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Lucha contrarreloj para que dos reactores no acaben como Chernóbil

Su núcleo está parcialmente fundido y genera una gran cantidad de calor que podría reventar la central

JAVIER SALAS

Las centrales nucleares japonesas resisten a duras penas los efectos del maremoto. A pesar de los esfuerzos de los técnicos de las plantas golpeadas por el tsunami, tanto Fukushima Daiichi como Fukushima Daini, Onagawa y Tokai multiplicaron sus problemas ayer y elevaron el nivel de preocupación por los efectos de un accidente de proporciones similares al de Chernóbil. La agencia japonesa de seguridad nuclear calificó originalmente el accidente de Fukushima Daiichi como de nivel 4, por debajo de la ocurrida en 1979 en Three Mile Island (EEUU), catalogada con un nivel 5. Sin embargo, la evolución de los acontecimientos, con el núcleo de los reactores 1 y 3 casi fuera de control y cerca de fundirse por completo, hace temer que esta catástrofe supere finalmente en gravedad al accidente norteamericano.

Aunque eran dos los reactores en peligro en Fukushima Daiichi, a 240 kilómetros de Tokio, la evolución del reactor 3 generó más incertidumbre durante el día de ayer porque fracasaron los esfuerzos por enfriar su núcleo inyectando agua de mar, una técnica que tampoco ha tenido éxito con su compañero.

Las unidades 1 y 3 de Fukushima se exponen a la fusión total del núcleo

El Gobierno japonés reconoció que era más que posible que se produjera una explosión en este reactor similar a la que sufrió el sábado el reactor 1. Mientras crece la temperatura y la presión dentro del reactor, los técnicos se ven obligados a liberar todo tipo de gases al exterior sin apenas control. Entre ellos, se expulsa hidrógeno, un elemento altamente inflamable.

El equipo del primer ministro japonés, Naoto Kan, trataba de minimizar la importancia de esta probable explosión, aunque la realidad es que podría dañar la estructura de contención exterior del reactor. Es lo que sucedió el sábado en el reactor 1, que hasta ayer era el único que parecía suponer un riesgo cierto para la población y el medio ambiente. Como resultado de esa deflagración, la cubierta exterior del reactor 1, una estructura de hormigón de aproximadamente un metro de espesor, quedó dañada. Su alcance se desconoce, pero tiene que ser grave en una circunstancia en la que una simple grieta puede llevar al desastre.

Los esfuerzos por contener la reacción no han tenido éxito hasta ahora

Ambos reactores registran en estos momentos una fusión parcial de sus núcleos, que están sometiendo a altísimos niveles de presión y temperatura a las barreras de protección que aislan el material atómico del exterior. La estructura de seguridad está formada por cuatro capas de seguridad en forma de muñeca rusa. Al fundirse parte del núcleo, los reactores 1 y 2 ya habrían perdido la primera, las varillas metálicas que contienen el combustible atómico. Al fundirse, estas varillas generan hidrógeno, que podría producir explosiones que reventaran la protección del edificio.

Al núcleo lo envuelve una vasija de acero de 12,5 centímetros de espesor que sólo se derretiría con el calor generado por una fusión completa del núcleo. Sobre ella, una bombilla de hormigón que aísla la vasija de las paredes exteriores. La situación del reactor 3 es más grave porque su combustible es una mezcla de uranio y plutonio que se estrenó en el verano de 2010. Esta mezcla es mucho más productiva porque genera mucho más calor, pero es mucho más peligroso si pierde el sistema de refrigeración.

Todas las centrales con problemas sufrieron el embate del tsunami

La decisión de urgencia que tomaron los técnicos de compañía Tokyo Electric Power dueña de la central fue la de tratar de aplacar el calor de sus reactores con agua de mar. El complejo entramado de tuberías que nutre los reactores de ebullición el de Garoña en Burgos es igual pudo haber sufrido la inyección de agua con impurezas y sal, según señalan los expertos consultados, lo que podría haber provocado la explosión del reactor 1. Inicialmente, se trató de inyectar agua fresca en el reactor 3 pero el intento fracasó y se optó por recoger agua marina debido a la urgencia de la situación.

Ayer se seguían liberando materiales al exterior de los reactores para evitar que la olla a presión estalle. De ahí que crecieran los niveles de radiactividad en el exterior de Fukushima. El objetivo es evitar una rotura de la contención y el escape descontrolado del material atómico, que fue lo que sucedió en Chernóbil. En Three Mile Island, el desastre se quedó en un paso intermedio, con el núcleo fundido pero contenido dentro de los muros de la central.

Entre los dos reactores más afectados, la unidad 2 también demandó ayer atenciones suplementarias debido a que el nivel del agua en su reactor, aunque estable, estaba por debajo de los límites aconsejables. No fue el único susto. Los reactores de la central de Fukushima Daini presentaban problemas de presión. Además, en la planta de Tokai, al sur de Fukushima, se registró una parada del mismo sistema de refrigeración que falló en Daiichi.

La agencia de seguridad nuclear japonesa se vio obligada a declarar el estado de emergencia en la central de Onagawa al norte por el aumento de radiación en la zona, que las autoridades locales atribuyeron a las emisiones de Fukushima. La OIEA confirmó anoche que la planta está bien y que, efectivamente, la radiación no es generada por ella.