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ARCO, memoria histórica y Eugenio Merino: un paseo por la fuerza de la creación artística

La mano de Sánchez-Albornoz señalando hacia el cielo no es la primera obra, ni será la última, que Merino realiza para evocar el pasado más inmediato de España. Desde Franco en una nevera de Coca Cola hasta un ninot gigante del rey.  

Mano de bronce del antifranquista Nicolás Sánchez-Albornoz
'La mano acusadora' es una de las tres obras con las que el artista Eugenio Merino se presenta a ARCO. La mano es una copia exacta en bronce del antifranquista Nicolás Sánchez-Albornoz. Guillermo Martínez

Si uno pasea por esta edición de ARCO, la feria de arte contemporáneo más importante de España, se podrá encontrar con la réplica de una mano que señala hacia arriba con su dedo índice. Intenten mirar más allá del pabellón de Ifema, el recinto en el que se lleva a cabo la muestra. Superando su techo, llegarán al cielo.

La mano acusadora es una de las tres obras, García Lorca y Picasso mediantes, con las que el artista Eugenio Merino se presenta a ARCO. La mano, sin pelos pero con todas las señales, es una copia exacta en bronce de la de Nicolás Sánchez-Albornoz, el antifranquista ahora nonagenario que llegó a estar condenado a trabajos forzados en el valle de Cuelgamuros y del que consiguió escapar. "El dedo apunta hacia arriba por el hecho de que él estuvo preso en el valle, donde se levantó la gran cruz en honor a Franco, y es una manera también de implicar a la Iglesia en la obra, ya que legitimaron el golpe de Estado y la posterior dictadura", explica el propio Merino.

No se equivoca: el dictador llegó a denominar la Guerra Civil como una cruzada cristiana. Desde su punto de vista, "la forma de contrarrestar a todos los monumentos fascistas que pueblan España es a través de contramonumentos como este, que cuestionen el papel del propio monumento", dice como si tratara de un trabalenguas. En resumen: frente al parque temático del fascismo en el que la dictadura franquista convirtió España durante 40 años, obras que deslegitimen aquellas llevadas a cabo por un Gobierno ilegítimo y que, en muchos casos, aún perduran en las calles y plazas españolas.

El artista Eugenio Merino
El artista Eugenio Merino junto a sus obras en la feria de arte ARCO. Guillermo Martínez

De todas formas, no es la primera mano que Merino reproduce. La primera fue la de Lucio de la Nava, otro represaliado por el franquismo que, al salir de la cárcel, "le hacían la vida imposible y le empujaron casi a la subsistencia", relata el artista. En este caso, El dedo acusador ya estuvo expuesto en ARCO. "En aquel momento, el dedo miraba hacia el público. La idea era implicarnos a todos en esa situación, porque somos nosotros los que debemos exigir que haya memoria, justicia y reparación para las víctimas del franquismo", desarrolla Merino.

Franco en una nevera de Coca Cola: a juicio

Todo ello forma parte de una línea narrativa que lleva presente en las creaciones de Merino desde hace mucho tiempo. El artista busca provocar la duda oculta, esquivar la respuesta fácil. Picar si tiene que picar y escocer a quien le tenga que escocer. Eso es lo que sucedió con una de sus creaciones más polémicas, llamada Always Franco, presentada en ARCO en 2012.

"Hablamos de una feria muy institucional, inaugurada por el rey de España, y lógicamente es una manera de blanquear la cultura pero también de blanquear a la monarquía a través del arte", inicia la explicación. De todas formas, aquel 2012 el rey tampoco pasó por delante del stand de la galería ADN, la casa que suele presentar a Merino en ARCO. "Simplemente era Franco en una nevera de Coca Cola, pero lo publicaron en la portada de El País y se armó el revuelo. Yo quería cuestionar la presencia del franquismo en la sociedad del siglo XXI, en la política, en las instituciones", relata.

Y lo consiguió, pero no sin antes superar algunos sinsabores. Rauda y veloz, la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF) denunció a Merino ante los tribunales por haber ofendido la figura del dictador. Como el propio Merino
comentaba, el franquismo en la política, las instituciones: "La cosa es que José María Álvarez del Manzano, presidente de Ifema entonces, escribió una carta
de apoyo a la FNFF. Nunca alguien de una institución que amparaba a una feria cultural de tal calibre como ARCO se había posicionado tan claramente en el bando de los fascistas", en palabras de Merino.

La fundación utilizó esa carta de apoyo en el juicio, que terminaron perdiendo
contra el artista. "Y Carlos Urroz, que era director de ARCO en aquel momento, no dijo nada de todo lo que ocurrió", apuntilla. Sea como fuere, los denominados "contramonumentos" de Merino gritan en silencio y ocupan el espacio mediante el vacío. Otra de sus composiciones relacionadas con la memoria histórica fueron unas placas de monumentos sin monumentos.

"Puse sus coordenadas y a través del móvil podías llegar a esos vestigios franquistas que todavía están presentes en el Estado español y que habrá que destruir o resignificarlos, aunque esto segundo yo lo veo complicado. Como mínimo, quitarlos del espacio público", explica. Se refiere a monumentos como la Pirámide de los italianos, el Arco del triunfo de Moncloa, el valle de Cuelgamuros, la torre dedicada al general Mola o el monumento a Carrero Blanco.

Quemar al rey, pero en 'ninot'

La memoria histórica más reciente de España sigue viva, tanto si miramos para abajo, con los miles de activistas que todavía luchan por la justicia que fue arrebatada durante la Guerra Civil y sus consecuencias en la dictadura, transición y democracia, como si miramos hacia arriba, herederos de aquellos protagonistas que en estos tiempos recogen el testigo. Y si miramos arriba, que sean cinco metros, la altitud que medía el ninot de Felipe VI que Merino, junto al artista Santiago Sierra, presentaron en 2018 en ARCO.

"Queríamos vender el ninot en la feria. Pensamos que la cabeza tenía que sobresalir por el stand para ser vista en cualquier momento desde cualquier
lugar, sobre todo por el rey cuando paseara por allí", concretiza Merino. La idea era vender la pieza para que en menos de un año el comprador la quemara. "No vendíamos un objeto, sino el placer de quemar ese objeto. Sería un acto efímero
pero que documentaríamos mediante vídeos y fotografías, y el coleccionista también se podía quedar con los restos de la quema", enfatiza.

El ninot, construido en València con cartón fallero, tenía una calavera ignífuga dentro de la cabeza, que también se podría quedar el comprador. "La expusimos pero nos bloquearon la venta. Yo solo sé que apareció una gente a decir que la pieza no valía más de 3.000 euros. No te puedo decir quién, pero sabemos que
ocurrió", señala el propio Merino sobre esta creación. Lo subversivo de la obra no maridó bien con el ambiente conservador de ARCO. No la vendieron , así que se fueron a Berga, un pueblo de Barcelona. Allí, en el espacio cultural El Konvent, quemaron la reproducción gigantesca de Felipe VI un 12 de octubre, fecha señalada. Lo que sí llegaron a vender fueron fotografías de la quema a diversos coleccionistas.

El monumento a la oscuridad en la profundidad del océano

Dentro de estos contramonumentos se encuentra el que llevó a cabo junto a Miguel G. Morales para la XI Bienal de Arte de Lanzarote, dedicado a Domingo López Torres y todos los represaliados por el franquismo en las islas. López Torres fue un poeta surrealista asesinado en la Guerra Civil. Tras hablar los dos artífices de este Monumento a la oscuridad con investigadores e historiadores de la zona, localizaron el punto exacto desde el que los republicanos eran despeñados al mar, todavía vivos metidos en sacos con piedras, algunos con las manos atadas e, incluso, con un gato dentro del saco.

"Fabricamos una placa de bronce de 60x40 cm en la que se lee Monumento a la oscuridad y la geolocalización exacta desde donde López Torres fue asesinado, en su honor y en el de los demás que corrieron la misma suerte", relata Merino. Soltaron la placa en la profundidad del océano, donde seguirá por cientos de años, cerca de donde reposan los cuerpos asesinados de decenas de personas por el bando sublevado en 1936.

La cabeza de Franco pinchada en un legionario

Llamativo fue el caso del último monumento (tangencialmente) franquista levantado en España. Ocurrió en 2022, en Madrid, y su artífice fue José Luis Martínez Almeida. Aquel monumento de grandes dimensiones a la Legión española también dio de qué hablar, pero pronto se acallaron los desaires. Eso hasta el 1 de enero de este mismo año, cuando el proyecto colectivo que se venía
fraguando por parte de profesionales de la comunicación y organizaciones antirracistas tomó cuerpo.

La cabeza del dictador Francisco Franco
La cabeza del dictador Francisco Franco ensartada en el monumento a la Legión. Álvaro Minguito / Cedida

Además, el primer día del año, pero de 1954, fue cuando murió José Millán Astray. Aquí nada es casualidad. Y lo decidieron: ensartaron una reproducción exacta de la cabeza de Franco en la punta de la bayoneta que sujeta el legionario de la escultura. "Ya no solo era un contramonumento hacia el franquismo, sino también anticolonial. En un acto simbólico honramos homenaje a todos los asesinados por el colonialismo español en África, sobre todo en el Rif", enuncia Merino.

Lorca y Picasso acuden a ARCO

Este 2023, el artista también presenta en ARCO su Monumento al cuerpo desaparecido, centrado en Lorca. En una suerte de monumento al soldado desconocido, el artista evoca al poeta pero sin el poeta, porque no está. No está su cuerpo. Todavía. "A mí estatuas como la de la plaza de Santa Ana en Madrid me hacen olvidar que Lorca puede ser el desaparecido más universal del planeta", sostiene.

Careta de bronce del poeta Federico García Lorca
Careta de bronce del poeta Federico García Lorca, obra del artista Eugenio Merino. Guillermo Martínez

Por eso, Merino ha decidido hacer la careta de Lorca, en bronce, que cualquier espectador se puede poner para completar el monumento con su propio cuerpo. "No haré el cuerpo hasta que aparezcan los restos de Lorca.

Es empezar un monumento para no terminarlo hasta que se cierre esta historia", sentencia. A escasos metros de la careta de Lorca está Pablo Picasso, del que este 2023 se cumplen 50 años de su fallecimiento. Está Pablo Picasso a tamaño real yaciendo muerto.

Esta obra, denominada Aquí murió Picasso, comenzó como proyecto en 2017 para denunciar la construcción de las ciudades marca como Málaga, en este caso en concreto.

"Queríamos hacer del cuerpo de Picasso una atracción turística, que uno se pueda hacer un selfie ahí para denunciar, precisamente, la instrumentalización del capital cultural de una ciudad para venderla al turismo y haciéndola inhabitable para sus vecinos", reflexiona el artista. La figura de Picasso tampoco es baladí.

La obra 'Aquí murió Picasso' del artista Eugenio Merino.
La obra 'Aquí murió Picasso' del artista Eugenio Merino. Guillermo Martínez

"Igual que pasó hace poco con el Año Lorca, despolitizarán este año a Picasso, que tenía unas férreas opiniones a favor de la libertad en España. Intentarán que Picasso no aparezca como el comunista que era, el creador del Gernika, el máximo símbolo cultural del antifascismo de la época, ese artista que se fue de España y se declaró exiliado", concluye un Merino que no deja de fijarse en las caras que los primeros paseantes de este ARCO 2023 ponen al ver sus obras.

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