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Entrevista Ander Izagirre: "El fútbol se construyó en Donostia sobre los escombros del ciclismo"

El periodista vasco viaja al corazón de su infancia en 'Mi abuela y diez más', una crónica evocadora y nostálgica sobre la Real Sociedad publicada por la editorial Libros del K.O.

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Ander Izagirre, autor de 'Mi abuela y diez más' y 'Plomo en los bolsillos'. / NEREA ARMENDÁRIZ


Ander Izagirre (San Sebastián, 1976) es un quijote del periodismo. Consciente de que los medios convencionales no disponen de espacio ni presupuesto para el reportaje largo y tendido, escribe lo que sea por encargo, ahorra todo lo que puede y se va de mochilero por el mundo. No busca la historia sino que la encuentra. Su relato no está protagonizado por presidentes ni famosos, sino por el pequeño gran hombre: un cazador que construye fuentes en los montes de Álava, una niña que empuja vagonetas en una mina de Potosí por 16 céntimos la hora, un montañero que se entretiene haciendo sudokus antes de ascender el Karakórum... Su último viaje ha sido al corazón de su infancia, teñida por los colores de la Real Sociedad: Mi abuela y diez más (Libros del KO).

Usted, para inspirarse, le da patadas a un balón. Son las comodidades de trabajar desde casa, supongo.

Escribir tiene mucho de físico. Cuando salgo con la bici o a caminar, me relajo y las poleas de mi cerebro comienzan a moverse. Si me tengo que quedar en casa, me voy al pasillo a darle a la pelota, que no deja de ser un ejercicio de distracción. "El Madrid no tiene un gol como el de Zamora. Tal vez sólo sea comparable el de Nayim, que le valió una Recopa al Zaragoza"  

O sea, que la inspiración tiene que encontrarle despistado.

Sí. Los arranques e ideas no se me ocurren delante de la pantalla, concentrado, sino cuando tengo la mente en blanco.

Se califica como periodista autónomo, que no freelance. ¿Por evitar el anglicismo o porque considera que son diferentes?


Hubo una época que usaba la palabra destajista, que no es trabajar mucho sino por tarea realizada. El problema era que no me gustaba la rima de periodista destajista.

Para escribir sus grandes reportajes, recurre a trabajos alimenticios, como la ruta del espárrago navarro. ¿Cuál es el tema más peregrino sobre el que ha llegado a escribir?

El reportaje que más veces he vendido trata sobre la Faloteca Nacional de Islandia. Lo titulé El hombre de los 200 penes y es la cumbre de mi carrera laboral.

¿Cree que es un alto precio a pagar?

No. Lo ideal sería hacer sólo lo que me da la gana, o sea, crónicas de viajes. Pero hay que trabajar y, a veces, no queda otra que editar el folleto de una empresa de camiones. Pero hay curros alimenticios, como escribir rutas turísticas, con los que me lo paso bien.

Usted va a ver a la Real, cuyo viejo campo de Atocha fue edificado sobre el antiguo velódromo, como quien visita la casa del asesino de su familia, ¿no?

El fútbol se construye literalmente en San Sebastián sobre los escombros del ciclismo, porque destruyeron el velódromo. Ahora el estadio está en otro sitio, pero metáforicamente el fútbol ha pasado por encima de los demás deportes. Lo mío son las dos ruedas y siempre le guardo un poco de rencor al balón. A veces, llego a ver en la tele una etapa de la Vuelta a La Rioja como gesto de rebeldía espiritual, para así no rendirme al partido del siglo.

Me da que le eligieron para escribir esta entrega de Hooligans Ilustrados más por su pluma que por ser un hincha declarado.

Sí, pero al editor le ha sorprendido, porque soy más futbolero de lo que él creía. Aunque es cierto que siempre lo he negado y casi tengo que explicar con complejo que paso del tema... El libro empieza diciendo que no me importa el fútbol ni la Real, pero el resto es justo lo contrario: la declaración de una pasión contradictoria que racionalmente no puedo justificar.

La maldición de monsieur Comet, que lanzó aquello de "Jamás la Real será campeona", duró 70 años. ¿Cuándo volverá a serlo?

Pues pueden pasar otros tantos perfectamente. Para el Madrid o el Barça, cualquier victoria es previsible. En cambio, nosotros podemos dar la sorpresa milagrosa de ganar una Liga, como estuvo a punto de suceder hace diez años.

"El deporte de élite no es sano, incluso sin dopaje"

El tamaño de la Real es interesante y adecuado: resulta muy improbable que consiga un gran triunfo, pero hay cierta esperanza; y, a la vez, no es un club que vaya vagando por ahí sin aspiraciones a nada.

¿Qué otro gol épico, agonico y glorioso podría comparar con el de Zamora en la 80/81?

El Madrid no puede tener un gol de Zamora, porque ganar una Liga entra en sus previsiones de la temporada. Para la Real, en cambio, no cabe ni en los pronósticos de su historia. Tal vez sea comparable el gol de Nayim que le valió una Recopa al Zaragoza. Ambos tantos acarrean la euforia de lo inesperado.

La suya es una crónica sentimental de la Real de su infancia, cuando Atocha olía a selva...

Lo que me convenció definitivamente para escribir el libro es que me iba evocando episodios de la infancia y de mi familia que, en mi vida, tienen peso. En el fondo, es una excusa para hilar episodios. Por ejemplo, con ocho años, la primera parte del partido la veía solo. Me colaba en el campo, algo habitual por entonces, y no me juntaba con mi padre en la zona de asientos hasta que se relajaba el ambiente tras el descanso. Eso curte. 

¿Cuál fue el gol de oro de la historia del ciclismo?

El Tour que gana LeMond a Fignon en 1989: partía como favorito, era de París y pierde la carrera por ocho segundos, una cosa terrible.

¿Fuerza la dureza del Tour a vitaminarse? Porque el dopaje, de una manera u otra, ha existido desde el nacimiento de la gran vuelta.

Claro, pero no sólo existe porque sea muy duro: también hay doping en los 100 metros lisos. En cuanto se organiza una competición, hay gente tentada a hacer trampas, algo que va con la naturaleza humana.

"La historia del Tour es la de la evolución del dopaje. Si fuese un paseo suave, la gente se doparía para ganar al rival"

La historia del Tour es la de la evolución del dopaje. O de las ayudas extra, porque el doping es un concepto legal, que no existe hasta que hay un control. 

Si la Grande Boucle fuese un paseo suave, la gente se doparía para ganar al rival. No hace falta que haya que subir el Tourmalet.

¿Sanos, sanos...?

No, el deporte de élite no es sano, incluso sin dopaje.

¿Lance es menos Armstrong tras haber confesado que se dopó?

Eso completa a Armstrong, un personaje con luces y sombras. No nos podemos quedar sólo con su parte brillante, porque el Tour no es una historia de vidas de santos.

¿Por qué Pedro Delgado y no Miguel Indurain?

Perico fue mi ídolo de infancia porque me tocó. Me gusta un campéon eléctrico, imprevisible y emocionante como él, pero también el ganador tipo Anquetil o Indurain, menospreciados por su falta de espectacularidad.

"La esperanza nos empuja a estar casi convencidos del fin de ETA"

Ahora bien, su manera de ganar es muy elegante y hay que apreciarla, no va a ser todo un estímulo instantáneo. "Las ideas no se me ocurren frente a la pantalla, sino cuando tengo la mente en blanco" 

Perico es más Real Sociedad que Indurain, ¿no?

En cuanto a la manera de conseguir sus triunfos, sí. Pero los guipuzcoanos no somos espectaculares sino bastante discretos. Si fueramos un ciclista, seríamos Olano, un sufridor.

¿Cuántos campeones faltan por caer desde lo alto del podio?

No sé, porque en los últimos quince años han caído prácticamente todos. La cabalgata de los Reyes Magos llega hasta 1995, cuando se les empezaron a caer las barbas y las capas.

Un lector escribió una carta a Libros del K.O. interesándose por Plomo en los bolsillos. En ella, también pedía información sobre otras referencias literarias porque no tenía internet. ¿Qué sería de usted sin la red?

Antes publicaba en el periódico de mi ciudad y ahora publico en revistas de Bolivia o México gracias a las redes sociales y a internet.

Vespaña, los mineritos, Groenlandia cruje... ¿Con qué reportaje o libro se queda?

Le tengo mucho cariño a Cuidadores de mundos, una colección de 25 pequeñas historias de personajes anónimos del País Vasco y Navarra. Para mí es periodismo de viajes, aunque a veces, para escribirlas, saliese de casa literalmente en zapatillas.


Su tío abuelo, Juan Alcorta, fundador de Koipe, recibió una amenaza de ETA en la que le exigía 20 millones de pesetas. Respondió con una carta en la prensa vasca: "No tendréis necesidad de buscarme. Me veréis en Atocha, aplaudiendo a la Real". Y así fue hasta que se murió. ¿Cómo ve la situación actual en Euskadi? ¿Cuándo desaparecerá ETA?

La esperanza nos empuja a estar casi convencidos... Creo que nadie tendrá que escribir otra carta como la de mi tío. Como decía Bernardo Atxaga, "si este conflicto se resuelve, todos los vascos vamos a caminar a unos 20 centímetros del suelo por el enorme peso que se nos va a quitar de encima".