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El día que murió Napster

PATRICIA FERNÁNDEZ DE LIS

La idea nació cuando murió Napster. En su casa de Vallecas (Madrid), Pablo Soto se pasaba las noches en vela, bajándose música y contemplando cómo agonizaba la revolucionaria red de intercambio de archivos, víctima de los embistes de la industria y de la ambición de sus accionistas. Soto conocía bien Napster. Fue uno de los primeros 300 usuarios de una red que llegaría a tener más de 100 millones. Así que cuando el proyecto de Shawn Fanning murió, nació el de Pablo Soto.

Al principio fue poco más que una broma. Su primera creación se llamó MP3bytheface.com, “mp3 por la cara”. Pero las diversas web que componía la red descentralizada de MP2P, como Blubster y Piolet , llegaron a tener millones de usuarios. Todo, controlado por los ordenadores del piso de Vallecas hasta que, muy poco después, Soto se independizó y se mudó con sus PC y su batería (también es músico) a un apartamento cercano a la zona de Conde de Casal.

Listo, brillante, ambicioso, increíblemente maduro para su edad y mejor formado que muchos licenciados a pesar de no haber pisado la universidad, Soto fue también el impulsor de P2P United, un lobby que se dedica a denunciar ante los políticos de Washington la estrategia de las discográficas de acosar a los emprendedores más inteligentes, meter miedo a los techies más brillantes y denunciar a los jóvenes consumidores del futuro.

“Yo soy sólo un tipo que ha desarrollado un software y que está intentando rentabilizarlo", explicaba Soto en una entrevista en El País, en el año 2003. "No tengo miedo a que me metan en la cárcel”.

La demanda de Promusicae no sólo no llevará a Soto a la cárcel, sino que es improbable siquiera que le siente en un banquillo. Logrará convertirle en un mártir y dar publicidad a su nuevo proyecto, Omemo. Una vez más, la industria pierde el tiempo, el dinero y los papeles con la vana esperanza de anular a los emprendedores, los techies y los consumidores del futuro.

Es un día triste para el mundo de la música, pero no para el de la tecnología. Si Promusicae logra hundir a Pablo Soto, los cientos de chavales que, rodeados de ordenadores, contemplen su caída, estarán dispuestos y preparados para ponerse en su lugar.