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El Aullido inconformista de Ginsberg alcanza el siglo XXI

La editorial Sexto Piso publica el gran poema del escritor ilustrado por el artista 'underground' Eric Drooker

PAULA CORROTO

La primera vez que el dibujante Eric Drooker y Allen Ginsberg se encontraron fue en 1988 en las calles de Nueva York. Eran los años del crack, el punk y la delincuencia. Droo-ker era un artista callejero que pegaba sus trabajos en las paredes y farolas de la ciudad. Ginsberg era el escritor beat, autor de los poemas Aullido y Kaddish, amigo de Jack Kerouac y amante de Neal Cassidy. El flechazo entre ambos fue tal que, poco después, ilustrador y poeta dieron forma al libro Illuminated poems, considerado hoy un clásico underground.

Después, siguieron trabajando, charlando. Drooker se convirtió en un dibujante de culto, autor de algunas de las portadas más impactantes de la revista The New Yorker y poco a poco se puso a trabajar en Aullido, convirtiendo en imágenes en color los versos de Ginsberg. Sin embargo, no fue hasta 2010 cuando el experimento acabó en las librerías norteamericanas coincidiendo con el estreno de la película basada en el poema, de cuya animación también se encargó Drooker. Desde hace unos días, el libro, editado por Sexto Piso, está a la venta en España con la traducción de Rodrigo Olavarría.

'Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas, arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo'. Así comienza este poema escrito en 1956. A partir de ahí, el escritor introduce al lector en un viaje hacia los inframundos de la ciudad. Hacia la soledad y la devastación. La ira y el dolor del ser humano en un lugar habitado por rascacielos que se transforman en demonios y donde la única salida parecen ser las drogas alucinógenas y el sexo desenfrenado.

A través de sus dibujos, cubiertos por una especie de pátina atmosférica, Drooker consigue plasmar el sentido de los versos de Ginsberg. 'Lo que más le gustaba al escritor del trabajo de Drooker es que, a pesar de pertenecer a una generación posterior, era capaz de ilustrar las secuencias tal y como él las había imaginado. A él le fascinaba la parte de Moloch, que muestra esa ciudad a punto de estallar', señala a Público Santiago Tobón, editor de Sexto Piso.

Otro hallazgo del artista fue convertir en dibujo al escri-tor. La primera imagen de este libro es un retrato del joven Ginsberg con sus gafas de pasta, su pitillo en la boca y sus dedos tecleando la máquina de escribir. Una copia de la fotografía que Ginsberg se dejó hacer mientras mecanografiaba el manuscrito de Aullido en 1955. Después, su rostro salpimenta los diferentes pasajes, lo que sirve para devolver al lector al momento real tras pasear por valles de esqueletos, metros habitados por seres monstruosos 'que se quemaron los brazos con cigarrillos protestando por la neblina narcótica del tabaco del capitalismo' y calles donde habitan solitarios 'que se levantaron en sótanos con resacas de despiadado Tokai', escribió Ginsberg.

La publicación de este largo poema narrativo en una pequeña editorial de San Francisco trajo al escritor innumerables problemas. Fue inme-diatamente prohibido por su lenguaje lleno de crudeza, poco apto para los felices norteamericanos. Finalmente, el juez Clayton W. Horn anuló la prohibición, ya que vio en el libro su capacidad redentora. Ginsberg muestra la porquería del ser humano para acabar confiando en la fuerza de la humanidad.

'El poema es una denuncia de la deshumanización de la sociedad. Y creo que en un contexto como en el que vivimos actualmente con los movimientos sociales, tiene bastante que ver con lo que pensaba Ginsberg', afirma Tobón. El poeta quería crear un bomba social que perdurara en el tiempo. Lo consiguió: Aullido tiene más de 50 años y ya se ha convertido en película y en libro ilustrado. El final, ese canto a la solidaridad, no puede ser más actual: 'Santa la sobrenatural extra brillante inteligente bondad del alma'.

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