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Una fábrica en el manglar

Un complejo petroquímico amenaza el mayor ecosistema pantanoso del mundo en India

ELISA RECHE

Al adentrarse en el municipio indio de Haldia, 50 kilómetros al suroeste de la ciudad de Calcuta, el paisaje cambia bruscamente. Los interminables arrozales y la espesa vegetación dan paso, súbitamente, a enormes fábricas de la zona industrial situada cerca del puerto, cerca de la desembocadura del río Hooglhy y al mayor manglar del mundo. El aire se vuelve irrespirable por el hedor.

Un grupo de mujeres escarba en el suelo, en busca de arena útil para la construcción. Grupos de chabolas rodean las refinerías y los tanques de petróleo, y el calor también se torna más agobiante. El paisaje es una hilera de fábricas y, a sus pies, barcos de pescadores tratan de pescar con sus redes sin gran éxito.

Frente a este cinturón industrial se encuentra una pequeña isla llamada Nayachar, que se ha visto envuelta en una gran polémica en India. Pescadores, políticos y activistas han denunciado el visto bueno dado el pasado mes de febrero por el Gobierno regional de Bengala Occidental para levantar un nuevo complejo petroquímico sobre ella, dedicado al refinamiento y producción de derivados de petróleo.

Tan sólo a diez kilómetros de la isla se encuentran el Parque Nacional de Sunderbans, la mayor reserva de manglares del mundo y un ecosistema único del sur de Asia, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco. Los Sunderbans son el hogar del majestuoso tigre real de Bengala, en peligro de extinción, y de delfines del Ganges, cocodrilos de estuario y tortugas marinas, entre otras especies.

"Es inevitable que si se construye un complejo petroquímico sobre la isla Nayachar finalmente se arrojen vertidos tóxicos a las aguas. Los canales cruzan todos los Sunderbans y podrían afectar profundamente a la vida marina y del estuario. Eso sin contar que la industria petroquímica es proclive a los accidentes. No nos podemos permitir este ecocidio", afirma Santanu Chacraveti, integrante de la ONG ecologista Disha con sede en Calcuta.

Los Sunderbans se extienden a través de Bengala Occidental en India y el sur de Bangladesh, en el amplio delta formado por la confluencia de los ríos Ganges, Brahmaputra y Menga, que desembocan en la bahía de Bengala. Es un área pantanosa de 20.400 kilómetros cuadrados, en la que cientos de pequeñas islas están entrelazadas por canales de agua, ahora amenazada por una de las industrias más sucias del planeta.

Chacraveti señala con un bolígrafo la interconexión de las aguas del delta, en una imagen sacada de Google Maps. "El gobierno regional afirma que el complejo petroquímico no contaminará las aguas, pero nosotros nos preguntamos que, si no son capaces de limpiar el agua para el consumo en las ciudades, ¿cómo asegurarán que las aguas alrededor de la isla no se vean afectadas?", explica Chacraveti.

Dipankar Chacraborti, director de la Escuela de Estudios Medioambientales con sede en Calcuta, también teme por el futuro de la zona. "Evidentemente estoy a favor de la industrialización, pero sin una evaluación de impacto ambiental a largo plazo la construcción del complejo petroquímico sobre la isla puede resultar desastrosa. Necesitamos saber qué ocurrirá dentro de 200 años", asegura el profesor.

Los manglares son un territorio anfibio que hace de transición entre el mar y la tierra. Funcionan como un amortiguador contra los ciclones tropicales y también actúan como un filtro para las aguas dulces y del estuario. Del mismo modo, acogen a una enorme diversidad de especies de peces y crustáceos. La disminución de la cantidad de manglares hará más vulnerables a India y Bangladesh ante los distintos disturbios climáticos en la bahía de Bengala, incluyendo los tsunamis.

Los indios llevan siglos explotando los fértiles suelos del delta del Ganges. La mayor parte de esta zona densamente poblada está dedicada a la agricultura intensiva, con escasos bosques todavía en pie. La reserva de manglares de los Sunderbans es uno de ellos.

"El complejo petroquímico amenazará profundamente el medio ambiente y también a todos aquellos que se ganan la vida en el estuario", continúa explicando Chacraveti.

El área incluye 20.400 kilómetros cuadrados de gran biodiversidad

Alrededor de 2.500 personas habitan la isla, la mayoría de ellos pescadores, que cada vez se ven obligados a alejarse más de la costa para pescar lo mismo que años atrás. Sudhansu y Mamata Das y sus dos hijos pequeños viven de las aguas que rodean e inundan la isla durante la época del monzón.

"¿Dónde se supone que debo irme a vivir una vez levanten aquí la fábrica?", pregunta airado Sudhansu. "Lo he escuchado por la radio y no doy crédito. Es lo mismo de siempre, estas tierras nos las compra el gobierno a bajo precio para después vendérselas a la industria por veinte veces ese valor. Y mientras tanto, ¿qué será de nosotros?", se pregunta Sudhansu, pescador y agricultor, frente a su pequeña casa de madera y barro.

Nayachar está habitada por alrededor de 500 familias, que viven fundamentalmente de la pesca y de la piscifactoría. "Las aguas se verán afectadas por las fábricas", repite, preocupado, Himansu Gaunia, pescador de la zona desde hace 15 años, mientras extrae agua del pozo. Hasta 250.000 pescadores se ganan la vida en el estuario del Hooghly y las aguas costeras de Bengala Occidental. Decenas de millones de personas se alimentan de ellas.

"El 70% del petróleo utilizado en India procede del exterior, por eso es importante construir el complejo petroquímico cerca del puerto de Haldia", subraya Chacraveti, que cita el reciente ejemplo de Nandigram, para concluir que las autoridades han debido de pensar "que la escasa población de la isla no iba a darles problemas".

En 2007, el gobierno comunista de Bengala Occidental dio el visto bueno a la construcción de un complejo químico en la zona de Nandigram en el mismo municipio de Haldia. La resistencia de los campesinos acabó con la muerte de 14 personas en los enfrentamientos con la policía.

En las elecciones municipales a principios de año ganó el Congreso de Trinamul, un partido que defiende los derechos de los campesinos frente a la industrialización feroz que se desarrolla en la región. Este partido también se opuso a la venta de tierras para la producción del coche más barato del mundo, el Tata Nano, en Bengala Occidental.

El Congreso de Trinamul ha prometido la paralización de este proyecto en caso de ganar las próximas elecciones nacionales en India, que comenzaron el pasado jueves y el 13 de mayo, levantando ciertas esperanzas entre los ecologistas de la región.