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Cine de bolsillo

La cámara en los terminales refresca la mirada del entorno cotidiano, porque cualquier momento es bueno para que los directores y usuarios desenfunden y empiecen el rodaje

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Hace tiempo que el móvil hace más que ring. Lean a María Cañas en el blog de La mano que mira: 'Con el N95 no consigo calidades o texturas de cine. Si lo que estamos grabando lo vamos a ver en pantalla grande, creo que lo mío va a ser un gran píxel fantasma extraño y amorfo. ¿Y lo vuestro?'. Workroomfilms le contesta: 'Sobre tus píxeles, sólo opino que en unos diez o veinte años se le echará de menos. Y se harán plugins en posproducción para simularlos, como ahora se hace para simular rayaduras y demás imperfecciones de añejos nitratos'. 

Este diálogo es más elocuente que todos los chorros de tinta para explicar esa extraña e incipiente escena del cine a través del móvil. Hay dudas en esa escena, pero también ganas de probar, de llevar la mirada más lejos. El asunto ya recibe hasta un nombre propio: la cuarta pantalla.

Pura democracia
María Cañas, artista audiovisual sevillana -que, por otro lado, acaba de inaugurar la videoinstalación Kiss the murder en el certamen de arte Caja Sol de Sevilla- es una de los siete 'selenitas vaticanos' (léase directores españoles, digamos, raros) a los que el festival Internacional de Cine Documental Punto de Vista -que se celebrará desde el 15 al 23 de febrero en Pamplona- ha enviado un móvil N 95 (el de mayor resolución del mercado con 5 megapíxeles), para que graben una pieza de entre 5 y 10 minutos con la única pista del 'diario de viaje'.

'Queremos sensibilizar respecto a los nuevos medios de expresión, pero no sólo nos interesa esa democratización de que todo el mundo pueda hacer sus piezas de cine, sino el camino, el proceso de creación', dice Juan Zapater, coordinador de la iniciativa enmarcada en la sección Heterodocsias del festival. Por eso lo del blog como espacio de diálogo.

El cine de todos
El gesto precedió a la asimilación. Después de que el uso de la cámara de los móviles se generalizara en conciertos, bodas, bautizos y reuniones varias -gracias a que los costes del aparato descendían-, empieza a hablarse de un fenómeno que ha comenzado a filtrarse al terreno de lo cinematográfico. El móvil es esa nueva herramienta digital que valida una nueva manera de mirar la realidad: fresca, tan cercana como tu bolsillo.

En realidad, nada es tan nuevo. Lo que hoy se vive podría recordar a la entrada al salón de casa de las cámaras Súper 8 en los 60 y sus sucedáneas posteriores. La democratización fue similar, si bien hoy el pequeño formato del aparato y la omnipresencia en nuestras vidas del mismo, haga que filmar sea un acto cotidiano. Para muchos esta es la mayor ventaja: 'Aprendes a mirar tu entorno de manera diferente, porque sabes que en cualquier momento puedes sacar el móvil y grabarlo', reflexiona Andrés Duque, documentalista que participa en el proyecto La mano que mira.

Experimentos y festivales
En los últimos dos años hemos visto nacer festivales de cortometrajes hechos con el móvil dentro y fuera de España -el Festival Pocket Film en Francia o el Movil Film Fest en España, entre muchos otros.

La celebración de lo pequeño y portable nos lleva más allá de la anécdota. El fenómeno empieza a dar que pensar sobre una nueva forma de creación audiovisual que, aunque aún cautiva de la baja calidad, da cada día nuevos frutos que trascienden los límites de la creación amateur.

Muchos no han esperado a que, como se ha anunciado, salga en 2009 un nuevo modelo de móvil con una cámara de alta definición integrada. De ejemplos nos sirven alguno patrio, como el making of de REC, de Balagueró y Plaza, que fue grabado con la cámara de varios teléfonos, o la pieza que el chileno Matías Bize grabó el año pasado para el Notodofilmfest. Por otro lado, están los ejemplos de los primeros largometrajes que han sido realizados con el soporte. Hablamos de la sudáfricana SMS Sugar Man, primera película rodada con 8 terminales (ya que los protagonistas se filman los unos a los otros con sus móviles) o la italiana Nuovi comizi d'amore.

Cuestión de punto de vista
Con tantos nuevos festivales y cachorros, ¿dónde reside la originalidad de La mano que mira? Primero, que se lo han propuesto a siete 'locos'. Segundo, que no sólo se fija en el producto final (el corto), sino que pone el ojo (aparte de en la mano) en el proceso. Y en los elegidos (sí, con su punto de élite): siete cineastas acostumbrados a merodear por los límites del cine.

Hay quien ya va con trípode especial para darle estabilidad a la imagen de por sí distorsionada -como Víctor Iriarte. Otros se han dedicado a grabar a diestro y siniestro en un impulso apasionado de registro de la realidad -María Cañas. También los hay indecisos. Y todos tienen dudas sobre ese viaje (y su diario) que luce pobre, borroso y cotidiano.