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Estrenos Superpoderes, acción y diversión al ritmo de buena música en 'The Umbrella Academy'

Netflix estrena este viernes ‘The Umbrella Academy’, basada en los cómics de Gerard Way y Gabriel Bá. Cuenta la historia de una familia de superhéroes más que disfuncional con el apocalipsis como telón de fondo.

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Netflix estrena este viernes ‘The Umbrella Academy’. / NETFLIX

A medio camino entre un drama familiar con la oscuridad de Titans y una de gente con poderes muy bestia y gamberra estilo Kick-Ass (o puede que Preacher), The Umbrella Academy resulta una desenfrenada serie de superhéroes que no están muy por la labor de evitar el apocalipsis. Al menos, no todos. Bastante tienen con lo suyo. Puede que el mundo les hiciera un favor acabándose.

En octubre de 1989 acaeció un extraño fenómeno a nivel mundial. 43 mujeres dieron a luz sin que ninguna de ellas estuviese embarazada cuando se levantó esa mañana. Un hecho insólito que despertó la curiosidad de un multimillonario al que excéntrico es el adjetivo que mejor le define. Sir Reginald Hargreeve (Colm Feore) y su monóculo recorrieron entonces el mundo en busca de estos bebés con intención de coleccionarlos -previo pago a las familias-, estudiarlos y entrenarlos para que hiciesen algo de provecho con sus singulares habilidades. Consiguió siete, cinco chicos y dos chicas, y en lugar de nombres les otorgó un número por riguroso orden de llegada a la familia.

Con el paso del tiempo, solo una de ellas manifiesta ser como cualquier otro niño normal. El resto tiene algún poder que su padre adoptivo pretende usar para convertirles en una especie de Patrulla X con antifaz y uniforme colegial que va por ahí combatiendo a los villanos. Y así, en la llamada The Umbrella Academy, los niños se hicieron adolescentes y, menos uno, todos escaparon más pronto que tarde de una casa en la que su mecenas eran tan estricto y cruel que llegó a crear una madre robótica para criarles. Fue ella quien les puso un nombre de verdad. Entre ella y Pongo, el mayordomo simio, hicieron que su infancia fuese un poco más llevadera. Aunque eso no les salvó de una serie de traumas que arrastran hasta la edad adulta.

Con cada uno de los hermanos desperdigado -hay uno que incluso se fue a vivir a la Luna y otro que hizo un viaje en el tiempo del que nunca volvió-, la muerte/asesinato de Sir Hargreeve les reúne de nuevo. A ellos y sus rencillas, que son muchas. Una de las primera en captar la atención del espectador es Vanya. Primero, porque está interpretada por Ellen Page, que es el nombre de mayor relumbrón y más fácilmente ubicable de todo el reparto. Segundo, porque ella es quien no tiene poderes. Algo por lo que fue machacada y apartada por su padre de niña y que le sirvió para escribir un libro en el que se desquitó del todo el ninguneo al que le sometieron durante años. Sin embargo, aquella infancia en soledad la convirtió en una adulta tímida, con muy poca seguridad en sí misma y que ansía que alguien sea capaz de ver en ella algo especial.

Es la marginada de la familia, pero no la única hundida en un pozo profundo. Luther (Tom Hopper), el líder de los siete hermanos que ahora son seis porque uno, Ben, no llegó a la adolescencia, fue el único que no abandonó la casa, que no dejó atrás a su padre. Su lealtad le costó cara, como se descubre pasados unos capítulos. Diego (David Castañeda) es un proyecto frustrado de policía que va por ahí combatiendo el mal como si fuese Deadpool. Klaus (Robert Sheehan) se ha convertido en un drogadicto alocado que no se toma nada en serio porque su capacidad para hablar con los muertos es demasiado aterradora y asfixiante como para mantenerse limpio.

Allison (Emmy Raver-Lampman) se presenta como una madre sin la custodia de su hija porque sacó demasiado provecho a sus poderes para hacer más llevadera la maternidad. Y luego está Cinco (Aidan Gallagher), el niño sabelotodo e incontrolable que un día dio portazo desobedeciendo una orden directa de su padre y acabó perdido en el tiempo. Varias décadas después regresa con la misión de evitar el apocalipsis que está apunto de desencadenarse mientras dos sicarios temporales algo torpes con la pinta de Mary J. Blige y Cameron Britton (nominado al Emmy por ser Edmund Kemper en Mindhunter le pisan los talones.

Una banda sonora al servicio de la diversión 

Basada en los cómics escritos por Gerard Way e ilustrados por Gabriel Bá, The Umbrella Academy es una serie de superhéroes atípica por su tono, su estética y su desarrollo. Aunque, visto como está el panorama seriéfilo en cuanto a gente con superpoderes se refiere, decir que es ‘atípica’ no significa mucho en realidad. Lo importante, con lo que hay que quedarse de la producción de Steve Blackman, quien ejerce como showrunner, es que tiene ese toque de fascinación, violencia y diversión desenfrenada del que están impregnadas Legion y Altered Carbon, dos series que también llevan su sello aunque con suerte dispar en cuanto a las críticas y resultado final.

En el caso de The Umbrella Academy lo excesivo de algunas de sus escenas funciona y su estética marca una diferencia. El vestuario de cada personaje dice mucho de sus personalidades, por ejemplo. A simple vista se puede hacer un retrato bastante acertado de ellos. Las escenas de acción son auténticas coreografías al ritmo de una banda sonora que hace que todo quede mejor en pantalla. El tema central es una versión de Hazy Shade of Winter ideada por el propio creador del cómic, pero son muchos más los temas potentes que salpican los cinco capítulos facilitados por Netflix antes del estreno. En un momento dado suena un clásico como Don’t Stop Me Now. Y ya se sabe que todo es mejor con una canción de Queen de fondo.

Netflix estrena este viernes ‘The Umbrella Academy’. / NETFLIX

Otra de las cosas que hace bien la nueva serie de Netflix, además de la acción y la elección de la música y el vestuario, tiene que ver con la dinámica de los personajes y cómo se relacionan entre ellos. En sus historias hay drama, mucho drama. Y eso se cuenta sin dejarse arrastrar a lo deprimente y salpicándolo todo de mucho humor, sea este negro, absurdo o tan básico como un golpe o una caída tonta. Los hermanos rara vez actúan en conjunto en sus cinco primeros episodios, sino que se van agrupando o emparejando por afinidad o todo lo contrario. De esta manera se va ahondando en la relación entre ellos presente y pasada.

La sensación que permanece tras ver la mitad de la temporada antes de su estreno es que cualquier cosa puede pasar en The Umbrella Academy, por bestia o extraña que parezca y, aún así, encajará dentro del puzzle. Y mientras todo eso ocurre, con más o menos sentido, el personaje de Cinco, con la prepotencia y los conocimientos de quien está de vuelta de todo, va por ahí atrapado en el cuerpo de su yo preadolescente, cargado de mala leche e intentando evitar el fin del mundo. Algo que solo parece importarle a él en un principio. Pero solo no puede, así que tendrá que esforzarse por ir reclutando a sus hermanos para la causa.