El ascensor social de 'Operación Triunfo' está roto... ¿o nunca existió?
El talento ya no es suficiente para triunfar en el concurso que emite ahora Amazon Prime. Los aspirantes necesitan formación, carisma y normatividad para adaptarse a la era del contenido conservador en redes.

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Hace dos semanas empezó la nueva edición de Operación Triunfo, el concurso de televisión en el que 16 jóvenes aspiran a hacerse un hueco en la industria musical. OT siempre ha captado la atención de los jóvenes de cada generación al mostrar en su inicio perfiles como los de Bustamante, Chenoa o Rosa, para quienes el programa sirvió como un trampolín, un ascensor social que les convirtió no solo en estrellas de la música sino también en fenómenos mediáticos.
Pero la idea de que los concursantes solo triunfan por su talento se ha difuminado desde la edición de 2017, cuando empezaron a llegar aspirantes como Amaia o Flavio en 2020, que contaban con una amplia formación musical. Una condición que se ha acentuado entre los concursantes de la nueva edición. Este año, los concursantes han llamado la atención de los espectadores por ser muy distintos de David Bustamante, que dejó su trabajo de albañil para entrar al programa.
"Claramente OT ha perdido por completo su objetivo original, que era darle la oportunidad a chavales súper corrientes de recibir clases de canto que no pueden permitirse. Ya no existe un David Bustamante que venía de la obra", comentaba un usuario en X mientras se emitía la primera gala del programa.
Los triunfitos en 2025, de hecho, han asegurado tener una amplia formación musical. "Empecé a estudiar artes escénicas en Madrid y me fui directamente a Londres para estudiar teatro musical", decía Olivia a modo de presentación en la primera gala de esta edición.
El caso de Olivia no es una anécdota. El sociólogo César Mollá afirma que "una de las consecuencias no intencionadas del formato es que ya no puede buscar diamantes en bruto como al principio, porque las generaciones actuales están cada vez más preparadas en todos los ámbitos”. Los datos publicados por el Ministerio de Juventud e Infancia en 2025 muestran esa tendencia.
Casting para quien pueda permitirse una formación
“Operación Triunfo es un concurso que requiere de dotes musicales para las que se necesita un capital social y económico”, apunta en conversación con Público la profesora de Sociología y Opinión Pública de la Universidad Complutense Elisa Brey.
En efecto, el grado de formación de los concursantes que llegan al concurso está directamente relacionada con la economía de los hogares en los que los jóvenes han crecido. Los datos publicados por el INE en 2024 sobre el nivel de formación en base a la situación económica en la adolescencia concluyen que solo un 23,3% de los adultos que vivieron en hogares con una situación económica mala o muy mala cuando eran adolescentes llegan a tener una educación superior, en comparación con más del 50% de los adultos que vivían en una situación buena o muy buena y alcanzó ese nivel.
Por lo que, tal y como se pregunta Elisa Brey, ¿hasta qué punto este programa no es un reflejo de la juventud española sino de los recursos que se necesitan para triunfar?
Los datos en este sentido son claros. La Encuesta de Condiciones de Vida de 2024 del INE también muestra que solo el 9,2% de los adultos que vivían en hogares con una situación económica mala o muy mala cuando eran adolescentes llegaron a obtener ingresos altos en 2023. De esta forma, solo un 9,2% podría haber ascendido a una situación buena o muy buena que habría permitido pagar la formación necesaria para pasar el casting del programa.
En esta línea, tal y como explica Mollá, "lo que marca la diferencia es la trayectoria de clase y las condiciones que han tenido para llegar mejor preparados al casting". Esta diferencia, apunta el sociólogo, provoca que se elijan perfiles más normativos, que son los que se podrían permitir la formación.
Perfiles normativos y aspiracionales
La amplia formación musical de los concursantes, de hecho, no ha sido lo único que ha llamado la atención, también lo ha hecho el exceso de normatividad. A excepción de Téyou, nacida en EEUU de ascendencia africana, los triunfitos no salen de los cánones normativos. Ellas recuerdan a las influencers lifestyle que acaparan las redes sociales, y los chicos, aunque algunos pertenecientes al colectivo LGTBIQ+, tampoco escapan de los roles y una estética heteronormativa.
En las ediciones a cargo de RTVE era habitual que se encontrase diversidad en todos los aspectos: personas del colectivo LGBTIQ+, racializadas y una mayoría de concursantes que rompían con los roles de género y cánones de belleza establecidos. El perfil heteronormativo, sin embargo, estaba siempre presente, ejemplo de ello son Cepeda en 2017, Carlos Right en 2018 o Jesús en 2020.
Pero a pesar de la diferencia entre ediciones, el periodista y creador de contenido David Andújar asegura a Público que los perfiles de esta edición no deberían ser motivo de crítica. "Poner tanto el foco en OT por esto es un poco injusto, porque en su historia han habido muchos perfiles no normativos. Es verdad que no hay un perfil como Rosa (de OT1), pero casi todos [los concursantes] son homosexuales", argumenta el creador de contenido, que considera que hacer este casting es "muy complicado" y se tiene en cuenta estas cuestiones.
Elisa Brey, sin embargo, explica que "el programa contribuye, a través de la presentación de personas normativas en cuanto peso, raza y grupo socioeconómico, a reproducir el conservadurismo que está en el ambiente". Y asegura que se eligen este tipo de perfiles porque ayudan a conseguir más audiencia. "Estos programas necesitan reproducir los estereotipos que vemos en redes para captar la atención de los espectadores", afirma la socióloga.
Para David Andújar, sin embargo, se trata de una cuestión matizable. "Los jóvenes de ahora son más conservadores. En un casting de gente entre estas edades, obviamente va a entrar gente que parezca más conservadora", afirma. Y ciertamente la juventud es más conservadora. Prueba de ello son el barómetro del CIS de septiembre y el informe Juventud en España 2024 que muestra la derechización de las nuevas generaciones, especialmente entre los hombres.
Pero la selección de perfiles que son, o aparentan ser, más conservadores es una tendencia que se ha inspirado en las redes, donde los perfiles aspiracionales acumulan millones de seguidores. "Estos programas son mainstream y siguen la tendencia que vemos en redes sociales, donde hay influencers como María Pombo que llevan estilos de vida de clase alta a la que los jóvenes aspiran", afirma Brey, quien asegura que los perfiles aspiracionales que representan los concursantes reproducen una ideología claramente conservadora. Para la socióloga, además, estos modelos acaban invisibilizando la vulnerabilidad porque se "promueve un tipo de vida propio de las clases sociales más altas".
Un ascensor estropeado más allá de 'OT'
Los sociólogos consultados coinciden, en este sentido, en que Operación Triunfo excluye e invisibiliza a las personas más vulnerables de la sociedad porque la formación de los concursantes es cada vez más decisiva y, con ello, también el poder adquisitivo. De esta forma, es difícil que Operación Triunfo sea un ascensor social como el que se entendió en 2001. De hecho, la socióloga de la Complutense duda de que el programa pudiera entenderse así en algún momento. "¿Hasta qué punto se puede considerar que un programa del que, entre 16, solo sale uno con una carrera garantizada es un ascensor social?", se pregunta Elisa Brey.
Aunque el ascensor social tal y como se conocía ya desapareció hace tiempo fuera del plató de OT. En 2018, 13 años después de la primera edición, la OCDE ya advertía de su avería generalizada. "Existe una falta de movilidad en la base y en la cima de la escala social, con 'pisos rígidos' que impiden la movilidad ascendente para muchos y 'techos rígidos' asociados con el acaparamiento de oportunidades en la cima", afirmaba el organismo en un informe llamado ¿Un ascensor social roto? Cómo promover la movilidad social.
La falta de movilidad a la que se refería la OCDE coincide, además, con una sociedad cambiante de la que el concurso es inevitablemente un reflejo. Los jóvenes están cada vez más formados, son más conservadores y las redes sociales alimentan aquellas tendencias aspiracionales que influyen en sus gustos y decisiones. Unas tendencias que tienden a invisibilizar la vulnerabilidad e impedirían que pueda entrar al programa aquel albañil que se convirtió en artista en 2001.
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