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Fantasmas para la mejor ópera prima del año

'Abrir puertas y ventanas' ha dejado huella en la sección Horizontes Latinos de San Sebastián

S. B.

"¿Cómo representar la ausencia? Esa fue la pregunta de la que surgió la película", confiesa la directora argentina Milagros Mumenthaler. La respuesta vino sola: una casa vieja, una cámara que se mueve por ella como un espectro, tres hermanas adolescentes que viven entre la apatía y el vacío que ha dejado la muerte de la abuela. Abrir puertas y ventanas, la película que ganó hasta cinco premios en el pasado Festival de Locarno, incluida la mejor película y mejor actriz para Maria Canale, ha dejado huella en la sección Horizontes Latinos de San Sebastián.

La ópera prima de Milagros Mumenthaler puede verse como una película de fantasmas: el de la abuela y el de los padres, que aparecen en la forma de una cámara que se desliza por la casa identificando los miedos y las aspiraciones de las tres hermanas.

"También es una película de personajes", admite la directora. Tres chicas perdidas en la búsqueda de su identidad, y que son incapaces de vincularse entre ellas. Y por qué no, también un filme sobre las marcas que deja la ausencia en el mundo de lo físico: una casa que alberga los objetos que los que se van nos dejan, y que muchas veces nos encadenan.

La película, de ritmo aletargado como los veranos pegajosos de Buenos Aires, recuerda por momentos a aquel sofocante debut de Lucrecia Martel (La ciénaga), pero acaba ventilando e iluminando los miedos y los recuerdos del espectador. Y eso en Martel no pasaba.