Por qué una hernia inguinal no desaparece sola y cuándo hay que operarla
Dr. José Luis Elósegui
Jefe del Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo de Policlínica Gipuzkoa
La hernia inguinal es una de las patologías más frecuentes que vemos en las consultas de Cirugía General. Sin embargo, a pesar de ser tan habitual, todavía genera muchas dudas entre los pacientes. Algunas personas acuden alarmadas al notar un bulto en la ingle; otras, en cambio, lo dejan pasar durante meses porque apenas les molesta o porque piensan que desaparecerá por sí solo. Y esta es una de las primeras ideas que conviene aclarar: una hernia inguinal no se resuelve espontáneamente.
Qué es una hernia inguinal
Cuando hablamos de hernia inguinal nos referimos, en términos sencillos, a un defecto o debilidad en la pared abdominal que permite que una parte del contenido del abdomen protruyera hacia la zona de la ingle. El signo más característico suele ser precisamente ese bulto, que puede aumentar al estar de pie, al toser, al hacer esfuerzos o al levantar peso, y reducirse o hacerse menos visible en reposo.
Es una patología especialmente frecuente en los hombres. Se estima que aproximadamente uno de cada cuatro desarrollará una hernia inguinal a lo largo de su vida, mientras que en las mujeres la incidencia es considerablemente menor. Esta diferencia tiene una explicación anatómica: el canal inguinal masculino presenta una mayor predisposición a la aparición de este tipo de hernias.
Las causas pueden ser diversas. En algunos casos existe una predisposición desde el nacimiento, relacionada con un defecto en el cierre de la pared abdominal. En otros, la hernia aparece con el paso de los años, por la debilidad progresiva de los tejidos, alteraciones del colágeno o factores que aumentan de manera repetida la presión dentro del abdomen. Entre ellos están los esfuerzos físicos continuados, el levantamiento habitual de peso, la tos crónica, frecuente en personas fumadoras, o el estreñimiento mantenido.
Muchos pacientes me preguntan si podrían haber evitado la aparición de la hernia. La respuesta no siempre es sencilla. Mantener una buena tonificación muscular global, evitar desequilibrios musculares y cuidar ciertos hábitos puede ayudar, pero incluso con una vida saludable no siempre es posible prevenirla. No se trata, por tanto, de culpabilizar al paciente, sino de saber reconocer los síntomas y consultar a tiempo.
Tratamiento quirúrgico
El primer aviso suele ser una molestia o dolor leve en la región inguinal, sobre todo al realizar esfuerzos. Después puede aparecer el bulto visible o palpable. En ocasiones la hernia apenas produce síntomas, pero eso no significa que no deba valorarse. La hernia tiende a crecer con el tiempo y, cuanto mayor es, más compleja puede resultar la reparación y más posibilidades existen de que aparezcan complicaciones.
La más preocupante es la estrangulación de la hernia. Ocurre cuando el contenido herniado queda atrapado y se compromete su circulación sanguínea. En ese caso puede aparecer dolor intenso, endurecimiento de la zona, náuseas, vómitos o imposibilidad de reducir el bulto. Ante síntomas de este tipo, la consulta debe ser urgente.
En la mayoría de los casos, el tratamiento de la hernia inguinal es quirúrgico. Es cierto que en algunos pacientes concretos, especialmente personas mayores, con poca actividad física o con hernias muy poco sintomáticas, puede plantearse una estrategia de vigilancia. Pero lo habitual es que la intervención acabe siendo necesaria. Además, cuando se realiza en fases iniciales, suele ser más sencilla y la recuperación, mejor.
La cirugía de la hernia inguinal ha avanzado mucho. Hoy podemos abordarla mediante técnicas laparoscópicas, habitualmente con anestesia general, o mediante cirugía abierta con anestesia locorregional. La elección depende de las características de cada paciente, del tipo de hernia, de sus antecedentes y de la valoración del cirujano. No hay una única técnica válida para todos: lo importante es individualizar.
En muchos casos, la intervención puede realizarse de forma ambulatoria o con estancias hospitalarias muy cortas. La recuperación suele ser rápida. Muchos pacientes retoman su actividad cotidiana en pocos días y pueden reincorporarse al trabajo en torno a los 10 o 15 días, aunque este plazo puede ampliarse a tres o cuatro semanas si su actividad laboral exige esfuerzos físicos importantes.
Tranquilidad y responsabilidad
Mi mensaje principal es doble: tranquilidad y responsabilidad. Tranquilidad, porque la cirugía de la hernia inguinal es una de las intervenciones más frecuentes y seguras de la cirugía general, con muy buenos resultados. Responsabilidad, porque no conviene ignorar una hernia ni esperar a que se complique. Ante un bulto en la ingle, molestias al hacer esfuerzos o cualquier cambio persistente en esa zona, lo recomendable es consultar con un especialista.
Diagnosticarla a tiempo permite decidir el mejor momento y la mejor técnica para tratarla. Y, sobre todo, evita que un problema frecuente y generalmente sencillo de resolver termine convirtiéndose en una urgencia.