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Rusia toca el suelo del lago más profundo

Los batiscafos ‘Mir’ bajan al fondo del Baikal, a 1.592 metros, en una operación que mezcla ciencia, ecología y política

JAVIER YANES / AGENCIAS

El lago más antiguo del mundo, el más profundo, el que contiene la quinta parte de toda el agua dulce líquida del planeta. Por si fueran pocas razones para invitar a la conquista del siberiano lago Baikal, añádase la campaña de grandes gestas emprendida por el Gobierno ruso, que en agosto del año pasado clavó su bandera a 4.261 metros bajo el Polo Norte. El último resultado de todo ello es una nueva hazaña: los batiscafos Mir-1 y 2 tocaron el fondo del lago y recogieron muestras a 1.592 metros de profundidad, según fuentes oficiales rusas.

Los Mir, que ya protagonizaron el descenso al fondo del polo, tuvieron que ser aligerados para trabajar en agua dulce, menos densa que la salada. Para la expedición de seis horas, los minisubmarinos fueron arriados desde una plataforma. Tras un descenso rápido y casi vertical, el Mir-2 alcanzó los 1.592 metros, mientras que su gemelo se quedó a 1.580 metros por un error de navegación.

Los sumergibles depositaron en el lecho una pirámide de acero de un metro de altura con los escudos de Rusia y de la república siberiana de Buriatia, que bordea el lago. Aunque en un principio se habló de nuevo récord frente a los 1.637 metros conseguidos en el mismo lago en 1991, finalmente no hubo plusmarca. El director de la expedición, el parlamentario y miembro de la Academia Rusa de Ciencias Artur Chilingarov, auguró que se batirá el récord en próximos descensos.

Según Chilingarov, los objetivos de la misión son los estudios biológicos y geológicos del lago, así como su conservación medioambiental. “Queremos estudiar y observar el Baikal para conservarlo”, afirmó.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996, el lago es el hogar de miles de especies, muchas de ellas endémicas, como la foca de Baikal, una rareza a cientos de kilómetros de cualquier océano. Organizaciones ecologistas han alertado del deterioro de los ecosistemas de Baikal por el calentamiento de sus aguas. El proyecto, que se prolongará en 2009, completará 160 inmersiones en las que participarán, entre otras instituciones, la Fundación del Príncipe Alberto II de Mónaco y la British Royal Society.

Pero los fines traspasan lo estrictamente científico, como sugería la bandera del partido del primer ministro Vladimir Putin, Rusia Unida, que ondeaba en la plataforma nodriza. Chilingarov aseguró que cuenta con “todo el apoyo” de Putin. La heterogénea tripulación es otra muestra de ello. Junto a pilotos y científicos, en los batiscafos descendió también el presidente de Buriatia, cercano a Putin, así como el magnate y diputado Vladimir Gruzdev –de Rusia Unida– y el director del grupo inversor Metropol, que a través de una fundación cofinancia el proyecto con una cifra en torno a los cuatro millones de euros.

Este cóctel de presuntos intereses políticos y económicos ha puesto en alerta a varios grupos ecologistas. Prospecciones previas indican que el lecho del Baikal esconde jugosas reservas de metano y petróleo. Aunque fuentes de la misión no ocultan la existencia de estos recursos, el ayudante de Chilingarov, Anatoly Sagalevich, dijo: “Ya tenemos suficiente gas y petróleo”. Hay precedentes para la sospecha: en el descenso polar, Rusia reivindicó los recursos naturales del fondo ártico.

 

El escenario

Creado hace 25 millones de años, el lago Baikal se sitúa al sureste de Siberia, cerca de la frontera con Mongolia y China. Su superficie es mucho menor que la del Victoria, en África, pero su profundidad récord le permite almacenar más agua que el complejo de grandes lagos entre EEUU y Canadá. Su aislamiento ancestral lo ha convertido en un laboratorio evolutivo. Además, protege grandes recursos naturales, y algo más: la leyenda dice que bajo sus aguas yace el oro de los zares, que el almirante Kolchak se llevó a Siberia en 1919 ante el acoso de los bolcheviques.

Los actores

Los batiscafos ‘Mir-1’ y ‘Mir 2’, fabricados por Finlandia para la URSS en 1987, saltaron a la fama cuando el director de cine James Cameron los empleó para su película ‘Titanic’. En 2007, clavaron una bandera rusa de titanio a más de 4 kilómetros bajo las aguas del Polo Norte.