Este artículo se publicó hace 7 años.

Cordelia Fine"La idea de que los hombres están dominados por la testosterona es ciencia anticuada"

Cordelia Fine
Cordelia Fine (SINC).

-Actualizado a

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¿Qué es Testosterona rex?

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En su libro asegura que negar ese viejo modelo masculino no es negar la ciencia. Aun así, todavía tendemos a pensar que las diferencias que observamos entre hombres y mujeres en la sociedad son naturales y tienen un origen evolutivo. ¿Por qué esa reticencia a abandonar el mito del Testosterona rex ?

Me llaman más la atención los científicos.

Usted analizó en Delusions of gender el trabajo del investigador Simon Baron-Cohen, que clasifica los cerebros en dos tipos: uno empático, típico de las mujeres, y otro sistemático, más propio de los hombres. En su último estudio asegura confirmar esta teoría. No le han faltado críticas. ¿Cree usted que existen dos clases de cerebros?

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Aunque sean cuestionarios, ¿las diferencias no muestran que hombres y mujeres piensan diferente?

Los cuestionarios son imperfectos, ¿pero de verdad es mejor mirar el cerebro directamente? Pienso en la ‘fiebre’ que hubo con los estudios con imagen por resonancia magnética funcional (IRMf) hasta que se vio que los datos se habían estado analizando mal y que un salmón muerto mostraba distintas emociones según la foto que se le presentara.

Pero, si existen diferencias en el cerebro de hombres y mujeres, ¿no deberían reflejarse en nuestro comportamiento?

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En ese sentido, frente a la idea de que las desigualdades entre hombres y mujeres se explican por estas diferencias, en Testosterona rex defiende que, partiendo de las diferencias, hombres y mujeres hemos evolucionado hacia la igualdad. O, como resume en su libro, que 3+1 = 2+2.

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En su libro desmonta las ‘cuentas imaginarias’ de ese macho alfa capaz de engendrar cientos de hijos a lo largo de su vida, lo que habría moldeado el comportamiento masculino frente al de las hembras, que solo podrían tener unos pocos descendientes. ¿Hasta qué punto es responsable de perpetuar estos mitos un campo tan polémico como el de la psicología evolucionista?

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Repite en su libro que Testosterona rex está moribundo. ¿No cree que el uso de la biología y la evolución para explicar las diferencias entre sexos goza de buena salud?

A la hora de explicar las desigualdades, ¿hemos pasado de ‘la mujer no puede’ a ‘la mujer no quiere’?

¿Cómo encontrar un equilibrio entre extrapolar el cerebro de un salmón al comportamiento humano y negar nuestra naturaleza animal?

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