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American Gods Dioses nuevos y antiguos afilan sus cetros para la gran batalla de 'American Gods'

Amazon Prime Video estrena hoy en España la segunda temporada de ‘American Gods’ sin Bryan Fuller y sin Gillian Anderson pero con un diseño de producción y un Ian McShane tan impecables e hipnóticos como en la primera.

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Amazon Prime Video estrena en España la segunda temporada de ‘American Gods’

La espera, que ha sido larga y plagada de rumores, despidos y salidas solidarias, ha llegado a su fin. Hoy regresan Shadow Moon y Mr .Wednesday. O, lo que es lo mismo, vuelve American Gods, la serie basada en una de las novelas más aplaudidas de Neil Gaiman.

Ha cambiado a sus cabezas pensantes pero, de momento y al menos en el primer episodio de la nueva temporada, esto no se nota. American Gods llega como se fue, apostando por una producción donde la estética lo es (casi) todo y en la que el color, los fuegos de artificio, lo estrambótico y lo onírico priman. No hay plano feo en esta serie. Todo es un precioso escenario en el que colocar a sus personajes. Eso en lo que a la parte visual se refiere. En cuanto a la trama, recoge a sus protagonistas donde los dejó al final del octavo episodio. Van camino de la reunión convocada por Odín (Ian McShane) para reunir a los que serán sus aliados -o al menos es lo que él pretende conseguir de ellos- en una guerra en ciernes entre dioses nuevos y antiguos en la que está en juego perpetuarse en el tiempo o desaparecer.

Una de las cosas que mejor funcionan del episodio visto antes del estreno es el cuarteto que encabeza el reparto. Cada uno a su manera ya demostró con anterioridad lo acertado de su elección para el papel, pero ahora, reunidos y metidos en un mismo coche, operan como lo que son: un grupo nada parejo en el que todos tienen su propio cadáver en el armario y en el que las segundas intenciones son su leitmotiv. El único que sigue viviendo en un limbo y no se da cuenta de que todos quieren algo de él es Sombra, que en este arranque de temporada sonríe más (sin excesos) y se marca un discurso digno de aplauso. Ricky Whittle le tiene tomada la medida a ese tipo grande, parco en palabras, herido por la traición de su esposa y con una confianza casi ciega en lo que le cuenta el ‘vendemotos’ de su jefe.

Junto a él, la difunta y cada vez más descompuesta Laura Moon (Emily Browning) mantiene un pulso por el alma y cuerpo de su marido convencida de poder ganar por mucho dios que haya de por medio. La nota de humor sigue corriendo a cargo del leprechaun Mad Sweeney (Pablo Schreiber) mientras que el que sigue brillando por encima de todos es un Ian McShane que eclipsa a cualquiera en cada escena. Su fuerte presencia, su potente voz y su capacidad para convertirse en un anciano que lo mismo da la impresión de estar loco que lúcido, desvalido que poderoso, supone toda una lección interpretativa.

Lo que promete American Gods, lo que se atisba en este regreso, es esa gran batalla para la que se han estado preparando tantos episodios. Los contendientes han comenzado a elegir un bando y tomar posiciones de cara a un enfrentamiento que parte algo más que desequilibrado. Sin embargo, no conviene subestimar al poderoso Odín. No solo por su capacidad de convicción o por sus siglos de poder, sino porque, al final, esta guerra entre dioses nuevos y antiguos no deja de ser una lucha de egos. Y de eso, Mr. Wednesday va sobrado. Por lo que pelean estos personajes tan pintorescos como mitológicos -la mayoría de ellos- es por seguir siendo parte de la vida de la gente. Unos se conforma con estar ahí, en el recuerdo, aunque sea borroso. Otros exigen más devoción. Pero lo cierto es que, como se dice en una escena, quizá lo que deberían hacer es simplemente adaptarse a los nuevos tiempos y creencias. Aunque de hacerlo, no habría guerra y la serie perdería su motor.

Con un clima de prebatalla de fondo, los personajes estrafalarios y de frases grandilocuentes siguen pululando por la pantalla como parte de un universo irreal salido de la mente del británico Neil Gaiman, un autor capaz de coger un escenario común -en este caso Estados Unidos- y hacer que convivan en él ese mundo que todos conocemos con otro en el que criaturas, seres y dioses existen sin que los humanos sean conscientes de su presencia. Es algo que lleva haciendo años en sus novelas. El mundo que construyó en el subsuelo de Londres para Neverwhere era todo un alarde de imaginación. Eso fue varios años antes de American Gods y es también muy buen material para una serie.

Algo que se echaba en falta en la primera temporada era una trama más potente, que se contasen más cosas, que hubiese más acción. Adolecía de un ritmo más bien pausado que es de esperar que se vea neutralizado en esta segunda gracias a la llegada del ansiado enfrentamiento. Le ocurría también en ocasiones a la novela, un tanto densa en algunas de sus partes y con un avance poco ágil. Sin embargo, lo que se le puede ‘perdonar’ a un libro no siempre funciona en la pantalla. En los primeros ocho episodios no se avanzaba demasiado. La promesa con la que regresa la serie de Starz es que la historia de Shadow Moon tendrá más contenido en estos ocho nuevos capítulos y se conocerá un poco más de él y sus circunstancias.

Una producción complicada

Quizá American Gods se vea beneficiada en este sentido con la salida de sus dos primeros showrunners, Bryan Fuller y Michael Green, despedidos por diferencias creativas. Aunque a los seguidores del primero les cueste reconocerlo, lo cierto es que a este creador de series obsesionado con la estética en ocasiones se le va la historia de las manos y en su empeño por pintar cuadros impecables con la cámara se le olvida contar lo que estaba contando. O, al menos, algo. American Gods no es la primera serie que empieza y no acaba. Sí llegó hasta el final con Hannibal, un título que comenzó con una temporada exquisita pero que se fue volviendo cada vez más farragoso hasta llegar a un tercera complicada de digerir.

Las salidas de Fuller y Green no han sido las únicas que ha sufrido la producción, que se ha visto retrasada por este contratiempo y sus derivados. En su marcha se llevaron con ellos a Gillian Anderson (la diosa Media) y Kristen Chenoweth (Easter en la ficción). Ambas actrices, viejas conocidas de Fuller y que habían trabajado con él antes, decidieron abandonar la serie como gesto solidario con quien las fichó. La ausencia de Anderson se resuelve con bastante soltura desde muy pronto y tendrá como sustituta a Kahyun Kim. Es lo que tienen los medios de comunicación, que son como los dioses, los hay nuevos y antiguos. Una baza que han jugado a su favor los guionistas.

Y mientras los nuevos capítulos llegan, Starz busca otro showrunner. Parece que el sustituto de Fuller y Green, Jesse Alexander, no ha corrido mejor suerte que sus predecesores y el puesto vuelve a estar vacante para quien lo quiera y se atreva.

‘Buenos presagios’, la otra serie de Neil Gaiman

American Gods no será la única serie basada en las novelas de Gaiman que copará titulares seriéfilos en las próximas semanas y meses. Como viene haciéndolo desde que se supo que iba a ser adaptada por Amazon Prime, Buenos Presagios ha conseguido elevar las expectativas a cotas aún más altas que la historia de Shadow Moon. Basada en la obra escrita por Gaiman junto a Terry Pratchett, llegará el 31 de mayo y el tráiler, estrenado hace solo unos días, ha demostrado que van por el buen camino y que es más que probable que sea una de las series del año.

La historia que cuenta es la de cómo dos extraños aliados y amigos durante siglos, el ángel Azifarel y el demonio Crowley, unen fuerzas para evitar el Armagedón. Se han encariñado con la Tierra y los humanos y no están muy de acuerdo con que esta sea arrasada. El problema es que han perdido al Anticristo, en el cuerpo de un niño de 11 años. Dar con él no será fácil. Los dos principales protagonistas están interpretados por Michael Sheen y David Tennat. En el reparto figuran también los nombres de Jon Hamm, Frances McDormand y Benedict Cumberbatch, que serán el arcángel Gabriel, Dios y la voz de Satán, respectivamente. Con todos ellos y el material de partida la diversión está asegurada.