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"El cine en alemán ha encontrado su sitio"

‘Los falsificadores', de Ruzowitzky, se estrena este viernes con un Oscar bajo el brazo

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El dinero no da la felicidad, pero aún así nos gusta tenerlo. Los nazis serían inhumanos, pero en eso se parecían a los demás. Por eso se pusieron a falsificar libras y dólares en la llamada Operación Bernhard, por cuyo retrato fílmico -titulado Los falsificadores- Stefan Ruzowitzky se ha llevado una estatuilla del tío Oscar a casa. ¿De cuántos quilates será?

'Los falsificadores -que se estrena este viernes en España- nunca ganaría en Cannes y 4 meses, tres semanas y 2 días nunca lo haría en el Teatro Kodak. Las películas premiadas en los Oscars no son necesariamente las mejores del año'. Con este pragmatismo despacha Stefan Ruzowitzky (Viena, 1961) la polémica que ha rodeado este año al Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa. Los críticos de medio planeta se escandalizaron cuando la película rumana se quedó fuera de la selección. Al final, el premio fue para Ruzowitzky, y él, tan contento: 'Es un sueño de niño hecho realidad'.

Los falsificadores retrata la historia 'basada en hechos reales' de la mayor operación de falsificación de la historia, con nombre en clave Bernhard y mediante la cual un grupo de presos judíos se vieron obligados a fabricar libras esterlinas y dólares que aliviaran la maltrecha economía nazi.

'Lo atractivo es que era un colectivo de lo más heterodoxo. Había artesanos, banqueros, maleantes...', explica Ruzowitzky. Uno de la banda, el ya nonagenario Adolf Burger, autor de la novela en la que está basada la película, acudió con el director a la ceremonia. 'Estaba contentísimo. Es una gran oportunidad para que todo el mundo conociera su historia'. De hecho, sólo él y otro compañero aparecen con sus nombres reales en el filme, al ser los únicos que están vivos y han dado su consentimiento. 'No queríamos problemas legales con los hijos de los difuntos', dice el director austriaco.

Lo alemán está de moda

Ruzowitzky no es un don nadie. Ya su segunda película, Los herederos (1998), ganó la Espiga de Plata en la poco sospechosa Seminci vallisoletana, y con Anatomía (2000) reventó la taquilla germana y encumbró a la categoría de súper estrella a su protagonista, Franka Potente. 'Ah, los alemanes -dice entre risas-. Ser director de cine en Austria es más fácil. ¡Nadie te pide cuentas por el dinero que gana o deja de ganar tu trabajo! Si así fuera, mi colega y compatriota Michael Haneke no habría hecho más de tres filmes en toda su vida'.

Curiosamente, en Anatomía también asomaba la patita del gran lobo que es el nazismo. 'Puede que se tratara de una película de terror comercial, pero necesitaba reflejar que la ideología fascista sigue presente en Alemania y Austria hoy en día. Hay una parte de mi generación, como la de nuestros abuelos, que está enferma'. El cine germano, por su parte, parece gozar de una salud de hierro. Los falsificadores repite Oscar tras el conseguido el año pasado por La vida de los otros.

'Parece que tras años de arte y ensayo por fin hemos encontrado nuestro sitio con más diversión y entretenimiento. Aunque a algunos no les guste, todos deberíamos alegrarnos de estos triunfos'. Queda por contestar la pregunta esencial: ¿Es el oro del Oscar a Los falsificadores de muchos quilates o chocolate del loro? Pues la película está bien, es agradable de ver, aunque un poco simplona y previsible. Y sí, uno sigue sin explicarse cómo ha podido llevarse la estatuilla. Pero claro, que le pregunten a Ruzowitzky por nuestra Volver a empezar, a ver qué dice.