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La dieta hace al hombre

Un experimento muestra la influencia de la alimentación en las diferencias entre chimpancés y humanos

DANIEL MEDIAVILLA

El menú de chimpancés y humanos es muy distinto. La dieta del ser humano es más calórica e incluye una cantidad mucho mayor de carne y grasas. Además, cocina los alimentos. Estas diferencias son, en parte, responsables del singular camino evolutivo de la especie humana. Sin embargo, la influencia de la dieta en las diferencias genéticas y fisiológicas entre estos dos tipos de primate no es muy conocida.

En un artículo publicado esta semana en la revista PLoS ONE, un grupo de científicos de instituciones alemanas ha realizado un experimento con ratones para saber más sobre estas diferencias. Los investigadores tomaron ratones de laboratorio y les dieron cuatro tipos de alimentos: comida de ratones, comida de chimpancés, la comida que los científicos toman en el restaurante del instituto y menús de McDonalds. Tras dos semanas, examinaron la expresión de los genes en el cerebro y en el hígado. Los resultados –en el hígado, aunque no en el cerebro– entre los ratones que habían seguido la dieta humana y los que consumieron la de chimpancé fueron muy distintos. El 10% de los genes que se expresan de manera distinta entre humanos y chimpancés hicieron lo propio entre los roedores que siguieron sendas dietas.

En la evolución humana existen pruebas de la influencia de la cultura sobre los genes. Como explica el investigador de la Universidad Pompeu Fabra Carles Lalueza-Fox, “un ejemplo es la capacidad de digerir la leche que mantienen las poblaciones adultas de Europa y algunos sitios de África que domesticaron ovejas o vacas”. En otras poblaciones, sólo los niños pueden digerir la leche. Sin embargo, donde había leche disponible, cuando se produjo una mutación que permitió el mantenimiento de la enzima que digiere este alimento, el cambio se seleccionó de manera positiva.

La influencia entre cultura y cambios genéticos es bidireccional. “El cerebro humano, que requiere mucha energía, no apareció hasta que hubo acceso a la carne y la grasa que permitió mantenerlo; y por otro lado, cuanto más creció el cerebro, fue posible una mayor cooperación que mejoró la caza y proporcionó una alimentación más energética, para que el cerebro creciese más”, concluye Lalueza.