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Esther Williams, la sirena de Hollywood, fallece a los 91 años

La campeona de natación sincronizada se convirtió en una estrella del cine

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Esther Williams, la campeona de natación que se convirtió en estrella de Hollywood, ha fallecido hoy a los 91 años mientras dormía. La protagonista de clásicos como Ziegfeld Follies (1945), La hija de Neptuno (1949) o Take Me Out to the Ball Game (1949), estaba confinada a una silla de ruedas desde hacía años por una caída, pero se mantenía activa y disfrutando de baños en su piscina de agua calentada con energía solar, explicó en su día su cuarto marido, Edward Bell.

'Nadar es el único deporte que puedes practicar desde tu primer baño hasta el último. Y sin lesiones', afirmaba la mítica actriz hace un par de años. Bell contaba entonces que su esposa disfrutaba de la vida con sus más allegados, viendo películas de su época y partidos de tenis.

Williams fue seleccionada a los 16 años para competir en los Juegos Olímpicos de 1940, aunque finalmente éstos fueron cancelados debido al comienzo de la II Guerra Mundial. Para entonces ya había batido varios récords nacionales y regionales de natación como parte del Los Angeles Athletic Club. De ahí se incorporó al espectáculo Billy Rose Aquacade, en compañía de otra gran figura de aquel deporte: Johnny Weismuller.

Su desparpajo llamó la atención de los grandes ejecutivos de Hollywood y en especial del estudio Metro-Goldwin-Mayer, quien comenzó a tentar a Williams con la posibilidad de adaptar ese show a la gran pantalla. En una época en la que Gene Kelly bailaba y Judy Garland cantaba, Hollywood buscaba una nueva estrella capaz de conjugar esas cualidades desde una óptica diferente. Williams finalmente aceptó y con ella, su sonrisa, sus movimientos y su atractivo, llegó el llamado ballet acuático cinematográfico, donde se mezclaban las actuaciones con coreografías de natación sincronizada. Títulos como Escuela de sirenas (1944), La primera sirena (1952) o Dangerous When Wet (1953), la convirtieron en un imán para el público.

Durante la década de los 40 muchos de sus trabajos se contaron por éxitos en taquilla, pero aún así decidió poner fin a su carrera cuando todavía disfrutaba de la fama, especialmente tras la gran popularidad de unos programas de televisión. 'Me marché con la cabeza alta', dijo Williams en 1989, quien explicó que su renuncia tuvo que ver con el cierre de los grandes estudios, momento en el que la producción cinematográfica pasó a manos de inversores de Nueva York. Con ellos, adujo, la creatividad cedió paso a la rentabilidad.

'Hollywood me trató muy bien. Era una niña mimada, pero la fórmula de mi éxito era el agua y no podía ser otra, de manera que nunca llegué a interpretar un papel dramático con éxito', reconoció. Reconvertida en empresaria, se dispuso a vender piscinas y a prestar su nombre a una línea de bañadores para mujeres, de estilo retro, fundada en 1988. También participó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles (1984) como comentarista. De hecho, Williams fue uno de los principales valedores para conseguir que la natación sincronizada fuese incluida oficialmente como deporte olímpico ese año.

Con Bell contrajo matrimonio en 1994. Anteriormente estuvo casada con Leonard Kovner, el cantante y actor Ben Gage, y el actor y director argentino Fernando Lamas. Williams es la madrastra de Lorenzo Lamas.

¿Pero cuáles fueron los mejores recuerdos de los días como actriz de Williams? 'Lee mi libro', solía responder, según confesó su marido en 2011. 'Parece que está satisfecha con todo lo que escribió y no tiene remordimientos'. Williams, genio y figura.