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Alex de la Iglesia resiste entre ajustes de cuentas y homenajes

El Festival de Cine Español de Nantes convierte al director en su invitado de honor y acoge el preestreno francés de 'La chispa de la vida'

THAÏS MUÑOZ

Alex de la Iglesia: dibujante de cómics, escritor, director artístico, estudiante de Filosofía, cartelista y director de cine. Echar la vista atrás puede significar un ejercicio de masoquismo para cualquier ojo crítico con todo ese recorrido y en la recta final de la crisis de los 40. Él se resiste, pero se deja mirar.

Qué remedio: mientras la Filmoteca Vasca publica la retrospectiva Alex de la Iglesia. La pasión de rodar, el Festival de Cine Español de Nantes, que da comienzo este jueves a su vigésimo segunda edición, lo ha convertido en invitado de honor y encara el preestreno francés de La chispa de la vida esta misma noche, en la Ópera de la ciudad gala.

Desde hoy y hasta el 27 de marzo, el mayor acontecimiento de la difusión del cine español en Francia proyectará algunos de los títulos más representativos del cineasta, un asiduo del certamen que el año pasado lo galardonó con el premio del jurado por Balada triste de trompeta. Esas cintas por las que Alex (así, por su nombre de pila), como lo llaman incluso los que ni siquiera han intercambiado dos palabras con él, se ha ganado la fama de barroco, desmesurado, excéntrico y delirante.

Algo de eso hay, aunque, en su defensa y adelantándose a los periodistas ávidos de categorías en las que encasillarlo todo, el vasco advierte: 'la búsqueda de un sentido nos aboca al peor de los fracasos'.

En el libro Jesús Angulo y Antonio Santamarina abordan la trayectoria y el estilo de su cine, algo que para el director, gratamente sorprendido por la iniciativa de la Filmoteca Vasca, supone un vano intento de 'esculpir una estructura en algo que es informe'. 'Tú tienes una serie de obsesiones o manías que al final otros lo llaman estilo, pero la filmografía de una persona es un cúmulo de sentimientos o de emociones que no concluyen en un tercer acto', matiza. 

Bajo el punto de vista del cineasta es al observador a quien le corresponde la tarea irritante de forzar los objetos hasta encajarlos en su pequeño mundo. 'Todos queremos colocar a la gente en un cajoncito, para estar tranquilos, para respirar, para decir, vale, ya sé dónde está ese cabrón. 'Por favor que no se mueva y que haga sus peliculitas raras, absurdas, grotescas y excesivas'', ironiza sobre su propia obra. 

Se resiste igualmente a mostrar sus influencias: '¿Quién ha conformado mi carrera? Los electroduendes, los anuncios, la absorción patética e inconexa de películas cuyos títulos no recuerdo, el fútbol de los domingos y, por supuesto, Pedro Olea, Paco Martínez Soria o Mario Camus. Pero queda muchísimo mejor decir Hawks o Wong Kar-wai'.

Los autores de Alex de la Iglesia. La pasión de rodar, también le hacen hablar sobre su infancia, su familia y su etapa como presidente de la Academia, así como de las razones que le impulsaron a abandonar el cargo tras su intento frustrado de acercar la Ley Sinde a la realidad de la red. Ahora ya no se moja. 'Estoy convencido de que Wert es una persona que quiere hacer su trabajo lo mejor posible', responde a regañadientes a las preguntas sobre el nuevo ministro de Cultura.