En busca del primer beso de la historia
Un estudio pionero recrea el árbol genealógico de esta muestra afectiva entre nuestros ancestros y el de los primates. Los resultados sugieren que neandertales y humanos se besaron entre ellos.
Madrid--Actualizado a
¿Por qué nos besamos? Esta muestra de afecto está presente en muchas culturas y civilizaciones, e incluso en otros animales además de la especie humana. A pesar de su significado simbólico, que inunda nuestras sociedades, plantea un dilema evolutivo: no ofrecen ninguna ventaja evidente en la reproducción o la supervivencia. Más bien lo contrario, conllevan riesgos como la transmisión de enfermedades. Un nuevo estudio trata de arrojar luz sobre el misterio de los besos, que parece que se remonta más allá de los neandertales.
La realidad es que no todas las sociedades humanas se besan. "De hecho, solo está documentado en alrededor del 45% de las culturas", matiza a Público la bióloga evolutiva Matilda Brindle, autora principal del estudio e investigadora en el Departamento de Biología de la Universidad de Oxford. "Las normas sociales y el contexto varían ampliamente entre sociedades, lo que plantea la cuestión de si el beso es un comportamiento evolucionado o una invención cultural. Este es el primer paso para abordar esa cuestión", añade en un comunicado Catherine Talbot, coautora y profesora ayudante en la Facultad de Psicología del Instituto de Tecnología de Florida.
El beso, una práctica ancestral
El grupo de investigación llevó a cabo el primer intento de reconstruir la historia evolutiva del beso utilizando un enfoque comparativo entre especies basado en el árbol genealógico de los primates. Los resultados, que se publican en la revista Evolution and Human Behavior, indican que se trata de un rasgo antiguo en los grandes simios, que evolucionó en el ancestro común de ese grupo hace entre 21,5 y 16,9 millones de años. El beso se mantuvo a lo largo de la evolución y continúa en la mayoría de los grandes simios.
El equipo científico descubrió que es probable que el beso también estuviera presente entre nuestros parientes humanos extintos, los neandertales. Este hallazgo, junto con estudios anteriores que muestran que humanos y neandertales compartían microbios orales –a través de la transferencia de saliva– y material genético –a través del mestizaje–, sugiere que humanos y neandertales se besaron entre sí.
Razones para besarnos
El beso resulta un misterio, ya que puede ser contraintuitivo en términos de supervivencia de la especie. Brindle indica a este medio que "no hay suficientes datos sobre los besos" para explicar los motivos por los que diferentes especies lo practican. La experta destaca que algunos científicos "sugieren que los besos sexuales son una forma útil de evaluar la calidad o idoneidad de la pareja. Alternativamente, los besos podrían ser un tipo de juego preliminar, que aumenta la excitación sexual y aumenta las posibilidades de fertilización". Según Brindle, "ambas tácticas podrían ser ventajosas desde el punto de vista evolutivo, al aumentar el éxito reproductivo". En el caso de los besos platónicos, la bióloga declara que "se cree que son un gesto amistoso que puede ayudar a navegar por las complejas relaciones sociales y aumentar los lazos afectivos".
"Es la primera vez que se adopta una perspectiva evolutiva amplia para examinar el beso. Nuestros resultados se suman a un creciente cuerpo de trabajos que ponen de relieve la notable diversidad de conductas sexuales que exhiben nuestros parientes primates", añade Brindle en un comunicado.
¿Cómo definir un beso?
Para llevar a cabo los análisis, el equipo primero definió qué constituye un beso. Esto fue un desafío, porque muchos comportamientos de contacto boca con boca se parecen a este gesto. El Diccionario de la Lengua Española define 'besar' como "tocar u oprimir con un movimiento de labios a alguien o algo como expresión de amor, deseo o reverencia, o como saludo". Pero el estudio aborda esta acción desde el punto de vista de distintas especies, por lo que su definición también debía ser aplicable a una amplia gama de animales.
"Necesitábamos utilizar una definición que fuera aplicable a una amplia gama de especies, pero que no incluyera comportamientos que similares al beso que tienen una función totalmente diferente, como la transferencia oral de alimentos", explica la autora principal. Finalmente, decidieron describir el beso como un contacto boca con boca no agresivo y que no implica transferencia de comida.
El árbol genealógico de los besos
Una vez establecida esta definición, el equipo de investigación recopiló datos de la literatura científica sobre qué especies modernas de primates han sido observadas besándose. Para ello, se centró en el grupo de monos y simios que evolucionaron en África, Europa y Asia. Esto incluía chimpancés, bonobos y orangutanes, todos los cuales han sido observados besándose.
Con esta información, "utilizamos una técnica de modelización estadística denominada análisis filogenético para reconstruir la historia evolutiva de los besos en los primates", cuenta Brindle. Esta técnica consiste en atender a la relación de parentesco entre las diferentes especies. El equipo combinó los datos observacionales sobre los besos en los distintos simios con información sobre los vínculos evolutivos entre ellos. De este modo, construyeron "un gran árbol genealógico", describe la autora
A partir de estos datos, recrearon distintas posibilidades evolutivas a lo largo de las ramas del árbol. "Empleamos un enfoque de modelización que nos permitió simular diferentes escenarios evolutivos en el árbol de la vida de los primates". De este modo, estimaron la probabilidad de que diferentes ancestros también se besaran. El modelo se ejecutó diez millones de veces para obtener estimaciones estadísticas sólidas y "reconstruir la historia evolutiva de los besos", destaca la experta.
Una puerta de entrada a futuras investigaciones
"Al integrar la biología evolutiva con datos conductuales, podemos hacer inferencias fundamentadas sobre rasgos que no fosilizan, como el beso. Esto nos permite estudiar el comportamiento social en especies tanto modernas como extintas", explica en un comunicado el coautor del estudio Stuart West, profesor de Biología Evolutiva en Oxford.
Los investigadores advierten de que los datos existentes son limitados, sobre todo fuera de los grandes simios. Sin embargo, destacan que el estudio ofrece un marco para futuros trabajos y proporciona a los primatólogos una forma de registrar los comportamientos de beso en animales no humanos utilizando una definición coherente.
Referencia:
Brindle, M. et al. "A comparative approach to the evolution of kissing". Evolution and Human Behavior (2025).
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