, Pakistán y Birmania se intentó ofrecer recompensas para los cazadores de las especies más venenosas que, inicialmente, fueron exitosos. Con el tiempo, sin embargo, se vio que esta medida no sólo era perjudicial por razones ecológicas, sino que, además, los reptiles jugaban un importante papel en el control de los roedores. Así, debido a esta iniciativa, algunos campos fueron arrasados por ratas.

Según el autor del trabajo, la clave para acabar con el problema reside en la educación de la población, que debe basarse 'en el conocimiento de las circunstancias en las que ocurren la mayoría de las mordeduras, los hábitats preferidos de las especies más peligrosas y sus periodos de máxima actividad'. Así, por ejemplo, la temible serpiente krait cuyo veneno es 15 veces más potente que el de una cobra ataca casi exclusivamente de noche a las personas que duermen en el suelo de sus casas. Una medida tan simple como el uso de mosquiteras ha logrado reducir sus ataques en una zona de Nepal.

Pero Warrell considera que también hace falta investigar más en antídotos. Además, cree que los organismos internacionales deben involucrarse más en la lucha contra las serpientes. La decisión de la OMS de definir este problema como enfermedad olvidada puede ser, a su juicio, el principio de una nueva batalla.