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"El Circo del Sol es el McDonald's del circo contemporáneo"

El francés Johann Le Guillerm estrena en el Matadero de Madrid Secret , una nueva propuesta de circo de vanguardia

PAULA CORROTO


La compañía Cirque Ici ha elevado su pequeña carpa en uno de los solares del Matadero de Madrid. Pero por allí no se ven ni elefantes ni leones. Tampoco acróbatas agarrados a arneses ni contorsionistas. Es una carpa recoleta. Casi cabaretera, con baldas para los asientos en círculo. Como si se tratara de un pequeño anfiteatro romano.

El jefe, el francés Johann Le Guillerm, con rastas y vaqueros raídos, observa cómo se colocan los últimos objetos en el techo de la carpa. Lo quiere todo listo para este sábado cuando se estrene dentro del festival Escena Contemporánea su última creación, Secret (Secreto), que estará en Madrid hasta el 10 de febrero.

Y, como el propio nombre del montaje, Joharn Le Guillerm no suelta prenda sobre el argumento de esta obra. Sólo atina a decir que se trata de "un espectáculo de circo que se sale de los márgenes de lo tradicional". A partir de ahí, la imaginación. Aunque si se mira su biografía se pueden cazar algunas pistas: Le Guillerm fue el primero de la primera promoción de la Escuela Nacional de Circo de Châlons-en-Champagne en 1989 y en 1996 consiguió el Premio Nacional de Circo de su país.

La crítica, además, le ha bautizado como El alquimista y El domador de objetos. Es un tipo con talento. Un hombre que se considera un artista autodidacta, que llegó al circo "porque lo llevaba dentro", pero que ha sabido revolucionar su concepto.

Incluso ese que hoy se define como circo contemporáneo: la espectacularidad de compañías como la canadiense El Circo del Sol. "Eso es el McDonald's del circo y yo no propongo comer hamburguesas", admite. Él prefiere ceñirse a las posibilidades de la imaginación y la reflexión. Que el espectador piense un poco y no se lo den todo hecho. "Para mí es importante el espacio. Yo no puedo esconder nada porque tengo al público alrededor. Y lo interesante es que cada uno tiene un punto de vista diferente".

Los objetos también son pieza clave en sus espectáculos. Para él suponen "una extensión del cuerpo y de la mente. Son una materialización de la mente". Con ellos procura crear abstracciones, que cada espectador interprete. El fin último es "provocar el caos mental mezclando diferentes cosas que no tienen nada que ver y que descolocan al espectador", sostiene. No hay límites en su circo. "El único límite sería la muerte, las capacidades del ser humano".

Le Guillerm admite que Francia es un país bastante innovador en la disciplina circense. En el parque de La Villette, al norte de París, se representan cada año los espectáculos de fin de carrera de la Escuela Nacional de Circo, lo que ha permitido conocer multitud de propuestas en los últimos veinte años. En España no hay nada parecido a una escuela estatal de circo. "Y el nivel de la enseñanza es importante para poder avanzar y llegar a cosas nuevas", sostiene el artista.

¿Y qué piensa un innovador como él del viejo circo de tigres y leones? "A mí no me gusta la explotación animal, pero respeto a este gremio. Está culturalmente aceptado y no lo puedo cambiar", contesta. Por eso propone dar un nuevo giro: "Utilicemos gatos en vez de caballos. ¿No resultaría más interesante ver cómo dos gatos alzan sus patas?". Es una propuesta.

Francia siempre ha sido un país circense. De él han salido otras figuras revolucionarias de la actuación como Marcel Marceau o Jacques Lecoq. Y siempre ha tenido una buena ayuda pública. Hasta ahora. "Lo que se da al circo no supone ni el 5% de lo que se da a otras disciplinas como el teatro. Y un circo mueve a mucha gente", señala Isabel, representante de Johann Le Guillerm. Por eso, ella tiene claro cómo definir al actual presidente de Francia, Nicolás Sarkozy: "Ha vuelto Luis XIV".