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Chico, Rita y los boleros

Dibujos adultos. Javier Mariscal y Fernando Trueba se unieron para hacer madurar el cine de animación español con una historia de amor con banda sonora entre La Habana, Nueva York y Las Vegas

LÍDIA PENELO

Javier Mariscal y Fernando Trueba querían construir una historia de amor como las que cantan los boleros. La idea germinó hace más de seis años, cuando Mariscal, para acompañar un vídeo de Compay Segundo, dibujó a la Negra Tomasa bailando en La Habana. Fue entonces cuando Fernando Trueba decidió hacer un largometraje con los dibujos de Mariscal.

El fruto de aquella idea sobre una historia de amor y música es Chico & Rita, el título de la película de animación que se estrena el 25 de febrero en España, con guión del escritor Ignacio Martínez de Pisón. "Hacer una película también era mi sueño porque estaba cansado de hacer cosas de animación pequeñitas para televisión. Además, ¡Fernando sabe cómo entretener a la gente 90 minutos en una sala oscura!", cuenta el diseñador, mientras revolotea por su estudio ubicado en una antigua fábrica de curtido de pieles del barrio de Poblenou, en Barcelona.

El creador del taburete Dúplex (un icono del mobiliario de los años ochenta) y padre de la mascota más rentable de la historia de los Juegos Olímpicos, se levanta de la silla para firmar una pintura que representa una reunión de perros sin interrumpir la entrevista. "Es para una protectora de animales de Andorra y lo tienen que venir a recoger ahora", aclara.

"Los personajes te hablan mientras los dibujas"

Mariscal vuelve a sentarse y con un rotulador entre los dedos con el que suele garabatear palabras cuenta que la historia tenía que ser como la letra de Bésame mucho. "Teníamos al pianista, que sería Chico, y luego surgió todo lo demás. Planteé que el otro integrante de la pareja podía ser un saxofonista que se enamora de Chico. Fernando se negó: "Mariconadas, no", dijo. Consideraba que teníamos que hacer algo tradicional, ya que la acción arrancaba en 1948".

De todo el proyecto, dibujar a Rita fue lo que más turbó a este artista que empezó a trabajar en los años setenta en la órbita del cómic underground. "Los personajes te hablan mientras los dibujas y ella al principio no se sentía cómoda. Empecé a hacerla a través de fotos del Playboy e imágenes por el estilo. Me interesaba dibujarla desnuda para conocer su cuerpo, nunca había dibujado un negro y su constitución distinta", argumenta Mariscal, que se vuelve a levantar de la silla para contornear las caderas y jugar con el culo. "Los imito muy mal, pero los cubanos se mueven así".

Una vez le puso cara a Rita, descubrió que lo que más le gustaba de ella era su carácter: "Con su presencia llena muy bien el espacio. Proyecta siempre un espíritu de alegría de vivir, es muy elegante y muy bella, pero no en plan exuberante de grandes curvas y de grandes tetas, ¡vamos, que no es espectacular en plan chica Berlusconi!".

Inquieto y de sangre caliente, este valenciano de 61 años cuenta que mientras Fernando Trueba escribía el guión, con la colaboración de Martínez de Pisón, él se sumergía en el ambiente de los años cincuenta a través de fotos, libros y documentales.

"Es una película dibujada, no una película de dibujos animados"

Un poco más tarde se preocupó del diseño y buscó "la solución gráfica de la historia". Asegura que tardó poco en escoger un estilo realista. "Es una película dibujada, no una película de dibujos animados. Yo insistía en que teníamos que pensar en Penélope Cruz y Javier Bardem para inspirarnos", resuelve.

En su mesa de trabajo todavía hay una montaña de libros de fotografías de Nueva York y La Habana, como el de Robert Polidori, uno de los volúmenes que le han resultado más útiles para dar con los verdes, los vainillas, los marfiles y el azul petróleo con los que ha pintado La Habana. La tarea de documentación para mimar todos los detalles ha sido ingente y los modelos de Christian Dior, los patrones para los vestidos de Rita. "Ella tiene una voz de las que hay que escuchar con los ojos cerrados", según comenta en una viñeta Ron, su representante, que la lleva a Nueva York, la convierte en una estrella de Broadway y la hace coquetear con Hollywood.

Trabajar con música no es algo ajeno a Mariscal. "Siempre he trabajado con dibujo y música. Y durante la posproducción, las ilustraciones siguen el ritmo de la canción. Si el compás es tacatá-tuc-tuc-pa, pues los dibujos se montan a ese ritmo", subraya. Aunque se considera terrible para recordar los nombres de los cantantes y de las canciones, los primeros recuerdos musicales que conserva son precisamente de los boleros de Machín.

"La música está en el ADN de esta historia, no se trata de un añadido. La estructura es de musical y muchos de los temas que se escuchan se tocan en directo, aunque la película también tiene banda sonora propia", detalla. El autor de la banda sonora es el pianista Bebo Valdés, que a sus 92 años también interpreta las composiciones de Chico. Chico & Rita es, en efecto, un homenaje a la trayectoria de este pianista.

"Suena un poco cursi pero hemos intentado tocar el cielo"

Situar la acción de la historia a finales de los años cuarenta ha permitido a Trueba y a Mariscal contar la efervescencia que vivió la música latina y su fusión con el jazz. En Chico & Rita aparece el percusionista Chano Pozo que, además de realizar giras mundiales con Dizzie Gillespie, ayudó a conectar a muchos músicos cubanos con otros como Charlie Parker, Sonny Rollins, o Thelonius Monk. Todos están presentes en este Nueva York gris pero burbujeante que ha dibujado Mariscal. "Durante unos años, el jazz latino unió a La Habana y Nueva York. Pero no hay que olvidar que La Habana es como la Malvarrosa pero a lo bestia: es la punta del iceberg de lo latino, es su caricatura, lo más exuberante y lo más bello", afirma el dibujante, que en cada viñeta transmite la pasión que viven los protagonistas.

La idea de trasladar la historia a un libro llegó después de terminar la película y Mariscal tuvo que sintetizar en 210 páginas todo el "canto a la cultura cubana, a Nueva York y a la música" que representa Chico & Rita.

"Queríamos mostrar el máximo de belleza. Suena un poco cursi pero hemos intentado tocar el cielo. Hemos tratado de transmitir lo más parecido a cuando eres pequeño y tu papá te cuenta un cuento, y es de noche, y las luces están apagadas", revela. "Queríamos devolver al cine ese espacio de ensoñación que proponían los surrealistas", remata.

Además de recomendar la banda sonora para leer la novela, Javier Mariscal insiste en recordar que cuando Chico descubre a Rita en la sala de fiestas El Faraón de La Habana, ella canta Bésame mucho. Un bolero que hila toda la historia y que él ha dibujado con la intensidad de "la última vez".