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Entrevista con La Bien Querida "No hay conservante ni antiséptico que mantenga el corazón joven como el amor"

La cantante Ana Fernández-Villaverde (conocida como La Bien Querida) presenta 'Brujería', un ejercicio de ocultismo-pop en el que invoca al amor y sus derivadas. "Fui escribiendo canciones como si lanzara hechizos al universo", confiesa la bilbaína.

La Bien Querida, en plena liturgia.-ALFREDO ARIAS

La Bien Querida regresa con un hechizo. O mejor; con diez pequeños hechizos, tantos como cortes tiene su último trabajo, Brujería (Elefant Records). Un disco en el que la cantante abraza una suerte de esoterismo pop y lo hace invocando –cómo no– al amor y sus derivadas (desamor, deseo, miedo, incomprensión...). "No hay conservante ni antiséptico que mantenga el corazón tan joven como el amor", apunta la autora al otro lado del teléfono. 

Fue el escritor y guionista de cómics Alan Moore y sus Ángeles Fósiles (La Felguera) el estímulo que necesitó la bilbaína para empezar a pergeñar su brujería actual. Un maravilloso manifiesto en defensa del arte y la magia que le tocó por dentro y le hizo querer tirar del hilo: "Entendí que la magia es arte, que escribir es un acto mágico de invocación y me puse a trabajar en esta idea".

Pero que no cunda el pánico, La Bien Querida no se ha subido a la parra. Lo que algunos llaman "álbum conceptual", ella prefiere rebajarlo a "simple juego". Un desvío que le aleja de la repetición –este es su sexto trabajo discográfico– y le permite mantener bajo control su enésimo volantazo: "Fui escribiendo canciones como si estuviera creando hechizos que lanzaba al universo, el disco fue tomando forma y creciendo con cada nuevo hechizo". No teman; "son –aclara la bilbaína– hechizos de magia blanca, si fueran de magia negra tendría que pagar un alto precio" [ríe].

Y así, jugando, Ana Fernández-Villaverde (también conocida como La Bien Querida) fue completando su embrujo particular. Un ejercicio de ocultismo que, a tenor de la expectación suscitada con el primero de los conjuros, parece que funciona. No en vano están agotadas todas las entradas para su puesta de largo en la Joy Eslava el próximo 16 de noviembre. "Estoy sorprendida y algo nerviosa", confiesa.

"Fui escribiendo canciones como si estuviera creando hechizos que lanzaba al universo"

No es para menos. El primer single –¿Qué?– cantado a pachas con Diego Ibáñez –letrista y responsable de espasmos y contorsiones en Carolina Durante– parece haber movilizado al personal. Con ecos de New Order y The Cure, es quizá la tonada más pegadiza del álbum, un canto a la confusión habitual en los primeros estadios amorosos. "Es la canción más fresca del disco, habla de cuando un amor se está construyendo y eres incapaz de distinguir entre lo verdadero y lo falso".

Tras una primera mitad en la que el candor romántico y el deseo copan el disco, llega la inevitable resaca, el Miedo a que la relación no esté equilibrada y las ineludibles Nubes Negras que auguran la tormenta. Tiempo para la melancolía de vivencias pasadas en Domingo Escarlata, canción en la que la voz de Ana se une a la de J (Planetas), que junto a David Rodríguez (La Estrella de David), pone la veteranía del disco.

"He buscado el equilibrio; tanto J como David son músicos inquietos con los que me entiendo muy bien, pero por otra parte necesitaba un poco de savia nueva". Y de eso, al parecer, va sobrado Carlos René (Axolotes Mexicanos), cuyo universo sónico remite, en ocasiones, a la electrónica solemne y difusa de Beach House y, en otras, al ambient pop que facturan Cigarettes After Sex. Todo ello aderezado de resonancias más clásicas como Kraftwerk o Depeche Mode.

"Fue David [Rodríguez] quien me dijo que escuchara lo que hacía Carlos [René], y lo cierto es que en un primer momento lo que escuché de él me resultó demasiado pop, pero luego, cuando empezamos a trabajar, supo ceñirse a mis gustos y hemos conseguido ese sonido esotérico que buscaba".

Pero la aventura ocultista de La Bien Querida no se limita al sonido. La bilbaína viene con un artefacto bajo el brazo diseñado por Mario Rivière, ubicuo ilustrador especializado en risas siniestras, asesinos en serie, muecas sombrías y, ahora también, en conjuros. De hecho, el libreto de Brujería bien podría pasar por un manual de nigromancia con su altar disponible y su simbología presta a la invocación.

"Son hechizos muy simples –reitera la cantante–, es tan sencillo como creer en algo, está todo en la cabeza, por eso hay que tener tanto cuidado con lo que se desea, porque se cumple, tenemos más poder del que pensamos, creo que hemos de creer más en nosotros mismos". Sobra decir que La Bien Querida desea muy fuerte, así que tengan cuidado con su Brujería

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