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Art Spiegelman: de ratones y hombres

El autor de Maus presenta sus esbozos en una exposición en París

ÁLEX VICENTE

Art Spiegelman parece uno de esos judíos neoyorquinos con una irrefrenable tendencia a la autoparodia. Pero detrás de sus carcajadas sarcásticas se esconde un dibujante torturado y meticuloso. Si el padre de la novela gráfica sólo ha publicado cinco volúmenes en los últimos 30 años, tal vez sea por su carácter obsesivo y compulsivo, que según su propia confesión suele rozar "límites multifrénicos".

En uno de los dibujos presentados en su nueva exposición en París, se observa a un escultor berreando contra el bloque de mármol que pretende convertir en estatua. "¡Conviértete en nariz!", le grita. La imagen, inspirada por una película de Roger Corman, parece resumir su combate contra la página en blanco.

La muestra, que se verá en la Galerie Martel hasta el 11 de julio, repasa el proceso de creación de todos sus volúmenes, desde el primer esbozo preparatorio hasta la obra definitiva, a través de varios estudios sucesivos que reflejan su afán perfeccionista.

La exposición coincide con la publicación de sus sketch-books en Francia. Para la edición española habrá que esperar hasta el otoño.

Es la primera vez que Spiegelman accede a exponer sus bocetos. El motivo parece el poder de convicción de la galerista, Rina Zavagli, esposa del gran ilustrador italiano Lorenzo Mattotti e íntima de Spiegelman desde hace años. Zavagli abrió el año pasado este pequeño centro especializado en artes gráficas, que se ha ganado en pocos meses una excelente reputación.

Fue al visitar el estudio de Spiegelman en Manhattan cuando la bombilla se encendió sobre la cabeza de Zavagli. El dibujante acumulaba cientos de esbozos demasiado interesantes para seguir escondidos en un cajón. "Art se dio cuenta de lo exigente que puede llegar a ser: entre un dibujo y otro no suele haber más que un par de mínimas variaciones", cuenta Zavagli.

Spiegelman no sólo ha consentido que se expongan estos borradores, sino que también ha permitido que se vendan algunos de ellos, por precios que alcanzan los 24.000 euros, así como un portafolio algo más asequible con cinco serigrafías originales. Una auténtica novedad para un artista rotundamente opuesto a la mercantilización de su obra, que llegó a negarse a que Spielberg rodara una adaptación de Maus. "Ya sabes, ese cómic donde los judíos eran ratones y los nazis son gatos", aclara Spiegelman al visitante en una de las viñetas de la exposición. En 300 páginas escasas, que tardó trece años en finalizar, el autor reflejaba el testimonio de su padre, judío polaco y superviviente de Auschwitz.

La exposición demuestra que hay vida inteligente más allá de esa gran obra sobre el Holocausto y revela un factor común a lo largo de su trayectoria: la historia personal como motor creativo y la propia creación como antídoto contra los traumas. Por ejemplo, su debut en el cómic se produjo cuando su madre se suicidó, una sobrecogedora experiencia que dio lugar a su primer volumen, Breakdowns. Su última obra hasta la fecha, Sin la sombra de las torres, reflejaba la conmoción vivida durante los atentados del 11-S, que Spiegelman cualifica como su memento mori.

"Se me da muy mal inventarme historias. Me cuesta incluso mentirle a mi mujer", ironiza Spiegelman. La aludida es la francesa Françoise Mouly, directora artística del sofisticado semanario The New Yorker, para el que Spiegelman trabajó durante cerca de una década. Abandonó la revista tras el hundimiento del World Trade Center, cuando se dio cuenta de que la prensa estadounidense se había vuelto excesivamente dócil por miedo a ser tratada de antiamericana.

La muestra recoge numerosos bocetos realizados para esa publicación, así como las portadas diseñadas para libros de Paul Auster y Boris Vian, pasando por numerosos bocetos para todos sus volúmenes, sus colaboraciones en The New York Times y algunos dibujos para la revista Raw, que fundó junto a su esposa durante los 80.